Manel Carbó Lancharro guerrillero de la UOE 13
La tragedia golpeó fuerte y sin aviso. Las lluvias torrenciales de la DANA devastaron una gran zona de la Comunidad Valenciana, dejando un paisaje de destrucción y luto en su estela. Inundaciones que atraparon vidas y hogares en cuestión de minutos, quebrando la rutina diaria y sumiendo a cientos en el caos. En medio de esta tormenta, y cuando el agua empezó a descender, surgieron figuras que en tiempos pasados se movían en silencio y disciplina: los veteranos boinas verdes.
Para estos hombres y mujeres que en su día portaron la boina verde, símbolo de una vida de entrega y sacrificio, cada nueva emergencia revive una chispa que se creía dormida, pero que nunca se extingue del todo. En su juventud, forjaron sus vidas en el compromiso, en la entrega absoluta a sus compañeros, en la fuerza moral de los valores que representaban. Años después, aunque la vida les haya llevado por otros caminos, aquella boina que una vez se calaron sigue siendo una promesa viva.
Lo que representa esta misión para un veterano boina verde, ya sea tropa o mando, es mucho más que ayudar en una emergencia; es la reafirmación de lo que son, de lo que siempre serán. Ellos no olvidan la mística que los llevó a convertirse en parte de un cuerpo de élite: la responsabilidad, la abnegación y, sobre todo, la solidaridad. No es solo el deseo de servir, sino el impulso de estar ahí, de ser esa mano tendida que sostiene al caído. En el dolor de otros, encuentran el propósito que los moldeó en sus años de servicio.
En el desastre de la DANA, muchos de ellos se movilizaron de inmediato. Dejaron atrás sus vidas cotidianas, tomaron la mochila y se adentraron en los terrenos que conocen bien, aquellos donde cada metro puede convertirse en un reto de vida o muerte. No es una decisión fácil, pero tampoco es una decisión; es instinto, uno aprendido en las largas marchas, en las noches de guardia y en la convicción de que la boina verde es un símbolo de ayuda incondicional.
El trabajo de estos veteranos no se distingue en uniforme o en alardes. Los encuentras junto a los voluntarios locales, trabajando hombro a hombro con bomberos y equipos de rescate. No buscan destacar; su misión es levantar, ayudar y sostener, sin importar el peso o la dificultad. La Federación de Asociaciones de Veteranos Boinas Verdes de España apoya y organiza estos esfuerzos, y el sentido de pertenencia sigue siendo una fuerza que les mueve a actuar de manera silenciosa, pero efectiva.
¿Qué mueve a un veterano a adentrarse en un lugar devastado por la naturaleza cuando podría estar en casa, seguro y cómodo? Mueve la memoria de los compañeros que quedaron en el camino, de los que enseñaron a no abandonar nunca, a no dejar a nadie atrás. Mueve el respeto por un uniforme que no se borra con la vida civil, que se lleva en el alma como una segunda piel. Mueve la necesidad de ayudar en el silencio de una misión que no requiere galardones ni honores, porque el reconocimiento más profundo es el que se da uno mismo cuando sabe que ha respondido al llamado.
Para estos hombres y mujeres, llegar a un lugar golpeado por la tragedia, ver a personas en situaciones de vulnerabilidad extrema y saber que pueden marcar una diferencia, es el cierre de un círculo. Es el testimonio de que sus años de entrenamiento y su vida de entrega no fueron en vano. Ser boina verde no es un capítulo del pasado, sino un compromiso eterno. Cuando la DANA golpeó Valencia, fueron ellos quienes recordaron al país y a sí mismos que, aunque retirados, el espíritu de servicio permanece tan firme como aquella primera vez en que se calaron la boina.
En este paisaje de lodo y lágrimas, los veteranos boinas verdes se han convertido en un símbolo de esperanza, de valor silencioso y de compromiso sin final. Porque su misión, como siempre, es llevar la paz donde reina el caos y la ayuda donde no llega nadie más.