Ramón Molina Santiago Coronel del ET (R)
Presidente AVBV Granada
El pasado viernes 4 de abril tuvo lugar, en la Biblioteca Pública Municipal de Cúllar (Granada), la presentación del libro titulado Yo estuve en la COE 21, cuyo autor es quien fuera soldado de reemplazo de la COE 21, D. Manuel Casas Barea.
La biblioteca presentó un lleno absoluto, quedándose pequeña dado el elevado número de personas que asistieron al evento. Los habitantes de Cúllar arroparon a su paisano, dando muestras, con su presencia y con sus aplausos a lo largo del acto, del cariño del que goza en su pueblo nuestro amigo Manuel Casas.
También estuvo acompañado por algunos de sus compañeros de reemplazo, con los que compartió su servicio militar, hoy socios todos de la Asociación de Veteranos Boinas Verdes COE 21, de Tarifa. Los cientos de kilómetros que separaban a muchos de ellos de su ciudad de origen no fueron impedimento para asistir al acto, desplazándose desde Barcelona, Madrid y otras ciudades de España, demostrando con ello el elevado grado de compañerismo que los sigue uniendo y la amistad infranqueable y perenne que les caracteriza.
Asimismo, estuvieron presentes algunos socios de la Asociación de Veteranos Boinas Verdes de Granada, de la que también Manuel es miembro, acompañándolo en un día tan especial para él.
Los banderines que presidían el acto —los de las dos asociaciones de veteranos, Tarifa y Granada, y el de la COE 21— dejaban patente el “espíritu guerrillero” que impregnaba aquella presentación.
El acto comenzó con la bienvenida de la alcaldesa de Cúllar a todos los presentes, a quienes agradeció su asistencia. Inmediatamente después dio comienzo la presentación del libro, en la que participaron el presidente de la AVBV de Tarifa, D. Manuel Martínez; el prologuista del libro, D. Enrique Andreu; compañeros de reemplazo de Manuel; y el propio autor.
Inició la presentación D. Enrique Andreu, con unas breves palabras. Confesó que afrontó su servicio militar en la COE 21 como una experiencia irrepetible, y así fue. Comentó los lazos que los unen desde entonces, fruto de la dureza de la COE y de la exigencia de sus mandos, a quienes recordó con cariño, remarcando que las penalidades y el sufrimiento vividos juntos en la COE 21 fueron su sello de identidad, el que los marcó y unió irremediablemente para el resto de sus vidas. En ese momento, haciendo referencia a estas últimas palabras, Enrique sacó su boina verde y añadió: “El espíritu de esto que tenemos nosotros aquí (haciendo referencia a su boina verde) es mucho, tiene el valor que cada uno le quiera dar a las cosas… esto es como si te penetrara por las venas”, intentando describir, con cierta emoción, el incalculable valor que para cada uno de ellos tiene la boina verde y “el antes y el después” que esta prenda significó en sus vidas.
Finalizó su intervención haciendo referencia a la amistad que lo une con Manuel, a su portentosa memoria y a su valía como soldado, como líder y como persona, concluyendo que todo lo que escribe el autor en su libro es rigurosamente cierto, sin exagerar absolutamente nada en ninguno de sus relatos.
A continuación, tomó la palabra D. Manuel Martínez, presidente de la AVBV de Tarifa, quien se trasladó a Cúllar desde Barcelona para participar en la presentación del libro, todo un gesto por su parte.
Manuel inició su intervención agradeciendo la presencia de la alcaldesa y de cuantos abarrotaban la biblioteca. Comentó que el libro presentado recogía la experiencia vivida por Manuel en la COE 21, haciendo referencia a la escasez de recursos con los que se contaba en aquella época y a la semilla que supuso el paso de todos ellos por la COE, una semilla que germinó en lo que hoy es el Mando de Operaciones Especiales y en los profesionales que forman parte de sus filas. Finalizó esta parte de su intervención con la siguiente frase: “Nosotros plantamos la semilla de ese árbol que es un roble; las hojas de roble son las que envuelven el machete de nuestro emblema”.
A continuación, hizo referencia al elevado precio que tuvieron que pagar por vestir la boina verde: “Éramos de reemplazo, pero voluntarios”, añadió con orgullo, dejando claro que la boina verde no se la regalaron a nadie; todo lo contrario, se la tuvieron que ganar “a base de esfuerzo, de tenacidad y de espíritu combativo”.
“La idea bohemia que uno tenía de la montaña —continuó Manuel—, cuando entrabas en la Compañía, se convirtió en algo duro, y eso nos ha marcado para toda la vida, pero no de forma negativa; todo lo contrario, nos ha servido a todos los aquí presentes para saber que de las dificultades se sale”, concluyendo con: “Nos prepararon para ser resolutivos ante cualquier dificultad. Cuando uno se licencia, le queda en su memoria y en su carácter todo aquello para lo que nos adiestraron y nos prepararon”.
Finalizó su intervención haciendo referencia a la extraordinaria memoria con la que Manuel Casas relata cada uno de sus capítulos, a quien definió como un hombre tranquilo, dándole las gracias por escribir ese libro. “Un libro —añadió— que va destinado a todos: a la gente de la COE y a aquellos otros que desconocen lo que allí se hacía”.
Finalmente, tomó la palabra el autor del libro. Manuel Casas inició su intervención manifestando la enorme alegría que sentía por la gente que lo acompañaba en su presentación, así como por la presencia de sus compañeros de reemplazo, algunos de los cuales se habían desplazado desde lejanos puntos de España para acompañarlo. A todos ellos les agradeció su presencia.
Comenzó haciendo referencia a cómo se llevó a cabo su captación por la COE 21 de Tarifa y a las pruebas que tuvo que superar —nada fáciles—, a tenor del elevado número de aspirantes que optaron a una plaza en la misma, y lo que sintió al entrar por primera vez en la COE 21, llamándole poderosamente la atención el “Decálogo del Guerrillero”, visible en una pared, del que dos frases se le quedaron grabadas de por vida: “Nunca no puedo” y “Sé parco en palabras; que los hechos hablen por ti”.
Expuso de forma sencilla y cercana cada una de las experiencias vividas en los diez relatos que dan forma a su libro, que se animó a escribir gracias a una serie de artículos publicados en la revista de la Federación de Asociaciones de Veteranos de Boinas Verdes, relatos que fueron premiados en un concurso con un “Diploma al Mejor Relato”.
Todo lo que contó lo hizo pausadamente, fiel al carácter que describieron sus compañeros, con todo tipo de detalles, describiendo la dureza de los inicios en la COE, que calificó como agobiantes: “¿Qué he hecho yo?, ¿A dónde me he metido?”, fueron sus primeros pensamientos en aquel lugar en el que “se me olvidó andar, porque allí teníamos que ir corriendo siempre a todos lados”. Dejó claro que la prueba más exigente fue la de la boina, la cual, una vez superada, le dio derecho a vestir esa preciada prenda que con tanto orgullo luce.
Describió con minuciosidad la dureza de cuanto vivió en la COE, llegando al público con su humildad y sencillez, captando la atención de todos los presentes, a quienes cautivó con sus vivencias. “Hay que leer el libro con tranquilidad y hay que ir comprendiendo las cosas”, fueron algunas de sus últimas palabras, haciendo alusión a las conclusiones con las que finaliza cada relato, puntualizando que “las conclusiones son siempre las mismas: fuerza mental; tú no puedes venirte abajo”.
Como profesional del Ejército de Tierra y oficial destinado en su día en la COE 22 de Huelva y en el GOE II de Granada, quisiera terminar este artículo felicitando a Manuel Casas, y no solamente por su trabajo plasmado en el libro.
Si algo resaltó Manuel Casas en el evento que nos reunió a todos en Cúllar fue el orgullo de haber sido soldado de reemplazo de la COE 21, al igual que sus compañeros Manuel Martínez y Enrique Andreu. Todos ellos dejaron constancia de lo mucho que supuso en sus vidas vestir la boina verde.
Es difícil explicar con palabras cómo unos jóvenes, habiendo sufrido tanto durante su servicio militar, siguen unidos desde su lejana juventud por una boina verde que les cambió la vida, defendiendo a ultranza lo que esta prenda representa, llenándonos de orgullo a quienes tuvimos el privilegio de servir con ellos en las COE.
Ellos, nuestros soldados de reemplazo, con sus sufrimientos, sacrificios y penurias, contribuyeron decisivamente al prestigio de nuestras Compañías de Operaciones Especiales. Y como bien dice Manuel Martínez: ellos fueron la semilla de los cimientos de lo que hoy es el Mando de Operaciones Especiales.
No quisiera terminar estas líneas sin mostrar mi eterno agradecimiento a todos ellos, por cuanto nos dieron a los que fuimos sus cuadros de mando y por cuanto dieron al Ejército, algunos de ellos, su propia vida en el cumplimiento del deber.






























