Transmisiones y explosivos en el GOE II

Coronel de Ingenieros Rafael Herrero Hernández (retirado)

Teniente de Ingenieros fundador del GOE II

Las Transmisiones

Comenzando el año 1986, con el teniente de Ingenieros aterrizando y, en febrero, con la llegada del sargento especialista D. Vicente Narbona Díaz, se abordó la misión de centralizar, en la COE PLM, los equipos y material de transmisiones en dotación. Para ello, en el edificio de dos plantas y ático del acuartelamiento Cervantes, que asignaron al GOE, se seleccionó la parte central del ático para convertirlo en un taller de radio, almacén de equipos y centro de transmisiones (CT).

Una vez decidida la distribución del local se iniciaron obras de saneamiento y acondicionamiento, instalando un tendido muy completo de alimentación eléctrica e iluminación, mesas de trabajo para la revisión y reparación de equipos, estanterías para los equipos y material, así como un espacio en el que ubicar un CT en el que operar una estación VHF y otra HF.

El sargento especialista organizó su zona de trabajo para que fuera lo más funcional posible. En las estanterías se colocaron ordenadamente el material de dotación inicial; a saber: 4 estaciones radio tipo A portátil, 1 estación tipo C 63 RTL, 15 RTFM portátil, 3 RTFM mixtos, 1 RTFT 1, 2 equipos de cifra RTF, cables de retransmisión y material diverso.

El CT cobró vida con la instalación de una antena vehicular en el tejado del edificio (al que se accedía desde el mismo local), y con un par de antenas dipolo. La antena vehicular daba salida a un equipo de VHF, con amplificador, que permitía el enlace con el acuartelamiento Alférez Rubio Moscoso (El Padul), con el refugio de La Hoya de la Mora, en Sierra Nevada, y con las zonas próximas al acuartelamiento utilizadas por las COE en sus programas de instrucción.

Las dipolo daban salida a un equipo de HF (Racal-Comcal 30 -en un principio-), con el que se duplicaba el enlace con El Padul y Sierra Nevada, y se materializaba con San Juan de los Terreros (Almería) -durante la fase de agua-, con la sierra de Cazorla (Jaén) -con ocasión de las prácticas de supervivencia- y con el resto de lugares en los que se desarrollaban los distintos ejercicios en los que participaba la Unidad.

La instrucción de operadores de las COE y COE PLM siguió incluida en los programas de instrucción de cada compañía. El teniente asumió la responsabilidad de las transmisiones a nivel de GOE, preparando las IBT necesarias para las maniobras en las que participaba su Unidad.

Llegado el momento, aconsejado por el teniente de Ingenieros del GOE I, Antonio Pérez-Rendón, se adquirió un escáner de frecuencias de la casa ICOM y se empezó a utilizar de manera sistemática, sacándole rédito en varias ocasiones. Una de ellas fue en el ejercicio Viriato-86, en el que la guerrilla era responsabilidad de unidades de la BOEL, y la contraguerrilla del GOE II. 

Para esa ocasión se organizó un puesto de mando en la caja de un camión, preparada para evitar la fuga del mínimo rayo de luz; al tiempo, se aplicó una férrea disciplina de ruidos y no se utilizaron tiendas de campaña para pernoctar, se hacía “a salto de mata”.  En el interior de la caja se había desplegado lo necesario para el puesto de mando y el centro de transmisiones.

Entrada la noche se recibió la visita del servicio de arbitraje, que vino a presenciar y evaluar el inminente golpe de mano que íbamos a recibir (tal y como comprobamos enseguida). Accedieron al puesto de mando varios jefes, entre los que se encontraba el comandante Simón Contreras, que observó el momento en el que el escáner detectó una frecuencia en la que se escuchaban una serie de cortes de transmisión, con distintas cadencias, que el teniente de Ingenieros identificó como cortes de los equipos BCC, utilizados para el enlace de grupos pequeños y a corta distancia; señal inequívoca de que el enemigo se estaba acercando y que coordinaba su aproximación mediante esas señales. De inmediato, el comandante Castillo (jefe de la contraguerrilla) dio la orden de evacuar, procediendo todos con el mayor sigilo y rapidez, poniendo en práctica la esmerada instrucción que se impartía en el GOE.

En el mes de abril de 1987, el teniente de Ingenieros de este GOE cursó visita al GOE I, siendo atendido maravillosamente por todos sus componentes pero, de manera especial, por el teniente Pérez-Rendón, que le dio toda suerte de explicaciones y consejos y, lo más importante, su disposición para atender cualquier duda que le surgiera: ¡Bendito compañerismo! Él había conseguido crear una sección con 2 suboficiales titulados y 22 de tropa, que recibían una instrucción especializada como operadores de radio y en actividades acuáticas y subacuáticas.

Se valoró posibilidad de aplicar ese modelo en el GOE II, pero se llegó a la conclusión de que no era rentable en nuestro caso. Por un lado, en el GOE II había superávit de expertos en buceo por lo que no era eficaz que el teniente de Ingenieros asumiera cometidos de instrucción sobre ese tipo de actividades.

Por otro, en nuestro GOE, al no tener la presión de participar en las PRP, que si tuvo el GOE pionero, no se vio en la necesidad de contar con operadores especializados en grafía. A nosotros todavía no se nos había anunciado la participación en ese tipo de ejercicios; de hacerlo, las patrullas actuantes serían integradas por mandos, que ya habían visto la emisora  UK/PRC-320 y que serían instruidos en su manejo antes del inicio de la patrulla.

A finales de mayo, en la sierra de la Estrella (Portugal), con ocasión del Ejercicio Comangoe-87, además de hacerse el seguimiento de la IBT que se había preparado para el ejercicio, se procedió a realizar una serie de pruebas con la emisora UK/PRC 320 (con procesador de datos), con la que acababan de dotarles. Todo ello orientado a que en el mes de septiembre estaba prevista la participación de un equipo del Grupo en el ejercicio de PRP Schindernannes-87. 

En principio estaban previstos una serie de enlaces con el CT del GOE en Granada, pero, el comandante Simón Contreras, que actuaba como jefe del Servicio de Arbitraje, solicitó que, al día siguiente, se intentara un enlace con Melilla, Almería y Ceuta; para ello se le facilitó una frecuencia principal, una de reserva y el horario de enlace, encargándose él mismo de hacer llegar los datos a los citados destinos.

La prueba se materializó utilizando una antena dipolo en “V”, que se colgó de un árbol aislado y que un par de guerrilleros iban moviendo hasta obtener la máxima ganancia al  situarla en la dirección e inclinación óptimas. El enlace salió perfecto con todos los corresponsales, incluso alimentando el equipo con el generador manual. El capitán jefe de transmisiones portugués, que observó con mucha atención todo el proceso, se mostró muy escéptico al principio (especialmente por la antena utilizada) y muy sorprendido por el resultado.

Como consecuencia de los dos casos descritos, el comandante Simón se debió quedar con el nombre del teniente, creyendo que era un crack en transmisiones. Quizás por ello, y ya con el empleo de capitán, al mando de la compañía de Zapadores del BING, de la Brigada de Montaña XLI, fue nombrado jefe de transmisiones del Ejercicio combinado-conjunto, hispano-norteamericano Trabuco-89.

¡Dios mío! ¡Qué embolado! El ya capitán tenía absolutamente presente la edición del año anterior, en la que el jefe de transmisiones estaba diplomado en telecomunicaciones, que empleó medios de un batallón y de una compañía de transmisiones, que diseñó un sistema magnífico; pero que, inexplicablemente, no funcionó como se esperaba, especialmente en lo tocante al enlace en VHF.

Ante ese panorama, con ocasión de la primera fase de planeamiento (enero), el capitán recabó la documentación del ejercicio anterior; la estudió y, ante la imposibilidad de saber qué había fallado, solo se le ocurrió la idea de simplificar la IBT. Para ello, durante la segunda fase de planeamiento (marzo), estudió en profundidad la zona de actuación (la sierra de Tejera, Almijara y Alhama) y solicitó el apoyo del GOE II para proceder a realizar una serie de pruebas de enlace, a base de emisoras AN/PRC-77 y cables de retransmisión.

Concluyó que los enlaces más operativos podrían asegurarse con la instalación de dos puestos de repetición, de medios HF y VHF, con sus respectivos vehículos, con el inconveniente de que no había caminos para llegar a los emplazamientos ideales. La única forma de hacerlo sería helitransportándolos.

La propuesta se hizo aduciendo que con ese diseño se reducían enormemente los medios y el personal a emplear, lo que conllevaba un notable ahorro económico. Lo cierto es que se ordenó que se estudiara la viabilidad de helitransportar los medios hasta los puntos elegidos, dando un resultado positivo. Fue la primera vez que se hizo ese tipo de maniobra empleando helicópteros Súper Puma.

La fase de ejecución transcurrió durante la primera mitad del mes de mayo y el puesto de mando del ejercicio se instaló en el campamento de El Padul. En las inmediaciones desplegó sus medios, perfectamente camuflados, el Batallón de Transmisiones del Regimiento Mixto de Ingenieros nº 2, de la División Guzmán el Bueno; El BELMA IV de El Copero helitransportó los medios y abasteció a los operadores; ambas unidades realizaron un excelente trabajo y, por ello, todos los enlaces funcionaron a la perfección.

Los explosivos

Como el GOE II ya contaba con un teniente de Ingenieros, nada más comenzar el año 1986 se tomaron medidas urgentes sobre los polvorines a disposición de la unidad en el acuartelamiento Cervantes. Se realizó una revisión exhaustiva de las existencias, procediendo a destruir todo el material y munición obsoleta o caducada, a sanear los polvorines, instalar una base de madera y un sistema de deshumidificación, a separar explosivos de detonantes e iniciadores, y, estos, de botes de humo y candelas, dejando todo acorde a la normativa del momento.

El teniente asumió el control general de existencias y gestionó las solicitudes de explosivos y artificios, así como la ejecución de las voladuras que se salían de los programas de instrucción de las COE. Paralelamente, asumió el estudio de objetivos y el cálculo de las demoliciones previstas en cuantos ejercicios participaba su Unidad.

En lo tocante a explosivos, la COE PLM preparaba y coordinaba las demostraciones que el GOE realizaba en el campamento Alférez Rubio Moscoso (El Padul), como la exhibición que se organizó el día 2 de diciembre de 1986, para mostrar las capacidades de un GOE a personal de IMEC del Ejército del Aire, acto que fue presidido por el general gobernador de la plaza.

En esa ocasión, se preparó una “mesa de trampas”, en la que se encendía una luz o sonaba una chicharra cada vez que se movía cualquier objeto situado sobre la mesa o al abrir cualquier cajón. Se diseñó y construyó un pasillo de fuegos, más complejo que el que se venía utilizando hasta el momento, incluyendo una serie de pozos de tirador a lo largo de los pasillos (pozos que ofrecían la posibilidad de disparar o lanzar granadas desde los mismos), al tiempo que se prepararon una serie de hornillos en los que se colocaban petardos explosivos que se activaban al paso de los combatientes. Se remató la exhibición con una serie de voladuras, una de ellas incendiaria y muy espectacular.

En el marco de la colaboración del GOE II con la estación de esquí de Sierra Nevada, citar el apoyo puntual que se prestó al responsable de la empresa de mantenimiento de instalaciones y pistas (CETURSA), conocido por el apodo de Canito. En esa ocasión Canito nos mostró una serie de rocas peligrosas, que durante la temporada de esquí tenían que señalizar para evitar accidentes y que ya se intentaron romper con anterioridad; pero que, al no utilizarse la técnica debida, las rocas resistieron. También mostró una roca enorme, situada en mitad de una de las pistas que bajaban del Veleta, a la que no sabían cómo meterle mano.

Se le indicó que solo se podría abordar la demolición de las rocas mediante la perforación de barrenos y se le indicó donde tenían que embocarse en cada caso y la profundidad de los mismos (la enorme roca necesitaba seis barrenos de unos cinco metros de profundidad cada uno), pero se le advirtió que el GOE II no disponía de equipos neumáticos de perforación.

Se encargó Canito de buscar quien lo hiciera; mientras, en Granada se calcularon las cargas de cada rotura y se prepararon las que se iban a utilizar, empleando los medios que tenían a su alcance: explosivo rompedor a base de trilita, cordón detonante y cebos eléctricos.  Se desechó la adquisición de explosivos ya preparados para la rotura de rocas para evitar el engorro de dar explicaciones, pedir permisos…, amén del gasto económico.

El día que Canito avisó se organizó el equipo de demoliciones, se subió a la sierra y, sin dilación, se empezó con las rocas aisladas que se rompieron directamente con petardos C-100. Para los barrenos profundos se utilizó un C-100 como carga de fondo, atravesado con un cordón detonante que servía para activarlo, así como al resto de cargas a lo largo del barreno que, para que el poder rompedor no fuera excesivo y, por tanto, las proyecciones mayores, se cargó a base de intercalar tramos de arena y de trilita triturada (atendiendo al estudio realizado en gabinete). La ruptura de la gran roca resultó perfecta, desgajándose en pedazos que ya podían removerse con la maquinaria de CETURSA.

Una vez finalizado el apoyo, el teniente dio novedades al comandante jefe del GOE y este le dijo que a él no le había avisado ni pedido permiso para la voladura, pero no le afeó su conducta. Cuando el teniente recibió la orden pensó que era ejecutiva (allí todo era expeditivo) y no se planteó nada más: se puso a trabajar y listo.

Hay que comentar también que, en la segunda mitad de 1987, el teniente de Ingenieros fue alumno, en Hoyo de Manzanares (Madrid), del V curso TEDAX. Formación que reforzó su figura como autoridad en todo lo tocante a explosivos y que le abrió un abanico de posibilidades para aplicar los conocimientos adquiridos a las dinámicas de combate del GOE: tanto en el papel del GOE actuando como guerrilla, en la que las trampas explosivas son una herramienta fundamental para minar la moral del enemigo y destruir sus objetivos, como en el de contraguerrilla, en el que se tiene que instruir al despliegue para que no caigan en las trampas de la insurgencia y en el que se debe proceder a la desactivación de cuantos artefactos se localicen.

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