Mis años en la COE 81

Comandante Domingo González González

Antiguo Sargento de la COE 81

Cuando en diciembre de 1977 me destinaron con carácter forzoso a la COE 81 en Orense, no pensé que estaría seis años y ocho meses en la compañía ya que existían en Andalucía, mi tierra, cuatro COE (la 21 de Tarifa, 22 de Huelva, 91 de Granada y 92 de Málaga) y mal no sería que en cualquiera de ellas no saliera alguna vacante. Pero terminé cogiéndole cariño a la 81 y a Galicia. Es más, cuando dejé la COE fue por ingreso en la academia para acceder a la escala de oficiales y, al salir de teniente, fui destinado al GOE V de Burgos y, de allí, regresé a las tierras gallegas, a la Brigada Aereotransportable.

Me incorporé a la compañía el 2 de enero de 1978, el mismo día que se presentaba todo su personal después del permiso de Navidad y, como sargento más moderno, me tocó entrar de semana.

El jefe de la compañía era en capitán Pablo Perera Casado, veterano del II Curso de Guerrilleros que, de teniente, estuvo seis años en la COE 52 de Barbastro y al ascender vino a mandar la 81, donde permaneció otros 6 años al frente de la misma y, de aquí, pasó a hacerse cargo de la COE 51 de Zaragoza, casi tres años más, hasta su ascenso a comandante. Unos quince años con la boina verde, un mando guerrillero histórico, que era como un padre y maestro para los jóvenes oficiales y sargentos.

A mi llegada, de teniente estaba Lorenzo Navarro de los Paños y los compañeros de empleo, eran tres, uno de ellos se incorporaba ese mismo día, Arturo Rodríguez Lorenzo, Ricardo Candal Gestal y Adrián Barja Barja, este último sin curso y en el puesto de auxiliar de la compañía. Además, había un maestro armero.

A los pocos días, nos desplazamos a Puebla de Trives para realizar la fase de nieve en la estación de Cabeza de Manzaneda. Para ello, nos embarcamos en tren desde Orense hasta la estación de Monte Furado, a orillas del Sil. Desde allí, efectuamos una marcha hasta el pueblo citado, con un pequeño inconveniente, había que salvar un desnivel de algo más de 300 metros subiendo por una escalera de peldaños irregulares entre los enormes tubos de presión de la central hidráulica de Pontenovo. Al finalizar las prácticas, se realizaba el regreso de la misma forma.

La compañía recibía personal de los llamamientos 1º y 3º. Realizaba la captación en el CIR 13 en Pontevedra, para lo cual se desplazaba un equipo de un oficial, con un suboficial y varios soldados. Cuando se incorporaban a la compañía se le realizaban unas pruebas físicas para conocer su aptitud y, a continuación, un periodo de instrucción específico tras el cual se les entregaba la boina verde.

Durante estos años se efectuaban dos marchas de compañía, la “marcha larga”, como se conocía. Una se iniciaba en Pontecesures (Pontevedra), justo en el límite con la provincia de La Coruña, separadas por el río Ulla. La otra, en la estación de Oroso-Villacid, cerca de Sigüeiro (La Coruña). Ambas finalizaban en El Cumial.

La supervivencia se llevaba a cabo en la isla de San Martín, la situada más al sur en el archipiélago de las Cíes. El traslado en barco desde la Escuela de Transmisiones y Electricidad de la Armada (ETEA), en el dragaminas Navia, y el traslado a tierra en embarcaciones neumáticas con motor por personal del barco.

La fase de agua se realizaba en Panjón en la ría de Baiona; el campamento se montaba en los terrenos de la batería de Costa de Monterro. Las prácticas en agua se efectuaban en las playas de Panjón, América y Patos.

La mayoría de las salidas mensuales de compañía se realizaban en la provincia de Orense; para las cercanas, el traslado era a pie, ya que la compañía solo tenía un camión Reo; para las lejanas, se marchaba en tren hasta la estación más cercana a la zona donde se montaba el vivac.

El llamamiento que se incorporó en abril de 1978 tuvo una entrada en la compañía diferente: el mismo día de su incorporación, se les entregó el equipo y, por la noche, se realiza el traslado a pie a Castro de Beiro (Orense), a una distancia de unos 20 km, al llegar a la zona de vivac, se procedió al montaje del campamento, desayuno y, a continuación, pruebas físicas. En este llamamiento vino forzoso un ATS, pero se aplicó el mismo trato que a los demás. Recuerdo que me decía: “Mi sargento, que yo no puedo, que tengo 25 años”, y yo le dije: “25, los mismos que yo, así que puedes más que ellos”. Meses después, cuando realizamos la “marcha larga” además de la mochila llevaba la bolsa de sanitario, en los altos dejaba la mochila y preguntaba a sus compañeros si necesitaban alguna atención por parte de él y me decía: “Tenía Vd. razón, mi sargento. Puedo más que ellos”.

En mi época, las salidas cercanas eran a Merca (dos salidas), Junquera de Ambía, Castro de Beiro y Luintra. Las lejanas a Viana del Bollo, Sobradelo y Osera.

En el mes de marzo de 1978 me trasladé con un pelotón a Vigo, a la zona de Monte Alba, cerca de Valladares, para participar en unas guerrillas con el Regimiento Murcia 42. Acampamos en el bosque cerca de unas viviendas. Llovía, todos los días. Reconocimos toda la zona de operaciones y, el día anterior al comienzo, el propietario de la casa que teníamos más cerca nos ofreció el bajo de su vivienda para que nos alojáramos. Fue una suerte, pues varios días en el campo mojados, sin un lugar donde refugiarse, resultaba muy comprometido.

En esas guerrillas me dieron la orden de capturar al jefe de la contraguerrilla, en el campamento donde se encontraba situado entre una carretera y el río Zamanes. Desde la otra orilla del río, se divisaba bien todo el vivac donde destacaba la tienda de campaña del jefe. Después de una minuciosa observación localizamos los puestos de seguridad, los relevos de los centinelas y dónde se encontraba el cuerpo de guardia. Tras analizar la situación, me di cuenta de que la única forma de capturar al jefe era introducirnos en el campamento y meternos en su tienda y esperar a que llegase. A media tarde, cuando los centinelas estaban relajados, cruzamos el río utilizando los árboles de las orillas, ya que las ramas se entrecruzaban entre ellos.

Al alcanzar la otra orilla, tuvimos que neutralizar un soldado que bajaba hacia el río para realizar sus necesidades. Quedó custodiado por dos guerrilleros y seguimos adelante. Luego, reptamos hasta introducirnos entre las tiendas de los soldados en dirección a la del jefe. Todo ello sin problemas, pues los centinelas estaban sentados y relajados. Por desgracia, cuando nos encontráramos a unos 10 metros del objetivo, comenzó a llover y los centinelas se levantaron y aparecieron más soldados que iban a cerrar sus tiendas y nos descubrieron. A partir de ahí, salimos corriendo en dirección opuesta por donde habíamos entrado y no fueron capaces de seguirnos. Nuestro enemigo fue la maldita lluvia. Una lástima, pues imaginaros la cara que hubiera puesto el jefe de la contraguerrilla si entra en su tienda y se encuentra dentro con la guerrilla.

En un mes de junio, tres sargentos de la compañía colaboran en la extracción de un vehículo que había caído al embalse de Velle, ya que los bomberos de Orense no tenían personal preparado para el uso de equipo de buceo necesario para enganchar el cable de la grúa. Los dos ocupantes del vehículo estaban dentro.

Ya en 1979, en unas guerrillas con la BRIAT en la zona de Puente Carreira, mandaba una sección donde estaba el sargento Barrientos. El último día de ejercicios, estaba previsto efectuar una ruptura de cerco. La compañía estaba en la ermita de la Mota, a la espera del capitán “Wily”, agregado para estos ejercicios, pero no llegaba para presentarse al general jefe de la BRIAT. A la hora de comenzar el ejercicio, tuvo que dar novedades el sargento Candal. Después, cuando acabo todo, nos enteramos de que el capitán había sufrido un accidente con salida de la carretera con el Willy de la compañía. Hace unos años en una comida en Orense con antiguos miembros del Zamora 8 y de la COE, recordaba ese accidente diciendo: “Nos salimos de la carretera en una curva, debido a la lluvia, y volcamos. Yo no sabía que hacer, pero el conductor, Heredia, salió disparado, me agarró por los hombros y me sacó de debajo del Willy”.

Como anécdota, durante una salida de protección de objetivos en la zona de Porto do Son (La Coruña), se estableció conexión con un AN/PRC-77 con el pelotón destacado en Monte Meda, en O Rodicio (Orense), a una distancia de 120 km, pues por casualidad habíamos puesto la misma frecuencia. Eso sí, ambos equipos estaban en puntos elevados.

No olvidaré jamás mis años en la COE 81 con unos oficiales y suboficiales ejemplares y muy profesionales y unos magníficos guerrilleros, sacrificados, capaces de todo, los mejores soldados que he mandado.

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