Joaquim Casadella. Antiguo cabo COE 22, AG COE22 HUELVA

A finales de 1980 me faltaba poco tiempo para incorporarme a la mili; decidí con mi padre adelantarla unos meses para que no me coincidiera con dos veranos, por el tema de la siega de cereal. En aquel momento, me dedicaba en cuerpo y alma a mi querida profesión de agricultor. Ese hecho resultó crucial para poder estar con mis compañeros de sección, el primer reemplazo de 1981. No imagino el no haberlos conocido.

Por aquel entonces tenía mucha relación con el marido de mi prima y le pregunté por su servicio militar. Y así fue como conocí las COE. La hizo en la de COE 41 de Barcelona, que si escalada, que si submarinismo, supervivencia, etc., que si una boina verde. En fin, ante mis ojos y oídos, la mejor película de acción se metió en mi cabeza. Estaba decidido, me iba a las COE. ¡Ja, que fácil!

Yo pensaba que en el CIR irían de captación todos los cuerpos y sólo tendríamos que apuntarnos y tener la suerte que nos admitieran, pero no, sólo pasó la Legión, y aunque había rumores de que vendrían las COE, yo estaba cada vez más ansioso. Al final aparecieron; debo admitir que sus trajes, sus barbas, su disciplina, sus gritos, eran como una maquina perfecta; me impresiono mucho. Aunque ya sabíamos desfilar un poco y algo de instrucción, no se podía comparar con lo que hacían aquellos «guerrilleros».

Ya de muy pequeño, me encontraba muy a gusto en el agua, en las pozas de la riera, en la piscina municipal y en la mar. Allí, las gafas de buceo, y después las aletas, hicieron que me obsesionara por el buceo. En mi juventud, como en la de tantos en aquella época, no había posibilidades para practicar estos deportes y las COE eran una oportunidad única en este sentido. Desde siempre, hacia ejercicios de aguantar la respiración, hasta el extremo de superar por poco los cuatro minutos. Lo practicaba en el autobús, en el colegio durante el recreo durante, y llegaba al límite una y otra vez, sin saber que jugaba con una posible pérdida de conciencia.

Por fin llegó el momento y los mandos de la COE nos entrevistaron y nos aceptaron; y digo aceptaron porque mi amigo Bartolomé de un pueblo vecino también se apuntó. Desde luego agua no faltó y barro menos. Y yo, a la espera de la salida al campo de la fase de agua.

Unas semanas antes de las pruebas en la piscina me hice un esguince en la pista americana, en la rampa, motivo por el que no pude ir a las mismas. Los compañeros llegaban a la compañía contentos y comentaban los resultados: que si uno había hecho una piscina por debajo del agua, que si casi aguantó un minuto … y yo en la cama.

Cuando llegó el fin de semana y quedamos unos pocos en la compañía, yo ya había insistido varias veces en realizar las pruebas. De repente, nos dijeron que ibamos a hacerlas. Se me iluminó la cara, por fin, la piscina. «Agarraos a la escalera y a ver cuánto aguantáis», nos dijeron, y uno a uno, los pocos que éramos, así lo hicimos.

Me sumergí y la cosa no pintaba bien, el corazón desbocado y con un nerviosismo que me dejó aguantar solo un minuto; mi gozo en un pozo. Ya más tranquilo, tocó cruzar la

piscina nadando bajo el agua. Buceé una piscina, dos, tres, cuatro piscinas. En esta última sólo recuerdo ver mi brazo extendido con la intención de tocar la pared; de lograrlo, hubiera continuado. No sé qué me pasó por la cabeza, hacer piscinasy más piscinas… Sólo tenía que sacar la cabeza y respirar, pero no lo hice; recuerdo la luz, y de repente nada.

Ahora sé que fue un sincope hipóxico típico de la pesca submarina. La rapidez con que me sacaron del agua ayudó mucho. Cuando recobré el sentido, estaba tirado en el suelo, y las cabezas del sargento primero Montes y el teniente González fueron lo primero que vi. Uno me masajeaba el corazón y el otro me movía los brazos. No saqué nada de agua por la boca, abrí los ojos y respiré, recuerdo los pies amoratados.

El sargento primero Montes me explicó lo sucedido. A partir de la segunda piscina había captado su atención y al estar a punto de tocar la pared por cuarta vez me quedé tieso con el brazo extendido y se ve que pensó que les vacilaba, hasta que me di la vuelta y quedé panza arriba. Entonces se tiró y trato de sacarme con el inconveniente de no tener un punto de apoyo, tocó el fondo de la piscina y me impulsó hacia la superficie donde el teniente González me pudo sacar fuera. Una visita a la enfermería del cuartel y aquí no había pasado nada.

El lunes me mandó llamar el capitán Cirujano, cuando entré en el despacho él estaba sentado en la mesa con todos los mandos a su alrededor. Yo me quedé un poco acojonado. «Qué pasó?, ¿te olvidaste de

respirar?», me preguntó. Le expliqué que desde pequeño ya cruzaba las piscinas, que si esto, que si lo otro, de mi pasión por la inmersión y mis ganas del campo de agua. Después de escucharme me dijo que ya podía retirarme y yo me cuadré: “a sus órdenes mi capitán”, saludando sin la boina. El teniente Palacios dijo, «¿pero ¿qué haces …?», me dio tal empujón que salí disparado del despacho, crucé lo que era la oficina, creo, y desaparecí lo más rápido que pude por el pasillo.

En el campo de agua nos separaron por grupos, tiburones, delfines y … patitos. Yo fui patito por querer ser tiburón. El capitán me dejó probar la sensación de respirar a través del regulador de una botella, eso sí, a sólo un metro de profundidad. También fui a hacer apnea con

él, bajo su supervisión, recuerdo que él salía con un puñado de fango cada vez que descendía, luego yo, iba bajando y todo quedaba negro enseguida, pero continuaba y de repente aparecía el suelo, puñado de fango y para arriba. «Muy bien Casadella «, y yo me sentía el patito más feliz del mundo. “Gracias mi capitán”.

Con motivo del 5Oº aniversario de nuestra COE 22 en 2019 en Huelva, tuve la oportunidad de agradecer personalmente al sargento primero Montes entonces, lo que hizo por mí. Gracias a su excelente preparación y profesionalidad yo pude continuar con vida. Mi eterno agradecimiento y gratitud para con estos mandos.

Cuidar de nosotros en aquella edad y haciendo los ejercicios y entrenamiento que

hacíamos, no debía ser tarea fácil. Ahora, que lo veo con la perspectiva de los años, estos accidentes, y más si acababan mal, tenía que ser muy duro para ellos, pero para nuestra suerte, eran especiales.

 

Un comentario

  1. Estimado JOAQUIN, he leído tus manifestaciones en este artículo con detenimiento (estuve en tu misma COE tiempo atrás, reemplazo 1974/75). Sólo darte una breve opinión de que tus manifestaciones no sólo me parecen emotivas, sino que el agradecimiento que en ellas expresas es de estimar como otro valor más, en ti, de veterano boina verde. Un cordial saludo

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