Mis destinos en la COE nº 52

Juan Antonio Díaz Díaz

Coronel. Antiguo teniente y capitán de la COE 52

Tras el abandono del Sahara Español, donde me encontraba destinado en el Tercio Alejandro Farnesio, 4º de la Legión, opté por el Tercio D. Juan de Austria, 3º, en Fuerteventura, quería completar, al menos, dos años como legionario. Por una instrucción general, el ministro del Ejército dispuso que quedaran retenidos en sus unidades, a fin de que se mantuviera cubierto, al menos, el 50% de los empleos de aquellos oficiales que hubieran optado por otros destinos, como era mi caso. Por esta razón, pese a haber sido destinado al Tercio 3º y, después, por Orden Circular de 29-12-1976, a la COE 52, estuve retenido en el Tercio Gran Capitán, 1º de la Legión, en Melilla, hasta que, por O. C. de 28-06-1977, cesó la retención.

Así, mi vida como guerrillero comenzó el 20-07-1977, día en que mi presenté en la COE 52. Pude realizar las fases de agua, de escalada y de supervivencia, antes de comenzar el Curso de Operaciones Especiales el 17-10-1977, curso que terminó el 31-07-1978 ¡Ya era diplomado! Durante el mismo ascendí a capitán, por lo que no pude volver a la COE.

Mi deseo era, como el de la mayoría de los capitanes diplomados, mandar una COE. Después de dos años y medio en Policía Nacional, y otros dos en el 1º Tercio, llegó mi oportunidad, se produjo la vacante de la COE 52 -¡mi COE!- y tuve la enorme fortuna de ser destinado por Orden de 15-11-1982;  me hice cargo del mando el 06-12-1982. Mi vida daba un giro radical: iba a mandar una de las mejores unidades de nuestro Ejército; eso sí, para ello tuve que hacer un gran sacrificio: dejaba la Legión.

A los pocos días, el 10-12-1982, después de celebrar nuestra Patrona, hicimos la primera salida de diez días, dedicados principalmente al tiro en población, en la zona de Boltaña. Obviamente, toda la programación me la encontré hecha, incluidos los oportunos permisos municipales y la autorización para realizar tiro en pueblos abandonados, entre ellos Campodarbe. Las prácticas finalizaron, o eso creíamos nosotros, sin novedad.

Días después, cuando disfrutaba del permiso de Navidad, recibí una llamada del coronel jefe del Regimiento Barbastro 43 y me ordenó presentarme en Barbastro: ¡había recibido una denuncia contra la COE por destruir una casa en Campodarbe! ¡Bien empezaba! En todo caso no acabó mal el incidente, pudimos demostrar a Capitanía -mediante el informe que me exigieron- que no llevaba razón el denunciante, se trataba de un «okupa» que había restaurado parcialmente una de las casas de Campodarbe a la que le causamos unos cuantos destrozos. No obstante, decidimos enviar un equipo de la COE, albañiles y electricistas sobre todo, y reparamos los daños.

En el municipio tomaron partido a favor nuestro, reprocharon al denunciante su proceder y nosotros siempre fuimos bien recibidos en Boltaña; tan fue así, que, en agosto, pocos meses después, a petición del alcalde, desfilamos allí, con la presidencia del general jefe de la BRIDOT V, y el pueblo en pleno estuvo presente y nos aplaudió con entusiasmo.

A partir de aquel incidente, la vida de la COE 52 discurrió normalmente. Yo me adapté, poco a poco, a mi nuevo destino, siempre con la ayuda, sobre todo, de los excelentes mandos con los que me encontré en la compañía, entre ellos el entonces sargento Galera, una institución entre las Unidades de Operaciones Especiales, con el que ya había coincidido en la COE cuando yo era teniente.

La programación de 1983 se propuso y aprobó sin intervención mía: me la encontré hecha. La fase de «vida y movimiento en montaña invernal» la llevamos a cabo, como siempre, en Cerler; donde aún no existía el refugio militar. Nos alojamos en unas instalaciones que habían servido de apoyo para la construcción de una presa que hay  aguas arriba, en Benasque, y que carecían de cualquier confort.

La primera fase de «supervivencia» que dirigí fue en la zona del embalse de Vadiello, en Huesca, del 16 al 25 de marzo, un poco prematuro para contar con buenos recursos. De todos modos, supuso para mí el comienzo de una afición que aún mantengo: el estudio de las plantas comestibles y/o medicinales no cultivadas. Esta me vino como consecuencia de la necesidad de orientar a la tropa sobre los recursos disponibles, lo que me llevó a adquirir y estudiar varios manuales y tratados sobre plantas y setas, sobre todo; hoy dispongo de una buena colección de estos libros que sigo estudiando.

Otra de las fases destacadas en la vida de una COE, sin duda, era la de «agua» (prácticas de inmersión y superficie). Durante años se llevó a cabo en los embalses de El Grado y Barasona. La de 1983 iba a ser la última, a partir de 1984 nos permitieron ir a La Escala (Gerona); fue un cambio radical en todos los órdenes, las prácticas de buceo y de superficie eran muchísimo más seguras, amenas y variadas y, ni que decir tiene, los tiempos de ocio eran mucho más divertidos.

En 1985 decidimos participar en el «Trofeo Capitán General» y, pese a no presentar equipos en algunas pruebas (patrulla de tiro, por ejemplo) porque su preparación afectaba enormemente a la instrucción de la compañía, la cual debía prevalecer por encima de todo, ¡quedamos los primeros! en la suma total de las puntuaciones de las pruebas. Poco después, me llamaron de la Junta Regional de Educación Física para decirme que no podíamos optar al «Trofeo Capitán General», porque: «no quedarían muy bien las unidades tipo regimiento y/o batallón o grupo independiente». Protesté diciendo que éramos una compañía independiente y que, como tal, nos habían permitido participar. Dado que no fueron atendidas mis reclamaciones, pedí que los puntos que habíamos obtenido se le sumaran al Regimiento Barbastro nº 43. Por supuesto, quedaron campeones.

Como colofón a mi vida como guerrillero en activo, puedo asegurar que me hizo mejor soldado, además de influir de manera sobresaliente en mis aficiones: mi amor a las plantas; al esquí, en el que mejoré muchísimo, y al buceo que pude practicar de nuevo (una rotura de tímpano durante el curso de OE me tuvo tres años sin poder hacerlo). 

Hoy, pasados más de 35 años desde la disolución de la COE 52 (el 31-12-1986), sigo manteniendo el espíritu guerrillero. ¡Gracias a todos los que contribuisteis a ello!

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