Entrevista al Coronel Avelino Valdés López

Antiguo capitán fundador de la COE 72 (1966-70) y jefe de la COE 71 (1970-76)     

Realizada por el Teniente Coronel. A.  Luis Vicente Canela  

A juzgar por lo que me relata durante la entrevista, el coronel Avelino Valdés López debió ser —seguramente lo es todavía— todo un carácter. Pertenece a la XI Promoción de la AGM, a la que se incorporó en septiembre de 1952 y con la que se puso las estrellas de teniente el 15 de diciembre de 1956. Hoy vive en Asturias, en Nueva de Llanes, y los recuerdos de la época en la que se fundaron las UOE siguen muy vivos en su memoria.

Mi coronel, nace usted en Oviedo en un momento particularmente trágico de la historia de Asturias y de España.

Pues sí. Vengo al mundo en plena Revolución de Octubre de 1934. Y, con tan solo un año y medio, padezco los horrores de una guerra civil, una familia de clase media rota y con su casa derruida a cañonazos, lo que nos obliga a buscar refugio entre nuestros familiares. Afortunadamente, la hermana pequeña de mi madre y su marido (estaba casada con un oficial de Ingenieros), que eran mis padrinos de bautismo, dieron calor y rumbo a mi vida.

Recorre después varias ciudades españolas recalando, finalmente, en Valladolid.

Sí. Vivimos en Bilbao, Oviedo, Salamanca y Valladolid. En esta última estudié el bachiller y comencé la preparación para ingresar en la Academia General Militar, en la que ingresé en mayo de 1952.

Sin embargo, antes de ponerse la boina verde, se puso usted la boina negra de las unidades paracaidistas.

Verás, es que mi tío y padrino estaba destinado en Sidi Ifni y mis vacaciones veraniegas, siendo ya alférez de Infantería, las pasaba yo allí. De hecho, en el año 1955 compartí mesa en el Casino Militar de la Plaza, con el jefe y fundador de la 1ª Bandera Paracaidista, el comandante Pallás, que estaba reconociendo el terreno ante la inminente problemática que se avecinaba. Así que, sí, antes de recibir el despacho de teniente, ya me sentía «paraca».

En diciembre de 1956 se incorpora, con el grado de teniente, al Regimiento Milán nº3.

El quince de diciembre exactamente. Y fui destinado a la 5ª compañía de máquinas. Allí, me percaté que entre la VI Promoción y la XI, no había ningún «Galvis» -el general Galvis fue el que creó la primera AGM, todos los oficiales de las tres primeras épocas arrastraban el sobrenombre de «Galvis»-  tan solo algún «desecho de tienta» de provisionales -llamados «garabiteños», por el vértice Garabita, que es el lugar de Madrid donde se reunían para celebrar sus hazañas durante la guerra civil- y tenientes de complemento procedentes de la IPS y, dado que era el más antiguo de la tanda de la XI recién incorporada, me designaron para el mando de la Guerrilla nº 30, al frente de la cual ejecuté algunas misiones.

Dicha guerrilla disponía de los mejores suboficiales del Regimiento: Cobreros, Lolo y otro que no recuerdo el nombre o mote. Pero creo que ni ellos, ni yo, ni el organizador teníamos un conocimiento claro de la misión.  Prueba de ello es que no recuerdo que las órdenes recibidas fuesen ni breves, ni claras, ni precisas, ni concretas. Lo que sí estaba claro era que lo que se pretendía de estas unidades era algo más que el «dónde, por dónde, cómo y cuándo» y apuntar con el punto de mira al blanco. Y ese algo, solo lo podía dar un guerrillero con una instrucción adecuada.

Para, posteriormente, regresar de nuevo al Sahara.

Bueno, la Guerra de Ifni estaba en su apogeo y era preciso reponer las bajas de la Agrupación de Banderas Paracaidistas. Se pidieron voluntarios para cubrirlas (cuatro muertes) y nos presentamos once tenientes. Yo fui uno de los elegidos.

Y es allí donde comienza su «contacto» con la boina verde.

Podría decirse que sí. En el año 1961, estando en Smara, compartíamos «cama y comida» con la 7ª Bandera del 3º Tercio. Mientras esperábamos acontecimientos por las continuas incursiones de «patrullas incontroladas» del Ejército Real marroquí, como había que mantener al personal ocupado, los oficiales tuvimos la suerte de contar con las charlas sobre guerrillas del capitán Iraizoz Castejón. Y, ya luego, en septiembre de 1962, realizo las pruebas para el Curso de Guerrilleros en la Escuela Militar de Montaña de Jaca, de la que salgo en septiembre de 1963 con el Diploma de Mando de Unidades de Guerrilleros.

Entonces ya se hablaba de que el Mando tenía la intención de crear las Unidades de OE.

Sí. Fue en las navidades anteriores, charlando en Oviedo con mis compañeros del Regimiento Milán nº 3, me entero de que en la primavera del 62 se había recibido la orden de organizar la Unidad de Operaciones Especiales nº 71. Su capitán, acosado por la climatología y por la edad, delegó el mando en un capitán recién ascendido, procedente de la Policía Armada, quien, lamentablemente, enfermó causando baja en agosto de 1963. Yo estaba próximo a ascender a capitán y pensé que era el idóneo para aquella vacante, que no obtuve hasta agosto del 70, aunque, anteriormente, en febrero del 66 estuve en la COE 72.

 

En 1964 regresa de nuevo a El Aaiún.

Sí. En enero me incorporo a la 2ª Bandera Roger de Lauria. Y, en agosto de ese mismo año, soy destinado a la Escuela de Paracaidismo Méndez Parada. Pero antes, debo realizar un curso de perfeccionamiento en la Escuela de Pau y, de camino a Francia, paso por Asturias y me entero de que mi compañero, el teniente de la 8ª compañía de la II Bandera de Paracaidista, es destinado forzoso al Centro de Reclutamiento y Movilización de Oviedo y será él quien ostente el mando de la COE 71. Intentó en dos ocasiones hacer el curso en Jaca, pero, lamentablemente, no lo consiguió.

A principios del año 65 asciende a capitán.

Y me dan el mando de la 2ª compañía, que se trasladó a Murcia desde Jerez para formar el embrión de lo que más tarde será el Batallón de Instrucción Paracaidista, aunque yo no me incorporé hasta octubre de ese año.

Y es entonces cuando se le presenta un dilema: tiene que elegir entre «paracaidistas» o «guerrilleros».

Pues es que, en enero del 66, el D.O. me sorprende con la convocatoria de una vacante de capitán para el mando de la COE 72, de guarnición en Gijón. Mis compañeros de Alcalá (donde ya se está gestando la creación de la Brigada Paracaidista), me advierten de que, si voy a despedirme de la Agrupación de Banderas Paracaidistas, no me dejarán marchar. Finalmente, opto por la novedad y me «escapo» a la COE 72.

¿Qué se encuentra al llegar a la COE 72?

La Unidad de Operaciones Especiales nº 72 pertenecía, como todas las demás, a la Defensa Operativa del Territorio, bajo el mando de un general de brigada que estaba en el Gobierno Militar, en Oviedo. Nosotros estábamos en el cuartel de Simancas, en Gijón. Recibíamos «cama y comida» de la Agrupación Mixta de Encuadramiento (AME), heredera del Regimiento Simancas y que integraba una Compañía de Destinos, un Grupo de Caballería y un Batallón Mixto de Ingenieros: semejante «engendro» sería imposible de realizar, ni adrede.

Mi coronel, me cuenta que, inicialmente, la reorganización de las UOE y su trasformación en COE se prestó a equívocos.

¡Y tanto! Un buen día se recibió la «buena nueva» de que se suprimían las UOE hasta nueva orden (al menos esto fue lo que llegó a nuestro nivel). La jefatura de la AME no perdió ni un segundo en ordenar que nos quitáramos la boina verde y mis guerrilleros se convirtieron, de golpe, en «pipis» de infantería. Si bien, posteriormente, con la publicación de la IG 165/142 de 10 de julio de 1965 del Cuartel General del Ejército, que reorganizó las Unidades de Operaciones Especiales, se crearon las COE y las aguas volvieron a su cauce; pero las «humedades y las goteras» tardarían años en recuperar su color. ¿Te puedes imaginar el poso que deja que al regresar de los «diez días de campo» mis guerrilleros tuvieran que entrar de servicio, con su capitán, oficiales y suboficiales al frente? Y no me refiero a los servicios internos de la COE.

Es verdad que muchos otros capitanes de aquella época, en la que las COE echaban a andar, me han manifestado su descontento con la indefinición de las órdenes.

Claro, y es que la IG generalizaba y «¿no exigía?», a los diferentes actores, la ejecución de las órdenes para el cumplimiento de lo dispuesto. Dicho de otra manera: los órganos inferiores responsables de su ejecución la leían y la echaban al cesto de los papeles. Nunca se recibió un programa con instrucciones concretas de cómo, por qué y para qué se tenían que instruir las UOE, así como de qué medios había que dotarlas para que pudieran ejecutarlo. Todo ello, junto al total desconocimiento por parte de nuestros mandos superiores de las misiones y del porqué de nuestras UOE, dio lugar a situaciones jocosas cuando no lamentables.

¿Cómo se enfrentó usted a esta situación inicial?

Pues hice acopio de todo lo que había conseguido asimilar y pensé que lo primero que necesitaba era definir la misión y, después, definir al guerrillero capaz de cumplirla. En cuanto a la misión, me di cuenta de que lo importante era actuar contra todo aquello que suministraba energía a las grandes unidades enemigas, a las que no podíamos detener, pero sí actuar contra toda su logística. Unidades que cuanto más avanzaban más largo era su «cordón umbilical»: ahí estaba el quid de la cuestión. En lo que concernía al guerrillero, necesitaba un «hombre fuerte», capaz de marchar durante kilómetros cargando con todo lo necesario para vivir y combatir, con conocimientos de topografía, de manejo de explosivos, conocedor de las técnicas de supervivencia y de sanidad, amén de habilidades en defensa personal para repeler​ una agresión.

«El guerrillero no combate, ni mata, (para el enemigo morir es barato, pero quedar herido es caro o carísimo), solamente rompe, destruye y huye como alma que lleva el diablo para poder seguir rompiendo donde sea menester».

Asturias es una región dura para vivir y combatir en el monte. Se lo digo como asturiano que soy. ¿Cómo enfocó esta particularidad del adiestramiento?

Adiestrase en Asturias para actuar en otros lugares es como hacerse buceador profesional para limpiar la piscina de tu casa. Nuestra zona abarcaba toda la cordillera de Picos de Europa, con la misión de controlar la ruta Hendaya-Ferrol y detener posibles desembarcos por mar en dirección a la Meseta.

¿Mantenía contacto con la COE 71? ¿Tenían los mismos problemas?

No quiero ocultarte que observaba, un tanto consternado, a mi COE «hermana», que para realizar sus salidas al campo tenía que emplear los procedimientos logísticos que la orgánica en la que estaba inmersa le permitía. No tenía capacidad de movimiento por lo que usaba para sus desplazamientos el ferrocarril de vía estrecha entre Llanes y Luarca. Otro problema, no menor, era la confección del rancho, que se hacía por escuadras, lo que restaba tiempo al adiestramiento. Y, lo más curioso, el pan se recogía a diario en la panadería de Intendencia de Oviedo y era trasladado por ferrocarril, en sacas, a la estación más cercana al lugar donde la COE realizaba sus prácticas. Finalmente, y con la ayuda del teniente coronel mayor del Regimiento San Quintín y del jefe de EM de la 7ª Región, y tras muchas vueltas y revueltas, se consiguió que el pan y la leña fueran abonados en metálico lo que aumentó, por fin, nuestra capacidad logística al poder comprar el pan en cualquier horno de la zona de actividad y confeccionar los ranchos con butano y ollas de gran capacidad de 33 plazas, ganándole así la batalla a la difícil orografía de Asturias. Si bien es verdad que hubo ocasiones en que la rigidez en el pago por parte de nuestros auxiliares conllevó altercados con los panaderos, hasta que al fin se aclaró el concepto de la «disminución autorizada de peso»: para no aumentar el cobro del kilo, este llegó a pesar (no sé si oficial o extraoficialmente) 600 gramos.

Sé que, junto con la capacidad para desplazarse, otro caballo de batalla de aquella época era el equipamiento de los guerrilleros.

 

Sí. Y mira que solo había que cumplir lo que ordenaba la IG 165/142, que en lo referente al vestuario era la doble ropa de trabajo, las botas de montaña y el doble calzado. Esto se consiguió después de que nuestro gobernador militar de Asturias, Luis Díez Alegría, que luego sería jefe del Cuarto Militar del Jefe del Estado y posterior director general de la Guardia Civil, contemplara a una COE formada en calzoncillos por no disponer de prendas secas. Era imprescindible, asimismo, el saco de dormir y una prenda, no reglamentaria, pero sin la cual en Asturias es imposible salir por la puerta del acuartelamiento: la capa mochilera. (Y, aunque parezca baladí, conseguir los fondos necesarios para que las prendas mayores heredadas de los anteriores reemplazos fueran correctamente lavadas).

En cuanto a los medios de transporte hubo muchos intentos, pero sin resultados positivos. Recuerdo en el año 1972 la sustitución del camión (un Chevrolet del año 34), por un flamante Pegaso y, también, cómo, tras un viaje al Parque de Automóviles de Valladolid, en una sola etapa, el jefe del Parque se quedó sorprendido de semejante «hazaña»; ordenó abrir el motor y se quedó asombrado de que las válvulas de escape solo mantuviesen 45º de círculo y el vehículo funcionase.

Hábleme ahora de los mandos que estaban a sus órdenes, mi coronel.

Cuando me incorporé a la 72, tan solo había un teniente, que estaba haciendo el Curso en Jaca. Los otros dos no me consta que lo hayan realizado. Respecto a los suboficiales -todos heredados del antiguo regimiento Simancas-, tan solo uno lo realizó, pero en cuanto obtuvo el título de paracaidista fue destinado forzoso a la Agrupación de Banderas Paracaidistas. Esto se llama desvestir a un santo para vestir otro. Consecuencia: no recuerdo ninguna petición para hacer el Curso Operaciones Especiales en los once años que estuve al mando de las COE. Tan solo en dos ocasiones mis suboficiales fueron llamados a Jaca para realizar un «minicurso» en la fase más elemental del mismo.

¿Qué recuerda de los ejercicios y maniobras que la COE realizó?

Lamentablemente, tan solo recuerdo «peleas» entre las COE y entre las COE y unidades de cualquier Arma; pero nunca una verdadera operación de guerrilla o contraguerrilla. Podría relatarte comportamientos simpáticos en las exposiciones donde se reflejaba lo dicho y hecho, para preparar a su unidad para la lucha contraguerrillera, pero por respeto al militar fallecido me lo callo.

¿Qué le pareció la transformación de las unidades, de las COE en GOE?

Cuando me enteré de la creación de los GOE y de la unificación de las COE de Asturias y Galicia no lo entendí, ni lo entiendo, ni lo entenderé, aunque me lo expliquen, ya que, como infante y según el chiste, con una vez que me lo expliquen no me bastará. Aunque supongo que los nuevos GOE son otra cosa.

Hablábamos antes de la dureza del clima asturiano y me contaba lo absurdo de algunas órdenes que revelaban el desconocimiento por parte del mando de esa particularidad.

Mira, en cierta ocasión, la COE 71 recibió la orden de no rozar con su presencia lugares habitados y la meteorología nos obligó a montar las lonas de dotación. Como consecuencia fue necesario ingresar en el Hospital Militar de Oviedo a diecisiete guerrilleros. La orden fue inmediatamente anulada y, en lo sucesivo, solo tuvimos ingresos de hospital en el campo: dos quemados al apagar un incendio en un ejercicio al montar un paso obligado con fuego propio, con granadas de mano.

Usted, mi coronel, abrió brecha en muchos aspectos. ¿Le llamaban los capitanes de otras COE?

Cuando empezaron a crearse las COE por toda la Península, recuerdo haber contactado con alguno de los capitanes, que me preguntaba sobre el programa de instrucción y, para no meterme en líos, siempre contestaba que lo «supliesen con celo», pero que tuviesen mucho cuidado de que no se les quedara pegado entre las manos.

¿Cómo era el trato de sus guerrilleros con la población civil asturiana?

Pues mira, nunca, en todos los años que estuve al mando de las COE, tuvimos que amonestar por mal comportamiento, respecto al trato con la población civil, a nuestras boinas verdes. Como consecuencia del clima asturiano, la lluvia era nuestra compañera permanente y, por tanto, era frecuente la necesidad de buscar cobijo en cuadras y tenadas, donde siempre contamos con el incondicional apoyo de sus dueños y moradores.

Pues, mi coronel, muchísimas gracias por su relato que le digo, de todo corazón, ha sido interesantísimo y, en nombre de la revista Boina Verde, quiero agradecerle el tiempo y el esfuerzo que nos ha dedicado.

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