Tifariti (Sahara 1974). Primer combate de UOE. Sargento Carazo, primer muerto

Vicente Bataller, general de brigada    

Del libro LA LEGIÓN EN IFNI SAHARA 1956-1976, V. Bataller, Fundación Tercio Extranjeros.

Creación de las SOE del 4º Tercio

En el 4º Tercio Sahariano, el coronel Mariñas aprovechó la incorporación de oficiales diplomados en OE para poner en marcha dos SOE helitransportadas, una por bandera. Con la llegada de los helicópteros en diciembre de 1971, estas unidades de legionarios guerrilleros serían helitransportadas en misiones que requiriesen una rápida respuesta o para reforzar con urgencia algún puesto del interior o unidad que entablara contacto con alguna partida. Asimismo, estarían preparadas para efectuar rastrilleos y montar emboscadas, saber vivir, moverse y sobrevivir en terreno desértico y estar listas para actuar de inmediato en acciones de rápida ejecución y corta duración.

El 23 de marzo de 1972, Mariñas designó a los tenientes Carlos Blond y Juan Albero, para que en la 3ª compañía de la IX Bandera, y en la 8ª de la X, respectivamente, se organizaran la citadas SOE. Era la primera vez en la Legión que en un diario de operaciones -en este caso el de la 3ª compañía, suponemos que también ocurrirá lo mismo en el de la 8ª- se mencionaba la creación de una unidad de operaciones especiales, antecedente más lejano de la UOEL legionaria (Ronda, 1981) que, a su vez, sirvió de base para constituir la BOEL en 1985.

El general Carlos Blond (2020) me comentó cómo se creó la SOE de la IX Bandera:

“Al finalizar el curso de OE en Jaca (julio de 1971), me incorporo a la IX Bandera del 4º Tercio. En el diario de operaciones de la unidad, correspondiente al día 23 de marzo de 1972, se puede leer: “Con esta fecha causa alta en la unidad procedente de la 2ª Cía. el Tte. D. Carlos Blond Álvarez del Manzano, haciéndose cargo de la 1ª Sección de Operaciones Especiales que se está preparando”.

Captación de guerrilleros entre legionarios de tres años de compromiso.

El coronel Mariñas, consciente de la conveniencia de dar continuidad en el tiempo a la específica y costosa preparación de la tropa en la lucha irregular y de guerrillas, optó porque todos sus legionarios fueran seleccionados entre los recién incorporados al campamento de reclutas que habían firmado un compromiso por tres años de estancia en la Legión. Es decir, quiso evitar que se realizara una captación en el resto de unidades, lo que hubiera originado suspicacias entre los capitanes y oficiales contrarios a crear una unidad especial (de OE) dentro de otra unidad especial (la Legión). Estos legionarios estaban en ese momento finalizando su periodo de instrucción como reclutas, de tres meses de duración (enero, febrero y marzo). Allí fueron los tenientes Blond y Albero a seleccionar, tras unas pruebas muy duras, a unos 35 legionarios por SOE. A finales de ese mes de marzo de 1972 se inició la instrucción guerrillera.

En la formación diaria del tercio, los legionarios-guerrilleros y sus mandos llamaban la atención por presentarse con la cara enmascarada, sin divisas y los oficiales sin guantes, etc. Salían directamente al campo, sin realizar orden cerrado. Las dos SOE pusieron en marcha las prácticas de supervivencia en el desierto, los golpes de mano nocturno, las emboscadas del tipo «sal del suelo», rastrilleo de zonas, etc. Para evitar su localización, a la hora de ocultarse y en ocasiones de desplazarse, las SOE frecuentemente se fraccionaban por pelotones o incluso por binomios.

Por tanto, las prácticas de orientación en el desierto, sobre todo de noche, formaban parte de la instrucción de los guerrilleros de las SOE. La puesta de largo de las dos SOE, a modo de exhibición del grado de instrucción alcanzado, fue realizar una marcha de 100 km por el interior del desierto en tres días con las dos secciones (unos 80 legionarios) para ver si lograban desplazarse sin ser detectados por la contraguerrilla, que contaba con el apoyo de helicópteros que sobrevolaban la zona. Andaban de noche y de día permanecían ocultos en cuevas o enterrados en la arena.  

Ejercicios de guerrillas y contraguerrillas

Muy pronto las dos banderas del 4º Tercio y el grupo de caballería empezaron a realizar ejercicios de guerra no convencional y contaban con las SOE para la doble acción. En unas ocasiones, la SOE de la IX Bandera actuaba de guerrilla contra la X Bandera y su SOE, que se constituían en contraguerrilla. En otras, ocurría al revés, la SOE de la X se convertía en guerrilla y la IX y su SOE hacían de contraguerrilla. Precisamente el primero de estos ejercicios en los que la SOE de la X Bandera actuó de guerrilla contra toda la IX y un escuadrón se simuló una emboscada en un punto de paso obligado con la explosión de un bidón de 200 litros. Con granadas de mano PO-II sin metralla simulaban explosiones.   

En el silencio de la noche e inmensidad del desierto, fue espectacular. Tras finalizar, los legionarios de la SOE acudieron al punto de reunión por pelotones y algunos incluso por binomios. A continuación, hubo una exfiltración nocturna con vehículos de unos 200 km.

Durante el segundo ejercicio de doble acción de la SOE del teniente Albero contra la IX Bandera, la contraguerrilla contaba con helicópteros. En una amplia zona acotada, de la que SOE no podía traspasar sus límites, se realizaría un rastrilleo por tierra y un reconocimiento por aire, para intentar localizar a los guerrilleros. Estos se escondieron en cuevas o enterraron por binomios en 20 escondites durante siete días. Al octavo se exfiltraron mediante una marcha nocturna de unos 40 km hasta un punto de reunión donde, previamente, se había enterrado una petaca de agua. Por último, el tercer ejercicio fue de un golpe de mano en el que los guerrilleros de la SOE de la X Bandera entraron en el campamento de la IX, pero acabó mal, pues una vez en su interior se rompieron las normas acordadas y se enzarzaron en una pelea entre legionarios de ambos bandos.

Golpes de mano nocturnos a los vivacs

Con independencia de los ejercicios de doble acción SOE-Bandera/Grupo, era también frecuente que cuando una compañía de fusiles o un escuadrón realizaba una salida al campo, interviniese la SOE de su bandera para intentar dar un golpe de mano nocturno al vivac y desaparecer con la oscuridad de la noche. Una vez se penetraba en el interior del campamento y se dejaban algunas señales para dar testimonio de su presencia, la explosión próxima de las ya citadas granadas de mano PO-II sin metralla, era la señal que remataba el golpe, nunca mejor dicho, y para que todos los guerrilleros iniciaran la exfiltración hacia el punto de reunión previsto de antemano.

A pesar de lo difícil que resultaba la ocultación en el desierto, los guerrilleros de la SOE se enterraban o se servían de cualquier pequeña hendidura para no ser descubiertos al día siguiente de dar el golpe. Uno de los puntos débiles era, obviamente, el agua. Si para cualquier combatiente se trataba de un recurso crítico, para un guerrillero lo era mucho más, al tener que desplazarse a pie, y sin posibilidades de recurrir a los pocos pozos existentes, supuestamente vigilados por el enemigo. Cada hombre necesitaba un mínimo de 2 litros por día. Es decir, si el ejercicio duraba 10 días, la cantidad se elevaba a 20 litros a añadir al peso de la comida, armamento, municiones, etc. Cuando las circunstancias lo permitían, se constituían depósitos para disminuir el peso a transportar.

En lugar de tiendas Cima de color caqui, que se veían mucho desde lejos, los guerrilleros de la SOE compraron sábanas blancas que se podían enrollar fácilmente y no pesaban. Las pintaron de color rosa gris, que era el más parecido al suelo del desierto y, de este modo, cada dos hombres se construían su propia venia (tienda) colocando el fusil vertical en el medio de la sábana y arena en las esquinas. Si pasaban helicópteros, quitaban el fusil, caía la tela encima del binomio que se encontraba en su interior y pasaban desapercibidos al reconocimiento aéreo.

Aprendizaje de técnicas contraguerrilleras

En los juicios críticos tras efectuar golpes de mano, el teniente de la SOE exponía a los jefes de compañía cómo se podían mejorar las técnicas contraguerrilleras. Por ejemplo, cuando los legionarios montaban un campamento nocturno, inicialmente los guerrilleros de la SOE localizaban fácilmente desde lejos las luces de las fogatas de la cena. Luego era cuestión de infiltrarse con sigilo.

 

Para evitarlo, les decía el teniente Albero, tras la cena, debían dejar los fuegos encendidos y la compañía trasladar los vehículos con luces apagadas y en total silencio a unos 500-800 m, donde realmente iban a dormir, y dejar ametralladoras y morteros apuntando a la zona de los fuegos encendidos, con las distancias de tiro calculadas.

Con este sistema defensivo, si los guerrilleros daban un golpe de mano, este no solo caería en el vacío, sino que podría tener una respuesta eficaz por el fuego. Estos juicios críticos resultaron de suma importancia de cara a mejorar la instrucción de las unidades y evitar así que se repitieran los mismos fallos en las futuras salidas al desierto.

Las SOE fueron un referente para el resto de unidades del 4º Tercio que, no solo tomaron nota de las lecciones aprendidas en los juicios críticos; sino que, incluso, copiaron algunas de las formas de combatir y técnicas de las SOE para afrontar las incursiones guerrilleras. En definitiva, gracias a las SOE, hubo una puesta al día en la operatividad en lo que a guerra irregular se refiere.

A modo de ejemplo, esta preparación contraguerrillera de las SOE quedó demostrada en un ejercicio en el que la compañía paracaidista destacada en el Sahara actuó como guerrilla en una amplia zona entre Bir Enzaran y Auserd. Las SOE, acostumbradas a ocultarse en el desierto, a pesar de lo difícil que ello resultaba, supieron dónde acudir al efectuar los rastrilleos y capturaron a un 50 % de los efectivos de la guerrilla.

Hostigamiento del Polisario al puesto de Tifariti

En el conflicto del Sahara, de todas las acciones en las que hubo contactos entre legionarios y polisarios o unidades marroquíes, el combate más relevante fue el denominado de Tifariti, que tuvo lugar el 19 de diciembre de 1974, si bien realmente se produjo en el Gor le Freinina, en territorio mauritano. En este combate, las bajas propias se elevaron a diecisiete (seis muertos y once heridos), la mayoría de la policía territorial, excepto un sargento de la Legión muerto, José Carazo Orellana, y un cabo y un legionario heridos, pertenecientes a una SOE del 4º Tercio. Carazo fue primer muerto en combate de la Legión en este conflicto en el Sahara de 1973-75 y, por otro lado, este fue el primer combate de unidades de operaciones especiales del ejército español.

El relato de estos hechos está basado en el testimonio directo de varios de los protagonistas que participaron en este combate, los entonces tenientes Mariano Cuesta Núñez (1ª SOE), Enrique Alonso Marcili (2ª SOE) y Rogelio García de Dios (nómadas), así como el brigada Antonio Belda Valero (ATS) y cabo legionario Jesús Suárez González (herido).

Fue en la noche del 17 al 18 de diciembre cuando diecinueve miembros del Polisario se dispusieron a hostigar el puesto de Tifariti, esta vez con la misión añadida de secuestrar a Hamudi uld Kureina, intérprete de la oficina gubernativa. Se dividieron en varios grupos que rodearon el puesto y, sobre las 22:30, al acercarse a una casa donde se suponía estaba el intérprete, se delataron y dieron la alarma. En ese momento los infiltrados empezaron a disparar desde diferentes asentamientos, sin poder efectuar el secuestro.

Unos minutos más tarde, tras reagruparse en el punto de reunión convenido, iniciaron la exfiltración hacia Mauritania. Hicieron un alto para descansar y abastecerse en Gor le Freinina, a varios km sobrepasada ya la frontera, donde habían dejado previamente un depósito de víveres, munición y agua. Gor en hassanía significa “conjunto de varios cerros” y en efecto así era. Los polisarios se habían refugiado en las cuevas de tres de ellos que formaban un círculo, con unos más pequeños que lo cerraban por el sur.

Sobre las 02:00 de la madrugada del día 18 salió desde Smara en su persecución una unidad de la policía territorial embarcados en siete vehículos, uno de ellos con una radio agregada de tropas nómadas, a los que se añadieron tres vehículos más a su paso por Tifariti, sumando cuarenta y siete agentes en total. La distancia entre Smara y el lugar de la incidencia era de unos 170 km por pistas de tierra. La unidad de la policía territorial se dividió en dos grupos, una pequeña vanguardia donde iba el teniente Carazo -tenía el mismo apellido que el citado sargento legionario- con los dos primeros vehículos y un grueso con los ocho coches restantes a cargo de otro teniente de la policía. Según el teniente Carazo, desde el amanecer siguieron las huellas y una vez dada por finalizada la persecución al perder el rastro, ya en terreno de Mauritania, iniciaron el regreso en dirección norte.

Emboscada a la policía territorial en Gor le Freinina

Sobre las 13:00 del 18 de diciembre, cuando el teniente Carazo llegó a la altura de Gor le Freinina, observó un movimiento por el barranco que existía entre los mogotes, donde casualmente en sus cuevas estaban refugiados los polisarios. Parecía de lejos una javara (ave de gran tamaño), pero no obstante se acercó a comprobarlo. Los polisarios, posiblemente por creer que habían sido descubiertos -hasta entonces consiguieron pasar desapercibidos- desencadenaron un intenso fuego desde la zona de cuevas donde se encontraban fuertemente parapetados entre las rocas.

El coche del teniente quedó inutilizado, murió el conductor y el radio, José Luis Maceiras Prieto, resultó herido. El teniente se refugió detrás de una rueda y logró salvarse.

Con la buena puntería que caracterizaba a los saharauis dispararon desde lejos a los coches del grueso que se encontraban en una zona llana que no les permitía abrigo posible, ni maniobrar. Los policías desplegaron, pero quedaron fijados al terreno sin poder moverse. A medida que pasaba el tiempo los heridos iban en aumento (al final fueron un total de ocho). El teniente que iba en el grueso solicitó refuerzos y la evacuación de los heridos.

El general jefe del Sector del Sahara, cuando tuvo conocimiento de lo ocurrido, ordenó llevar a cabo cuatro acciones: El helitransporte de una sección SOE de la Legión para neutralizar a los polisarios. El envío de helicópteros preparados para la evacuación de los heridos. El refuerzo de una patrulla de tropas nómadas con camiones para la recuperación de materiales y vehículos averiados de la policía territorial (al encontrase en el interior de Mauritania debían ser evacuados lo antes posible). Y, por último, la alerta de los aviones Saeta del aeródromo de Smara.

La SOE en la primera operación aeromóvil en zona de combate

Ese mismo día 18, sobre las 14:00, despegaron de El Aaiún seis helicópteros UH–1H (dos armados, tres de transporte y uno ambulancia con seis camillas) a las órdenes del comandante Agustín Muñoz-Grandes, quien también asumió el mando de todas las fuerzas, para intervenir en lo que iba a ser, a pequeña escala, la primera operación aeromóvil en zona de combate.

Sobre las 15:30 aterrizaron en Smara, donde repostaron los helicópteros. A las 17:00 embarcó una de las dos SOE, al mando del teniente Mariano Cuesta. La sección estaba compuesta por tres pelotones cuyos jefes eran el sargento José Carazo Orellana y los cabos 1º Medina Aguilera y Tusset Beltrán. El sargento Carazo tomaba al día siguiente la estafeta vía Las Palmas, con permiso para casarse en Sevilla. Renunció a ello y antepuso el espíritu del credo legionario de «acudir al fuego» al frente de su pelotón.

Como oficial de enlace del jefe de la operación (Muñoz-Grandes) se incorporó el teniente Rogelio García de Dios (luego de capitán mandó la COE 91 y de teniente coronel el GOE II), destinado en tropas nómadas.  Media hora antes de la llegada de los helicópteros, desde Smara habían salido por tierra dos patrullas de tropas nómadas. Según García de Dios, el helicóptero del comandante, armado con ametralladoras, al llegar a la zona del encuentro efectuó un reconocimiento por el fuego, al que contestaron con disparos los polisarios que alcanzaron una pala del rotor y los patines.

El otro teniente que iba con los helicópteros, Cuesta, nos cuenta que la formación helitransportada llegó sobre las 18:30 al lugar de la emboscada, en territorio mauritano. Se ocupó el cerro más al oeste de los que formaban el círculo, desde donde se enlazaba por la vista con la policía territorial y dominaba un vehículo averiado que llevaba granadas de mano. Los pelotones desplegaron arriba del cerro. Resultó que, unos metros abajo, se refugiaban los polisarios. De hecho, hubo intercambio de insultos de todo tipo entre legionarios y polisarios, según el cabo Suárez.

La SOE se mantuvo por la noche en las posiciones alcanzadas. Sobre las 21:30 se incorporó la unidad de tropas nómadas que ocupó posiciones a la altura de donde estaba la policía territorial. El comandante Muñoz-Grandes solicitó al gobernador el envío urgente de otra SOE de la Legión para completar el cerco.

Primer combate y primer muerto de una UOE del ejército español

Poco después aparecieron los helicópteros con la 2ª SOE que se encontraba en Smara de reserva, al mando del teniente Alonso. Desembarcó al norte de los tres cerros citados. Reconoció primero el situado más al norte, donde encontró municiones y enseres abandonados por el enemigo y, a continuación, el cerro del este donde eliminó a dos polisarios.

Por su parte, el brigada ATS Belda (destinado luego durante muchos años en el GOE III), que marchaba un poco a su aire, atento por si había heridos, fue informado -por un legionario que andaba próximo- de la localización de un polisario herido en una cueva. Fue capturado prisionero y Belda le atendió en sus heridas. La SOE de Alonso ocupó el cerro que existía al este, frente al mogote donde se encontraba la SOE del teniente Cuesta.

Al finalizar el rastrilleo, tras comentar y cambiar impresiones con el sargento Carazo de lo sucedido durante la noche, Cuesta se desplazó a ver al prisionero capturado por la otra SOE y dar novedades al comandante Muñoz-Grandes. Estaba todo en calma, no se descubrió nada extraño. Todo parecía indicar que el enemigo se había retirado durante la noche. Pero de repente sonaron unos disparos que provocaron la muerte instantánea del sargento Carazo y heridas en el cabo Suárez y legionario Parreira que le acompañaban.

Sargento Carazo. Primer caído de una UOE

Según nos cuenta el cabo Jesús Suárez González, iba con su ametralladora al hombro al lado del sargento José Carazo Orellana y con el legionario Antonio Parreira Horta (el Portugués), proveedor que llevaba las cajas de munición. Marchaba por el barranco mientras aún bajaban legionarios con prisas desde el cerro pues en breve se iba a embarcar en los helicópteros. De repente, serían las 09:30 según Suárez, el Portugués vio unos bultos que se movían y le dijo al sargento: «Están ahí. Vamos a por ellos». Al verse descubiertos, los polisarios empezaron a disparar desde donde estaban escondidos y alcanzaron al sargento Carazo que recibió un impacto en la cabeza y murió en el acto.

El legionario Parreira recibió un tiro en la cadera y en el brazo, pero aun así pudo desplazarse por sí solo y refugiarse a retaguardia. En lo que respecta al cabo Suárez fue herido en un pie y en un ojo y perdió la visión. Cayó al suelo y le dio tiempo a disparar con la ametralladora la cinta que llevaba siempre encima.

Llegado a este punto, al escuchar los tiros y ver que había heridos, el teniente Alonso se lanzó con un pelotón de la SOE hacia el origen de los disparos enemigos. Por su parte, el teniente García de Dios de nómadas, a pesar de que, como oficial de enlace, no mandaba tropa, al observar desde otro lugar lo sucedido, no se quedó quieto. Solicitó un cetme y granadas de fusil a unos soldados de nómadas y lanzó doce de estas granadas sobre un pedrusco donde estaban parapetados los polisarios. Al ver el teniente que las granadas de fusil eran poco efectivas contra el citado pedrusco, cogió granadas de mano y, acompañado de un soldado, corrió fusil en mano, subió al cerro y desde arriba dejó caer tres granadas de mano sobre la zona donde estaban los polisarios. Al final se rindieron; eran precisamente los dos que habían matado al sargento Carazo.

Según el informe de 2ª sección del estado mayor del Sector del Sahara, el balance definitivo de bajas fue, por parte propia, seis muertos (el sargento legionario Carazo, más un cabo y cuatro agentes indígenas de la policía) y once heridos (el cabo legionario Suárez, el legionario Parreira, el soldado de nómadas Maceiras, más un cabo y siete agentes indígenas de la policía). En lo que se refiere al Polisario hubo seis muertos y tres heridos.

En todo momento los legionarios cumplieron con los espíritus del credo, el de sufrimiento y dureza, de acudir al fuego, de disciplina, de combate, de unión y socorro y el sargento Carazo, además, el de la muerte.

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