Vivencias de un antiguo “Guerrillero”

Álvaro de la Peña Cuesta   

General de división. Antiguo teniente y capitán de la COE 61 de Burgos

He tenido la gran suerte de gozar de una larga y plena vida militar en la que he pasado por numerosos y variados destinos en los diferentes empleos que he disfrutado a lo largo de los más de 40 años de servicio. Todos ellos me han dejado huella y me han enriquecido personal y profesionalmente, pero, sin duda, mi paso por la Compañía de Operaciones Especiales nº 61 (COE 61) en Burgos, mi tierra natal, en los empleos de teniente y capitán, han marcado de forma indeleble toda mi trayectoria.

Sirva por tanto este incompleto recorrido, basado en lejanas, pero aún frescas vivencias de mi paso por la COE nº 61, como homenaje y reconocimiento a todos los que sirvieron en estas compañías de guerrilleros. Pequeñas unidades que, a mi juicio, fueron las precursoras de la modernización del Ejército de Tierra, al ser unas magníficas escuelas de formación de mandos y donde muchos españoles cumplieron su servicio militar con entrega, ilusión, sacrificio y amor a la Patria.

Superado el XXI Curso de Mando de Unidades de Operaciones Especiales, muy exigente y formativo, me incorporé como teniente a la COE nº 61 en octubre de 1977, precisamente durante una salida mensual de instrucción en la zona de Quincoces de Yuso en el norte de la provincia de Burgos. Allí como teniente novato, pero altamente ilusionado, recibí la primera lección de mi capitán, después vendrían muchas más, al presentarme a mi sección, compuesta de unos magníficos sargentos y unos motivados y entregados soldados voluntarios. Allí empezó mi andadura guerrillera en un ambiente de naturaleza agreste y austero, donde la mochila, la tienda aneto, el saco, el armamento y el rancho junto con la boina verde, eran inseparables y fieles compañeros.

En los meses siguientes se alternaron las salidas mensuales con las actividades diarias de guarnición e instrucción en la base y en el campo de maniobras de Castrillo del Val. Todo ello encaminado progresivamente a conseguir una sólida formación moral y militar para inculcar al guerrillero los valores militares que deben guiarle. Valores entre los que destacan la disciplina, la lealtad, el tesón, la resistencia, la iniciativa, el espíritu de sacrificio, el valor, el sentido de la responsabilidad, el ejemplo y el compañerismo.

A ese fin se llevaba a cabo una exigente preparación física y psicológica como base de una variada instrucción de combate, perfeccionada con actividades específicas de operaciones especiales (vida y movimiento en montaña nevada, infiltración y exfiltración por medios acuáticos, utilización de helicópteros, combate nocturno, supervivencia, escalada, explosivos, ejercicios de guerrillas y contraguerrillas, etc.). Complementada con un exhaustivo adiestramiento conjunto de la unidad orientado a la ejecución de las misiones encomendadas de guerrilla y contraguerrilla, operaciones de guerra subversiva y contrasubversiva. 

Todas estas actividades se plasmaban en un plan de instrucción anual que se desarrollaba en las instalaciones de la Base de Castrillo del Val y sus alrededores. Además, se completaba con las salidas mensuales de 10 días donde se intensificaban y practicaban todos los aspectos de la instrucción. Estas salidas eran, sin duda, una de las actividades que más distinguían a las COE del resto de unidades y se efectuaban en las zonas de la región militar que a juicio del capitán se consideraban más útiles para llevar a cabo las actividades de instrucción programadas. Además, cumplían la finalidad de conocer a fondo el territorio y establecer vínculos con la población local.

Así, al frente de mi sección, se sucedieron en los meses de noviembre y diciembre de 1977 las salidas de compañía para las prácticas de helicópteros en la base de Agoncillo (Logroño) y la denominada marcha de los 100 km en 4 días desde Burgos a Villarcayo, mi pueblo natal. En esta salida se realizaron variadas actividades de instrucción (marchas, tiro, prácticas de explosivos, combate en población) aprovechando la orografía y las muchas posibilidades de la comarca de Las Merindades en el norte de la provincia de Burgos.

En enero de 1978, tras el permiso navideño, comenzaron las actividades de preparación de la fase de nieve en la base, previas a la salida de 20 días para las prácticas de nieve en Pineda de la Sierra (Burgos). En ese periodo fui convocado para realizar el curso de buceador de combate de la Armada en Cartagena, donde me desplacé en comisión de servicio hasta junio.

Me reincorporé a mi unidad directamente a Jaca donde la unidad actuaba como contraguerrillas en el ejercicio anual del curso de Mando de OE. Este ejercicio era sin duda un gran reto para la unidad, pues se practicaban las misiones típicas de contraguerrilla (protección de objetivos, escolta de convoyes, contraemboscada, cercos, etc.) que ponían a prueba a la unidad oponiéndonos a los futuros diplomados.

Disfrutado el permiso en el mes de julio, en el que la unidad se cerraba, en los primeros días de agosto nos trasladamos a Noja (Cantabria) para realizar la salida de 20 días denominada fase de agua. Como especialista en buceo preparé el programa de prácticas que incluían natación de superficie con aletas, navegación a motor, boga en embarcaciones, prácticas de buceo autónomo para el equipo de especialistas, explosivos y demoliciones submarinas en las que se aplicaban las medidas de seguridad reglamentarias en aquel momento. En la playa de Noja, donde teníamos montado el campamento, era habitual confraternizar con los bañistas, quienes asumían con naturalidad nuestra presencia, mientras se realizaban las actividades acuáticas programadas.

En septiembre participamos como guerrilla en un ejercicio de guerrillas y contraguerrillas organizado por la BRIDOT VI en la zona de la Sierra de la Demanda (Burgos-Álava-La Rioja). En estos exigentes ejercicios de doble acción se puso a prueba la instrucción individual adquirida en los meses precedentes y el adiestramiento de patrullas y equipos operativos para operar aislados con un amplio margen de iniciativa de mandos y guerrilleros.

A lo largo de los meses de octubre y noviembre, se desarrolló la instrucción especifica intensiva de un nuevo llamamiento incorporado a la sección que culminaba con la denominaba prueba de la boina. En esta prueba los nuevos guerrilleros, tras superar unas pruebas de decisión (pasillo de fogueo, paso de obstáculos en altura, pista de aplicación) y de destreza (tiro, tablas de combate y orden cerrado), recibían la ansiada boina verde de manos de sus compañeros veteranos. Además, se compaginó con las salidas anuales de helicópteros en Base Aérea de Agoncillo (La Rioja) y combate nocturno en la zona de Neila (Burgos-Soria).

En el mes de diciembre de 1978, se produjo mi ascenso a capitán y, como consecuencia, cause baja en la unidad, con un sentimiento agridulce, pues a la ilusión lógica del ascenso se oponía la tristeza de dejar a mis camaradas de la sección con la que había compartido un sinfín de vicisitudes que me sirvieron de aprendizaje y que, sin duda, reforzaron mi espíritu militar y me forjaron como soldado. Así dije adiós a la COE 61; aunque, realmente, si bien en ese momento no lo sabía, se trató de un hasta luego.

En septiembre de 1984, se volvieron a encontrar nuestros caminos al ser destinado como capitán jefe de la COE 61. De esta forma inicie otro apasionante periplo vital y profesional en la que ahora era yo el máximo responsable de los 100 hombres de la unidad y el que tenía que velar por su prestigio y marcar su impronta. Dándose, además, la circunstancia de que iba a ser él ultimo capitán como unidad independiente; pues con la creación del Grupo de Operaciones Especiales nº 5, el 31 de enero de 1986 causé baja y me integré en la Plana Mayor de esta nueva unidad.

En esta nueva fase, y fruto de la experiencia acumulada, se contaba con un plan de instrucción unificado promulgado por la Escuela Militar de Montaña y Operaciones Especiales que normalizó y racionalizó las actividades de instrucción de las unidades de OE para adaptar sus objetivos al cumplimiento de las misiones que estaban mejor definidas y se orientaban al apoyo a operaciones no convencionales y convencionales (acción directa, reconocimiento especial). 

El desarrollo del exigente y variado programa anual de instrucción y adiestramiento se seguía basando en las salidas mensuales de 10 días y en las actividades diarias en la base y campo de maniobras de Castrillo del Val (Burgos). Si bien, ahora era de mi total responsabilidad el establecer el programa de instrucción, dirigir la instrucción, seleccionar las zonas para las salidas e impartir las directrices de cómo llevarlo a cabo, para lo cual contaba con amplía autonomía, aunque debía mantener informado al coronel del Regimiento San Marcial nº 7 y al Estado Mayor de la BRIDOT VI y de Capitanía, que eran quienes aprobaban las salidas y proporcionaban los apoyos logísticos. 

Así, a lo largo de un año y seis meses, intensos y gratificantes, se sucederían las salidas orientadas a realizar prácticas específicas de nieve y agua, respectivamente en Alto Campó y Santoña (Cantabria), de helicópteros en Agoncillo (La Rioja), junto con las de combate nocturno, marchas de endurecimiento, supervivencia, etc. que culminaron con el ejercicio anual de guerrillas y contraguerrillas de la BRIDOT VI.

Además de las actividades operativas, se participaba en diversos actos institucionales (honores a autoridades militares, procesión del Curpillos en Burgos, acto del Día de las Fuerzas Armadas, jornadas de puertas abiertas, etc.). A tal efecto, se constituía una compañía de honores que exigía una intensiva instrucción de orden cerrado, una cuidada presentación y una extremada marcialidad de la unidad.

Cerrada mi etapa de mando en la COE 61, me incorporé como jefe de la Plana Mayor del recién creado GOE V San Marcial, en el que tuve la inmensa satisfacción y el gran honor de contribuir al nacimiento y desarrollo de esta nueva unidad que heredaba el prestigio y la experiencia de las antiguas COE 61 y 62 (Bilbao). En esta situación permanecí hasta mi incorporación al curso de Estado Mayor en septiembre de 1988, concluyendo así mi gratificante y formativa andadura guerrillera.

No obstante, en los años siguientes y por razón de mis destinos tuve la ocasión de asistir con orgullo y satisfacción a la creación y consolidación del Mando de Operaciones Especiales que, sobre la base y experiencia de las antiguas COE y GOE, y ya con tropa profesional en sus filas, pero impregnados del mismo espíritu guerrillero de los antiguos soldados de reemplazo, es un referente de nuestro ejército y sus componentes mantienen  los máximos estándares operativos de la OTAN que les ha permitido cumplir con total éxito en cuantas misiones nacionales e internacionales han sido desplegados.

Finalizo con mi agradecimiento a todos guerrilleros de la COE 61 que han servido en la unidad, bien como mandos o cumpliendo el servicio militar, y que, de veteranos, siguen llevando con orgullo la boina verde en su corazón como muestra de su compromiso y amor a España.

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