Vicente Bataller, general de brigada (retirado)

 

La Escuela Militar de Montaña.

       En 1924, al crearse doce batallones de cazadores de montaña, se plantea el problema de su instrucción. Para remediarlo, en 1930 se imparten en Guadarrama los primeros cursos de esquí. Durante la guerra civil, el bando nacional organiza unas patrullas de esquiadores en Sierra Nevada y batallones de esquiadores en Guadarrama y los Pirineos, unidades que fueron disueltas al acabar la contienda.

Con el recrudecimiento de la Segunda Guerra Mundial (SGM) y para proteger la frontera pirenaica, se forman en 1943 ocho agrupaciones de montaña en las que, en cada batallón, figura una sección de esquiadores. A partir de 1944 comienzan los primeros cursos de esquí en Guadarrama y Candanchú y más tarde en Canfranc.

Este notable aumento de las unidades relacionadas con la montaña hizo necesaria la creación de un centro de formación especializado en este medio, y así nace el 12 de octubre de 1945 la Escuela Militar de Montaña (EMM), ubicada en Jaca (Huesca). Diez años más tarde, concretamente durante los años 1955 y 1956, se desarrollan cursillos de «guerrillas y unidades especiales» dentro de la programación para obtener el diploma de montaña (esquí-escalada), de dos años de duración. Debido a los satisfactorios resultados obtenidos se piensa en la posibilidad de crear este tipo de unidades en una nación acostumbrada desde siempre a la guerra irregular, que precisamente dio el nombre a este tipo de lucha, la «guerrilla».

 Es evidente que no solamente en España, sino en muchos otros países, las primeras unidades de operaciones especiales basaron sus procedimientos de lucha copiando, de algún modo, la forma de actuar y combatir de los guerrilleros españoles. Cuando en 1956 la EMM propone a la superioridad impartir un curso de capacitación para el mando de unidades de «guerrilleros», este término llevaba 148 años incorporado a los vocabularios de todo el mundo desde que, a partir de 1808, en la guerra de la Independencia los franceses inventaron esta palabra denominando «petit guerre» a la organización para combatir a los «brigands», esto específico es, a las partidas y cuadrillas españolas. Este vocablo se popularizaría con el tiempo en «guerrilla», llamando a sus componentes «guerrilleros».

Antecedentes

Pero si los españoles fuimos los inventores de la guerra de guerrillas, los británicos, presentes desde hacía siglos en gran parte de los conflictos de la vieja Europa y protagonistas de muchas guerras coloniales, no podían por menos que depararnos con la primacía mundial en la creación de unidades de OE. Con ellas se pretendía hacer frente a la guerra irregular, o bien, actuar sobre la retaguardia enemiga para producir mucho daño a cambio de un ínfimo coste. Gran Bretaña, se aprovechó de su privilegiada situación insular, que la alejaba del escenario bélico terrestre durante la SGM, y convirtió su territorio en un inmenso portaviones para las tropas procedentes del continente americano, plataforma ideal, no solo como base logística y campo de entrenamiento aliado, sino también como escuela de comandos.

En efecto, al primer regimiento Special Air Service (SAS), creado inicialmente para desorganizar la retaguardia alemana en el escenario bélico africano, se le unieron fuerzas disgregadas de los países invadidos, Francia, Holanda y Bélgica, hasta formar una Brigada de Comandos. Norteamericanos y canadienses siguieron este ejemplo e instruyeron en Inglaterra unidades de este tipo para actuar, conjuntamente

con el resto de sus aliados, mediante saltos sobre el continente o con infiltraciones por sus costas para abrir el camino a las fuerzas convencionales. Por su parte, la Royal Marine organizó en esta misma época sus propios comandos, hoy representados, por el Special Boat Squadron (SBS), progenitores de las operaciones especiales de las Armadas occidentales.

Finalizada la SGM, el SAS británico serviría de cuna para que otros países crearan unidades similares en sus fuerzas armadas, mediante la instrucción de cuadros de mando y el traspaso de la experiencia adquirida. Este es el caso del SAS de Nueva Zelanda, el SAS de Australia, el SAS de Bélgica (luego denominado I Batallón paracaidista) o el escuadrón Helios Lokos griego. Del mismo modo, muchas Armadas pusieron sus ojos en el SBS a la hora de organizar sus comandos.

Conviene recordar que tras finalizar la SGM, con la aparición de los nuevos conceptos de guerra total y guerra atómica, y el temor a una lucha generalizada con destrucción masiva, aumentó el valor de la agresión indirecta, mucho más económica, tanto en vidas humanas, como en material bélico y soporte logístico. Por otro lado, con la subversión, la revolución y el renacimiento de movimientos de resistencia, sobre todo en países subdesarrollados de Hispanoamérica, África y el Este asiático, las guerrillas vuelven al primer plano mundial. Para contrarrestarlas se crean unidades especialmente instruidas.

Sirva de ejemplo que los Ranchers norteamericanos, disueltos en 1945 al finalizar la SGM, son reactivados durante la guerra de Corea (1950-53). En Fort Bragg (Carolina del Norte) se crea en 1952 el Special Force Group; sus hombres muy pronto serán conocidos como los boinas verdes, famosos por su intervención en la guerra de Vietnam. Más tarde, en 1962, la US Navy organiza los Sea Air and Land (SEAL).

La partida de nacimiento

España, no ajena a lo que acontecía en el panorama internacional, opta por seguir los pasos de otras naciones, encabezadas por la que ejercía el liderazgo occidental, Estados Unidos. La escuela de Jaca es el lugar ideal para acometer la empresa de la creación de un nuevo y diferente curso, una nueva especialidad. Se dispone de los medios, del profesorado y de una limitada experiencia en las nuevas materias impartidas. La partida de nacimiento del curso la tenemos en un escrito del coronel director de la EMM dirigido el 21 de junio de 1956 al jefe del Estado Mayor Central (EMC) del Ejército:

«Excmo. Sr, como consecuencia de los satisfactorios resultados obtenidos al finalizar los cursillos de guerrillas y unidades especiales, efectuados en los años 1955 y en el actual, se ha podido apreciar por este centro, las grandes posibilidades de que dispone esta escuela para la formación, instrucción y adiestramiento de pequeños grupos, integrados por personal

escrupulosamente seleccionado, y que organizados desde tiempo de paz, pueden llevar a cabo, en su día, la realización de las arriesgadas y delicadas misiones que el mando considere oportuno encomendarles…

Como la organización de las citadas unidades se considera deben ser en base a oficiales, suboficiales y cabos primeros, en número aproximado de ocho por unidad, elegidos entre los que se presenten con carácter voluntario por reunir las debidas condiciones, tanto físicas como temperamentales, se podría, durante el desarrollo de los cursos normales de esquí-escalada seleccionar, con grandes garantías de seguridad, a los alumnos que reunieran las condiciones prefijadas, los cuales realizarían en el año siguiente un curso completo encaminado a la total formación como integrantes de unidades especiales…

Lo que tengo el honor de elevar a la consideración de VE, por si merece la propuesta su superior aprobación».

El I Curso de Guerrilleros

       A modo experimental, del 14 de enero al 14 de diciembre de 1957 se desarrolla en la EMM el primer curso de aptitud para el mando de unidades de guerrillas, que se divide en dos fases, con un intervalo de dos meses de descanso en verano. Se piensa que la montaña es el marco ideal para la lucha de guerrillas. Por ello, tanto en este primer curso como en los cuatro siguientes, se exige el diploma de esquí‑escalada para poder presentarse al curso de guerrilleros. De este modo los mandos son reclutados inicialmente de entre los destinados en las unidades de montaña y en la misma EMM. A modo de curiosidad, para el II Curso se seleccionan un teniente y dos sargentos montañeros que se vieron obligados a pasar 20 horas amarrados a un tronco saliente de una pared vertical del Pico del Águila de Rioseta, con una noche incesante de lluvia por medio, hasta recibir el auxilio de las patrullas de rescate. El temple y capacidad de aguante demostrados fueron pruebas de fuego para su ingreso directo al curso.

Para el primer curso se seleccionan un total de quince alumnos: un capitán, cinco tenientes, cuatro sargentos y cinco cabos 1º, entre los que, además de reunir las condiciones citadas anteriormente, demuestren poseer una aptitud física excepcional, temperamento adecuado para las misiones que han de desempeñar y una despejada inteligencia. Sin menospreciar estas dos últimas cualidades, la que más peso específico tiene para la designación

aspirantes es su condición física, de tal forma que para este primer curso se eligen auténticos atletas. Asimismo, se considera conveniente que todos los alumnos reciban la misma formación de las distintas técnicas especiales, de modo que la baja de un hombre en el cumplimiento de una misión no sea una grave pérdida para la unidad.

  Por problemas de coordinación, el curso de paracaidismo se realiza al año siguiente, al que se le dedica en su lugar más tiempo a otras materias, entre ellas, las reptadas kilométricas que jamás podrán olvidar aquellos primeros alumnos. Otras machadas propias de un curso experimental son suprimidas en años sucesivos, como el lanzamiento desde lo alto de una torre o edificio a una lona circular sostenida por compañeros al estilo bombero, con el consiguiente rebote y proyección imprevisible, que se suspende por el alto riesgo de lesiones que produce.

  La falta de profesorado se resuelve, al no existir en España diplomados en OE, con el desempeño de estos cometidos por arte de los profesores de montaña o incluso, en ocasiones, por los propios alumnos, que enseñan las materias en la que más destacaban. Respecto a la escasez de medios, éstos se suplen por un entusiasmo y una moral fuera de lo común. La doctrina inicial se basa en los manuales guerrilleros de otros países, principalmente el norteamericano y el griego. En sucesivos cursos, estos aspectos se solucionan por la experiencia adquirida por el personal docente, ya titulado, que profundiza cada vez más en las diferentes disciplinas, toma contacto con otras escuelas militares y recopila una mayor bibliografía.

 

Los ocho primeros boinas verdes

La primera concesión de títulos para el mando de unidades de guerrilleros, firmada el 2 de septiembre de 1958 por el ministro del Ejército, general Barroso, la reciben siete alumnos de los quince que lo han iniciado, son los primeros guerrilleros: capitán D. Francisco Courel Fernández, tenientes D. Alfonso Gómez Agüera, D. Rafael Morenza Orduña, D. Javier Calderón Fernández, D. Ángel Jiménez Baranda, D. José Incera Montes (de ingenieros) y sargento D. Agustín Sáenz Sáenz. Dos años más tarde, el 6 de mayo de 1960, tras realizar el curso de paracaidismo que tenía pendiente, otro de los alumnos del I Curso también obtiene la aptitud, el sargento D. Javier Rodríguez Malet.   

De estos diplomados, tres (Couriel, Gómez Agüera y Baranda) se constituyen en profesores del II Curso.        

A partir de este curso empiezan a asistir cuadros de mando extranjeros, en este caso, un teniente británico y un teniente y un sargento griegos. Las dos fases del primer plan de estudios experimental se convirtieron, con el tiempo, en fase básica, de paracaidismo, de nieve, de visitas a instalaciones, de combate, de supervivencia, de agua y ejercicio fin de curso.

El 24 de mayo de 1960, en la misma orden ministerial en la que se aprueba el distintivo de guerrillero, se dictan normas sobre las materias a impartir en el curso de guerrilleros; se observa que prevalecen los conceptos de guerrillas y subversión:    

«Contribuir a la organización, especialmente en la retaguardia enemiga, del movimiento guerrillero, prestando el apoyo preciso para la instrucción, así como el asesoramiento técnico necesario para el abastecimiento y adecuado empleo del armamento, material y equipo que se les pueda proporcionar a estas fuerzas… Contribuir a la organización de la guerra de tipo psicológico y subversiva en la retaguardia enemiga. Actuar por sí mismos, organizados en grupos especiales, para ejecutar las diversas misiones de información, golpes de mano, sabotajes, etcétera, en la retaguardia enemiga…»

 

La dureza del curso   

La dureza del curso se afianza en esta década de los años sesenta, y permanece invariable a lo largo de los años posteriores. De las palabras pronunciadas por comandante jefe del VI Curso con motivo de la apertura del mismo, extraemos algunas frases que nos dan una idea de cuáles eran los criterios que imperaban en los profesores y qué les esperaba a los alumnos:

 «En primer lugar, no puedo prometerles un

curso descansado, pues ya saben todos que éste es muy duro y difícil, pues también son arriesgadas y difíciles las misiones para las cuales intentamos capacitarles. Bien es verdad que muchas veces se les someterá a una presión excesiva y que se les hará muy dura la labor, pero más dura es la guerra y sobre todo las misiones que a ustedes les corresponderán en ella. Nosotros pretendemos que se acostumbran a todo para que luego no le sorprenda ninguna de las penalidades y contrariedades de la lucha y aprendan a vencerlas con buen ánimo y adquieren la firme convicción y superioridad moral de que para un guerrillero no hay nada imposible, ni difícil o sorprendente…

 

Las misiones serán variadas y muy difíciles. Para estar en condiciones de superarlas es preciso poseer unas cualidades técnicas, intelectuales, físicas y morales extraordinarias. La lucha cuerpo a cuerpo, el paso de obstáculos, las

marchas forzadas, el hambre, el sueño, la fatiga, etc., serán el pan nuestro de cada día en estas misiones especiales… Durante el curso serán calificados por la forma que resistan la fatiga en circunstancias agotadoras imprevistas. Por ejemplo, no les extrañe que después de un día de trabajo duro, cuando estén casi agotados y esperen ir a casa descansar, les ordene coger la mochila y les tenga toda la noche andando… Les pido mucho y a cambio no les puedo prometer más que, como dijo Garibaldi, hambre, sed, frío, cansancio y …que al final estarán orgullosos de ser guerrilleros».

En 1965, tan sólo ocho años después del I Curso de Guerrilleros, éste cambió su denominación por el de Mando de Unidades de Operaciones Especiales, si bien, la palabra «guerrillero» ha permanecido vigente, a modo de apelativo cariñoso, en los mandos diplomados y en la tropa destinada en UOE.

 

 

2 comentarios

  1. Estimados señores, ante todo, enhorabuena por esta web, en la que queda patente el espíritu guerrillero del soldado español.
    Tengo una duda, en lo que respecta a la creación de las unidades guerrilleras (prefiero esta denominación), en la EMM, pues hay algo que no me cuadra del todo.
    Leo en la entrevista, “La falta de profesorado se resuelve, al no existir en España diplomados en OE, con el desempeño de estos cometidos por arte de los profesores de montaña o incluso, en ocasiones, por los propios alumnos, que enseñan las materias en la que más destacaban. Respecto a la escasez de medios, éstos se suplen por un entusiasmo y una moral fuera de lo común”.
    “España, no ajena a lo que acontecía en el panorama internacional, opta por seguir los pasos de otras naciones, encabezadas por la que ejercía el liderazgo occidental, Estados Unidos.”

    Bueno, creo que España era líder indiscutible en una formación milenaria en guerra de guerrillas.

    Comprendo que no existiesen “mandos de los futuros mandos” en una escuela de reciente creación, pero…, que yo sepa, existía un gran material didáctico y formativo procedente de la Escuela Guerrillera de Toulouse, donde se formaban los guerrilleros también españoles, de la guerrilla antifranquista.

    Manual de Tácticas Guerrilleras
    Índice de Programa de Tácticas Guerrilleras
    (Escuela Guerrillera de Toulouse, 1 de marzo de 1946)

    http://paisajesdelaguerrilla.blogspot.com/2010/03/manual-de-tacticas-guerrilleras.html

    Así como hubo unidades guerrilleras en el ejército de la República:http://florentinoareneros.blogspot.com/2012/02/la-guerrilla-en-la-guerra-civil.html

    Mi pregunta es, para la elaboración de los planes de estudio y formación, se tuvo en cuenta a estas fuentes?.

    Sin otro particular por mi parte, un cordial saludo.

    Miguel Ángel Villoslada Molina

  2. Atendiendo a la pregunta de la opinión precedente sobre «elaboración de los planes de estudio y formación», en mi modesto parecer o al menos durante el reemplazo 1974/75 de la COE 22, a la cual pertenecí, no se aludió a ninguna fuente o fuentes procedentes de Toulouse. Saludos cordiales para todos.

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