Siempre nuestro entrañable GOE I

Coronel Javier Martín Gil

Agregado de Defensa en la República de Filipinas, República de Singapur y República Socialista de Vietnam. Embajada del Reino de España en Manila

Cuando echo la vista atrás hay muchos momentos que recuerdo con especial cariño y uno de ellos, sin ningún género de dudas, es junio de 1992, fecha en que me incorporo al GOE Órdenes Militares I, a su COE 13: un sueño cumplido para el que estuve preparándome desde que, prácticamente, vi por primera vez la luz en este mundo.

Es muy difícil saber explicar en unos simples párrafos lo que sentí en ese momento; muchas sensaciones, multitud de recuerdos, grandes amigos y experiencias, tremendos esfuerzos y siempre presente el ejemplo de mi muy querido padre – Teniente Leandro – quien, junto con mi madre y hermana, me ayudaron a conocer desde muy pequeño las implicaciones perennes de lo que significa y supone formar parte de la familia de un boina verde: compromiso con los demás y cumplimiento de la misión.

Con una innegable ilusión y ciega convicción en mi elección inicio mi andadura en el apasionante mundo de las operaciones especiales y es, precisamente, en esta unidad de élite de nuestras Fuerzas Armadas: el GOE I.

Aquel chaval que, cuando apenas comienza a andar, se construyó con medios rudimentarios un banderín de la COE 62 a la que pertenecía su padre y que mientras observaba a sus guerrilleros haciendo instrucción, aprovechaba sus torpes pero decididos pasos para desfilar por el pasillo de su residencia en Bilbao… ahora comenzaba su propio camino, su propia experiencia, su entrega total a ese nuevo destino muy deseado a lo largo de toda su vida… ¡el sueño se hacía realidad!

Solo con aproximarme a las instalaciones del GOE I, pude imaginarme todo lo que allí me esperaba… pero la realidad superó mi ficción y tengo que decir que, cerca de treinta años tras mi destino en el GOE I, recuerdo con extraordinaria pasión lo allí vivido y el ejemplo permanente de todos sus componentes, desde su teniente coronel jefe, hasta el último guerrillero incorporado: una magnífica escuela de mandos comprometidos y convencidos con su dedicación diaria.

Como joven teniente, enseguida me di cuenta de la realidad que iba a vivir, las responsabilidades asumidas y del paso dado: no estaba solo… en el GOE nunca estás solo. El trabajo en equipo supera a las proezas individuales, la humildad y el compañerismo son una garantía de éxito y la tenacidad, el conocimiento y el optimismo son la energía diaria para cumplir la misión encomendada. Ahora es el momento de poner en práctica todo lo aprendido y para lo que me he preparado, pero también para absorber constantemente nuevas ideas, enfrentarse a nuevas situaciones y servir de ejemplo e instruir a los guerrilleros, que como voluntarios han preferido hacer su servicio militar precisamente en este GOE.

El día a día para nada es rutinario y a las ventajas de contar con prácticamente todo tipo de instalaciones para instrucción y adiestramiento se une la preparación de innumerables e intensos ejercicios fuera de nuestro entorno habitual, incluso fuera de nuestras fronteras; la premisa fundamental: tener capacidad de respuesta inmediata cuándo y dónde se nos requiera.

El GOE es un mecanismo que funciona a la perfección; todo está perfectamente sincronizado y planificado. Desde su PLMM se coordinan todas las actividades de las COE, se priorizan los objetivos y se sistematizan los planes de instrucción, al tiempo que se incorporan nuevas técnicas que optimizan el adiestramiento y plantean nuevos retos.

En una estructura de GOE perfectamente cohesionada y organizada, todos los eslabones tienen su misión. Y en esta misión tienen un papel trascendental los capitanes jefes de COE y los suboficiales. Todos ellos son mi verdadero referente en el día a día, además de convertirse en los catalizadores de nuevas ideas e impulsores de nuevas prácticas, teniendo siempre los objetivos de cada una de las fases.

Una de las ventajas de contar con cuadros de mando experimentados y con años de “boina verde” es el permanente enriquecimiento que transmiten, tanto a nivel personal como profesional. Por ello, la mejoría en la instrucción y adiestramiento eran constantes. Las referencias de programas anteriores servían para incorporar nuevas técnicas de tal manera que siempre íbamos por delante de los tiempos y abiertos a la experimentación, siempre alcanzando los objetivos marcados.

Con todo ello, nos beneficiábamos todos y, fundamentalmente, nuestros guerrilleros que veían en sus cuadros de mando una actitud infatigable, una dedicación sin límites y una ilusión y confianza plena en sus posibilidades y capacidades que les arrastraban a situaciones que, de haber elegido otra opción, jamás hubieran imaginado.

Lo interesante de estas nuevas incorporaciones era ver cómo evolucionábamos desde “dentro” sin estar para nada “cerrados” al futuro. Las mejoras eran constantes y muchas de las nuevas técnicas o procedimientos se transferían, cuando era posible, a otras unidades.

Con este apoyo constante y la experiencia permanente de nuestros “antiguos”, el aprendizaje diario estaba garantizado. Además, la responsabilidad diaria de instruir al máximo a nuestros guerrilleros nos obligaba a dar lo mejor de nosotros mismos fuere cual fuere la situación y el momento exigidos… ¡No podíamos fallarles… y no lo hicimos!… como así nos lo decían en el momento de su fin de compromiso y así nos lo siguen diciendo cuando, muchos años después de haberlo terminado, escuchamos por la calle de forma inesperada: “¡Mi teniente!”.

Y estoy convencido que este camino seguido, que no es fácil, no solo marca carácter sino que atrae y “engancha”. En mi caso, esta segunda generación de boinas verdes, tendrá continuidad, D.M., cuando un joven e ilusionado caballero cadete, mi hijo Rodrigo, actualmente en la Academia General Militar, cumpla el mismo sueño que me llevó a mí a formar parte del GOE.

Sirvan estos breves y humildes párrafos para rendir un sincero y sentido homenaje a nuestros boinas verdes que sirvieron con orgullo y honor, siguen sirviendo en la actualidad y los que sienten la ilusión de formar parte en un futuro inmediato de nuestras 3 queridas unidades de operaciones especiales; un recuerdo muy especial para todos aquellos vinculados al GOE I

En definitiva: compañerismo, conocimiento, compromiso, preparación física y mental, equilibrio, honestidad y humildad, optimismo y actitud positiva ante la vida, visión de futuro, previsión, confianza plena en el mando, dedicación, esfuerzo, disciplina y unidad… son algunas de las cualidades que pude vivir permanentemente en mi querido GOE I, que se siguen reflejando en todos los encuentros con sus componentes y que continúan modelándome como soldado siempre al servicio de España.

Manila, 8 de enero de 2024

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