La Asociación de Veteranos Boinas Verdes del Norte acude en ayuda de los damnificados por las inundaciones de 2024
A finales de octubre de 2024, una devastadora cadena de temporales azotó con inusitada violencia las comunidades autónomas de Valencia, Castilla-La Mancha y Andalucía. Las lluvias torrenciales provocaron graves inundaciones, con un saldo trágico de 227 víctimas mortales y cuantiosos daños materiales. En medio de este escenario de desolación, la Federación de Asociaciones de Veteranos Boinas Verdes de España no dudó en organizarse de inmediato para prestar auxilio a los afectados.
Pero, como tantas veces en nuestra historia, también hubo quien —movido por la iniciativa personal, el espíritu de servicio y el corazón de guerrillero— se adelantó al mando y se presentó en la zona cero para ofrecer su ayuda desinteresada.
Una de esas acciones silenciosas y ejemplares fue protagonizada por los miembros de la Asociación de Veteranos Boinas Verdes del Norte, cuyo relato, testimoniado por el cabo 1º Pedro Díez, merece ser compartido como testimonio vivo de los valores que nos definen.
Caravana solidaria Norte: rumbo al barro
Al frente de esta iniciativa estuvo el presidente de la Asociación del Norte, Vicente Gonzálvez Saiz, quien comandó la Caravana Solidaria Norte, acompañado por el compañero José Penilla Ureña, y dos voluntarias: Naiara Montequín Ruiz y Elena Sîrbu Peñaloza. El equipo partió tras cargar material solidario donado por la asociación Valencianos en Cantabria, recogido en las instalaciones de La Grana Escuela de Cantabria.
Con una furgoneta conducida por Vicente y un remolque repleto de suministros, se pusieron en marcha con rumbo a Valencia. A mitad de trayecto, en Aranda de Duero, recogieron a dos refuerzos: el compañero Francisco Javier Pérez Vaquero y el voluntario Eusebio Fernández Riol.
Fue un viaje largo y exigente, pero no exento de sentido. A su llegada, y aún con tiempo antes del anochecer, los integrantes de la caravana aprovecharon para repartir varios artículos solidarios directamente en las calles de las zonas afectadas, cubiertas de barro y devastación.
Ya caída la noche, se reencontraron con la Caravana Rioja, liderada por el cabo 1º Pedro Díez, y juntos se dirigieron a Benifairó de la Valldigna, donde les esperaba una merecida tregua.
Obstáculos en el camino y hospitalidad valenciana
La entrada a Sagunto y Valencia fue un auténtico calvario de atascos. Finalmente, ya avanzada la noche, los veteranos y voluntarios fueron acogidos en una vivienda particular en Benifairó, cedida con admirable generosidad por unos vecinos del pueblo. Compartieron cena, descanso y afecto en un ambiente de gratitud mutua.
A la mañana siguiente, con las furgonetas aún cargadas, se dirigieron al centro logístico en Silla, donde descargaron el material humanitario. Pero su compromiso iba más allá del suministro: querían ayudar sobre el terreno.
De guerrilleros a limpiadores: servicio sin fronteras
Tras muchas gestiones, lograron acceso a un autobús autorizado que les permitió llegar a un colegio duramente afectado por las inundaciones en Catarroja, donde participaron activamente en las tareas de limpieza. Cubiertos de barro, pero con la sonrisa intacta y sin una sola queja, los veteranos del Norte y los voluntarios demostraron que el espíritu guerrillero no entiende de edades ni de uniformes.
«¡Vaya fenómenos! En la guerra y en la paz, siempre guerrilleros, siempre caballeros, sirviendo encantados a la patria y a sus ciudadanos. ¡COE!», exclamó Jesús Fernández desde el hospital, animando a sus compañeros desde la distancia.
Reconocimiento silencioso y agradecimiento mutuo
De vuelta a Benifairó, los anfitriones volvieron a mostrar su hospitalidad: ofrecieron una cena entrañable, agua caliente para todos, y como gesto especial, ¡les compraron lotería! Al día siguiente, organizaron un almuerzo de despedida donde vecinos y voluntarios se fundieron en agradecimientos espontáneos y abrazos sinceros.
Y cuando ya arrancaban los vehículos para emprender el regreso, un agricultor del pueblo se acercó con una caja de mandarinas para cada uno. Un gesto sencillo, pero cargado de humanidad.
«Pequeños gestos, grandes corazones», escribió más tarde el cabo 1º Díez, quien al llegar a su destino llevó las frutas al centro de recogida “Manzana”, como símbolo de una cadena de solidaridad que unió norte y sur en un mismo espíritu de fraternidad.
Que los hechos hablen de ti
Este episodio, como tantos otros que no figurarán en informes ni ocuparán portadas, nos recuerda el lema que ha guiado nuestras vidas: “Sé parco en palabras, que los hechos hablen de ti”.
Nuestros veteranos y voluntarios, sin alharacas ni focos, volvieron a demostrar lo que significa llevar una boina verde, aunque ya sin uniforme: compromiso, servicio, fraternidad y honor.
A todos los que participaron en esta misión silenciosa, nuestra gratitud y nuestro respeto.
El banderín quedó alto. Muy alto.


































