Realizada por el Tcol. A.  Luis Vicente Canela

Como muchos hijos de militares de su generación, nació en África, en la ciudad de Tetuán, capital del antiguo Protectorado de España en Marruecos, un 28 de noviembre de 1933. En su haber, además de muchos otros destinos, está la fundación de la COE 22 y el mando del GOE I. Entrevistamos hoy al coronel Tomás Varela.

Mi padre estaba destinado como teniente en el Grupo de Regulares Tetuán nº 1. Desgraciadamente, durante la Guerra Civil muere en combate en las operaciones de la carretera de La Coruña, en su segunda fase, entre Pozuelo de Alarcón y Aravaca, el día 7 de enero de 1937, por lo que me quedé huérfano a la edad de 3 años. En 1940, con apenas siete años, ingreso en el colegio de Nuestra Señora del Pilar, hermanos Marianistas; allí transcurre mi infancia y juventud. Tras esta etapa me preparo para la Academia General de Zaragoza, donde ingreso el 10 de junio de 1954 y paso a formar parte de la XIII Promoción.

Adquiere usted el grado de teniente en 1958 y su primer destino es un regimiento con mucha solera: nada menos que el Soria 9.

En Sevilla. Ahí empieza mi experiencia militar. Asisto al campamento de reclutas y pruebo en la IPS de estudiantes en Montejaque, en Ronda. Pero el 7 de enero de 1962 me incorporo a la Escuela Militar de Montaña para realizar el VI Curso de Guerrilleros. Lo termino en marzo de 1963, tras el curso de paracaidista, que, entonces, era la tercera fase.

Sin embargo, la COE tardaría todavía un poco en llegar, y en esa época deja momentáneamente el Ejército y pasa usted unos años en la Policía Armada.

Fue en mayo de 1966. La verdad es que me vi obligado por unas desavenencias con un teniente coronel (la cuerda se rompe siempre por la parte más floja). Allí permanecí hasta mi ascenso a capitán en 1968. Solicité el Granada 34, en Huelva, sabiendo que estaban a punto de salir las vacantes de las COE. Pedí las siete que salieron y el 6 de agosto de 1969 me asignaron el mando de la COE 22, con el honor añadido de ser el fundador de la misma. En ella permanecí hasta mi ascenso a comandante en mayo de 1978.

Es difícil de entender hoy en día lo mucho que costó abrir el camino de las unidades de OE (entonces de guerrilleros), y la tarea ingente, y muchas veces desagradable, a la que se enfrentaron sus primeros capitanes.

No fue, efectivamente, una tarea fácil. La nueva unidad se ubicaba en Huelva, en el regimiento Granada 34, perteneciente a la BRIDOT II; eran unidades que tenían como misión lo que entonces se denominaba “Defensa Operativa del Territorio”.  

La dependencia de la COE del regimiento, era exclusivamente económica y logística, pero nunca táctica. En este punto surge el primer problema, pues intentaron que la COE 22 fuese una compañía más del regimiento. Aunque el conflicto se prolongó en el tiempo, la parte más dura fue al principio. En honor a la verdad tengo que decir que hubo épocas de sosiego cuando se producía el cambio de los coroneles que mandaban el regimiento.

Me asignaron dos naves antiguas y en mal estado. Las equipamos con muchas dificultades, pues el regimiento hizo caso omiso de la Orden de Fundación negándose a proporcionarnos el dinero suficiente para despachos, camas, taquillas, mobiliario etc. Gracias a mis amistades en la 4ª sección de la Capitanía General de Sevilla, fuimos adquiriendo material, aunque no llegamos a tener algo decente hasta pasados tres años.

¿Cómo recuerda aquellas primeras salidas al campo?

Pues mira, con decirte que la comida la hacíamos con una olla cañonera y cuatro sartenes viejas; el plato de la tropa era un jarrillo de aluminio y nada más. En esas condiciones había que empezar a formar operativamente a la unidad. Pero voy a dejar de quejarme, porque, aunque fuimos pobres siempre, todo salió adelante, eso sí: a trancas y barrancas.

La salida al campo le daba la vida a la unidad, allí preparábamos todo lo que nos era negado en el regimiento. Mi gran preocupación fue siempre velar por el bienestar de los componentes de la COE, ya que carecíamos hasta de lo más básico: indumentaria para educación física y defensa personal, alimentación adecuada para gente con un gran desgaste físico, uniformes (solo tenían uno) y ni te cuento las botas destrozadas de tanto zapatazo para preparar la Jura de Bandera, que parece ser era lo único que interesaba. En resumen, fue una lucha constante con el regimiento, su coronel y algún que otro compañero.

El programa se hizo sobre la marcha; tocamos todos los palos ya que el territorio era propicio y las ilusiones todas. La mayoría de los mandos fueron leales a la unidad y yo particularmente no puedo estar más agradecido.

La parte positiva era que disponían de un escenario inigualable para ejercicios y maniobras.

La Segunda Región Militar abarcaba las provincias de Sevilla, Córdoba, Cádiz y Huelva, más Badajoz Con la COE 21, dividimos el territorio en dos zonas separadas por el río Guadalquivir. Como dije, el regimiento carecía de medios para el entrenamiento por lo que tuvimos que dejar la parte más dura para las salidas al campo y elegir la zona que mejor se adaptase a las necesidades. Las provincias de Huelva y Cádiz eran las más propicias pues tenían una gran variedad de terreno. Un ejemplo eran la sierra de Aracena y los pueblos blancos de Cádiz. Teníamos la totalidad de la frontera con Portugal desde Ayamonte hasta Badajoz con cercanía a Elva. Las playas de toda la costa, una presierra o sierra media en Valverde del Camino, la zona minera de Río Tinto y unos bosques en la zona de Hinojos, considerado lo mejor en repoblación forestal, además del Coto de Doñana. Así que salíamos por toda la región, dando preferencia a las sierras por sus condiciones favorables a la instrucción.

Hay quien atribuye a aquella precariedad de medios, que hacía que mandos y tropa vivieran las mismas vicisitudes y penalidades, el enorme espíritu de unión de todos los que han llevado la boina verde.

Mandos y tropa éramos una piña. Ahora se ve la cantidad de asociaciones que proliferan por toda España, con gente orgullosa de haber hecho el servicio militar en unas unidades diferentes. Es cierto que el material necesario tardó mucho en llegar, pero, finalmente, se consiguió.

Luego, un “descuido”, de esos tan típicos en el ejército, lo manda a la Coruña, aunque por poco tiempo.
Pues sí. La vida sigue y el 4 de mayo de 1978, durante unas maniobras de guerrilla contra la Brigada Paracaidista, me llega el ascenso a comandante. Mi vida militar sufre un pequeño parón, aunque finalmente logro un buen destino en una magnífica unidad: el batallón de carros del Regimiento Soria 9, con lo que vuelvo a mis orígenes.El ascenso a comandante lo aparta de nuevo de las OE, y, tras varias idas y venidas, termina de nuevo el Soria 9, mandando un batallón de carros.

En 1984 asciendo a teniente coronel y me quedo agregado al regimiento, pero como tú dices, en un “descuido” me destinan forzoso al Gobierno Militar de La Coruña. En él permanezco seis meses, hasta que logro destino cerca de Sevilla, en el Gobierno Militar de Huelva.

Y…Llega el Premio Gordo. Nada menos que el GOE I.

Se produce el milagro y consigo el mando del Grupo de Operaciones Especiales “Ordenes Militares” nº 1, en Madrid. Este grupo lo fundó el teniente general Evaristo Muñoz Manero, compañero de promoción, amigo mío y mi principal valedor para que me dieran el mando de la unidad, junto con el capitán general de Madrid, Gustavo Urrutia. De la noche a la mañana, paso de ser el “pobre” de la entrañable COE 22, a convertirme en un potentado. El GOE tenía de todo y le sobraba. Un ejemplo, había botellas de buceo para todos, cuando en Huelva teníamos tres que me prestaban los bomberos.

¿Fue muy diferente mandar un GOE que una COE?

En 1988 cuelga usted la boina, pero no las botas.

Bueno, ya no tienes el mismo roce con la tropa que de capitán, y se hace más lejano el trato. Pero, aunque no me corresponde a mí hablar de esta unidad, me siento profundamente orgulloso de haberla mandado desde el 23 de junio de 1986 hasta el 25 de septiembre de 1988.

Bueno, pero aquí termina prácticamente mi vida militar. Tras el XXIX Curso de Aptitud de Mandos Superiores de las Armas, me quedan dos años de vida activa; paso a la reserva y finalmente al retiro, y soy ignorado hasta nuestros días.

¿Quiere añadir alguna otra cosa, mi coronel?

Sí. Que lo interesante de esta entrevista no es mi vida, sino la COE 22; en lo que respecta a ella me dejo mucho en el tintero: cómo fueron los que formaron esa unidad, todos los oficiales y suboficiales destinados en ella. Más de mil anécdotas y los logros conseguidos, que fueron muchos, pero no puedo plasmarlo aquí porque no acabaría nunca.

Quiero terminar recordando al teniente Fidel Dávila Garijo, que murió en un atentado de ETA en la calle Vitrubio de Madrid, y por el que sentía una especial predilección.

Muchas gracias, mi coronel, en nombre de la revista Boina Verde, por haber plasmado sus recuerdos para que no se pierdan, y aquellos que hoy llevan la misma boina que llevaron ustedes, sepan lo duro que fue abrir el camino de las Unidades de Operaciones Especiales.

 

2 comentarios

  1. Estuve en la COE 22 de Huelva, reemplazo 1974/75. Dice el entrevistado que tuvo el “honor añadido de ser el fundador de la misma”. Para mí, el honor ha sido tenerle de capitán y haberle podido cantar a coro una canción llamada “En la COE de Tomás” (su letra está publicada en el cancionero de nuestra Web y, tiempo al tiempo, espero que pronto tenga incorporado su audio correspondiente). Dejo constancia: que conservo un grato recuerdo, de por entonces, de mi capitán Varela. Muchas gracias al entrevistador por este magnífico artículo y al Equipo Técnico de la FEDA por publicarlo en la web. Saludos cordiales para todos

  2. Yo serví en la Unidad de Plana Mayor y Mando del GOE I en 1.987-88 y mantuve un trato bastante frecuente con él entonces Teniente Coronel don Tomás Varela Gómez. Siempre destacó por su amabilidad de trato y gran educación. Creo recordar que tenía entonces 53 años y le oí comentar alguna vez que el empleo de coronel sería su último grado en el Ejército. Recuerdo con especial cariño que, durante la Patrona de Infantería de 1.987, nos organizó un conjunto de casetas como las de la Feria de Abril de Sevilla, donde la gente se lo pasaba en grande. Gratos recuerdos los de aquella gloriosa época, sin duda.

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