Realizada por el Cte. Terencio Pérez Hortelano

Por favor, preséntate y cuéntanos como fueron tus comienzos por la emblemática COE.

Me llamo Kitin Muñoz Valcarcel. Nací en el África Occidental Española, en Sidi Ifni, debido a que mi padre era oficial del ejército de tierra de español, en la época capitán de tropas nómadas y asuntos indígenas. Estuvo en la guerra civil, voluntario en la División Azul y 23 años destinado en el Sahara Español. Mi infancia en un ambiente militar como era Sidi Ifni me marcó mucho.

Cuando llegue a Rabasa como recluta, la COE ya había hecho la selección de los nuevos futuros guerrilleros. Entonces se me ocurrió, raparme el pelo como un indio mohicano y me presente en la COE 31 en el cuartel de San Fernando, para pedir que me dejaran entrar en la COE. Tuve suerte y me aceptaron. Entre un mes más tarde que mis compañeros y eso fue un poco duro, ya que algunos veteranos e incluso los recién llegados me atacaban, pues era doblemente el novato. El día que me dieron la «Boina Verde», dormí abrazado a ella.

¿Porque tomaste la decisión de irte voluntario a una Compañía de Operaciones Especiales?

Porque era un sueño, una vocación que tenía hacía mucho tiempo desde joven. También tenía muy claro que podría servirme en la vida que había elegido como expedicionario y explorador. También influyó el ejemplo de mi padre, todo un guerrillero, mutilado de guerra y curtido en el combate en Rusia, en España y en África. 

¿Qué te ha parecido la formación recibida en la COE durante tu estancia en ella?

Para mi es de los momentos más bonitos y felices de mi vida; muchas veces he soñado con poder volver a aquellos tiempos. Creo que el paso por la COE es el mejor regalo que puede tener un hombre a los 18 años. La formación que tuve, tanto moral como militar y la convivencia con la naturaleza en la montaña como guerrillero, fueron el mejor entrenamiento y aprendizaje que pude recibir. Hasta el día de hoy llevo presente una frase que me enseño mi sargento Terencio Pérez Hortelano, que dice: Entrenamiento duro, combate fácil. Entrenamiento fácil, combate duro. Se la he enseñado a muchísimas personas desde entonces, sin ir más lejos, a mi mujer y a mi hijo de 14 años.

¿En qué consistía la preparación de los soldados en Operaciones Especiales?

Lo que más destacaría de la preparación, es la capacidad de sacrificio que nos enseñaban y a aguantar el sufrimiento, sin quejarse, como algo que forma parte del entrenamiento. El entrenamiento diario, además de una dura preparación física, con carreras para mejorar el fondo y resistencia, defensa personal en el gimnasio, se basaba en aprender tácticas de guerrilla, orientación en el monte, ejercicios de tiro, ejercicios nocturnos en el bosque y en el monte, técnicas de supervivencia, maniobras de submarinismo. Pero insisto, lo más importante, es que, una vez adquirido ese conocimiento táctico, nos enseñaron la consigna: Jamás te des por vencido… que se puede extender a la vida civil.

¿Cuáles de ellas, fueron las más interesantes para vosotros?

Para mí fue el conjunto de todas que nos formaron el espíritu guerrillero. Si tuviera que destacar, me gustaron mucho, las maniobras de guerrilla y mi fase como cabo instructor en dos campamentos de endurecimientos, con dos reemplazamientos distintos.

Tengo entendido que una de estas fases, fue especialmente dura para ti, por hechos acaecidos que nunca has olvidado, ¿es así?

Si así es. Fue dura, por la pérdida de dos compañeros. En el campamento de endurecimiento en Alcoy, el soldado Arturo Muñiz, murió ahogado en una alberca, durante un ejercicio táctico, donde yo estaba como cabo instructor. Me lancé al agua para buscarlo y lo encontré en el fondo, casi chocando con el cuerpo, debido a la poca visibilidad. Lo saque a flote y el sargento Alberto Balaguer lo intentó reanimar durante casi una hora, sin lograrlo. Fue muy duro. Al mando estaba el teniente Morejón Verdú. Meses más tarde el teniente Morejón murió en heroico acto de servicio, durante las maniobras de submarinismo en Cabo Roig. Mientras realizaba las prácticas de submarinismo con la tropa, una embarcación fuera borda, sin control ni tripulación, se dirigió peligrosamente hacia ellos y hacia unos bañistas. El teniente Morejón, heroicamente intentó subirse a bordo, pero recibió un golpe mortal. Yo tenía mucho aprecio y respeto al teniente Morejón, por su valor y humildad a la vez. 

Por lo que me has contado y tanto detalle que me has dado, ¿influyó este hecho bastante en tu vida?

Las dos muertes de mis compañeros me marcaron mucho. Me abrieron los ojos, para aprender a leer el peligro y evitar situaciones de riesgo innecesarias. Hay un lema que llevo siempre presente: Acepto los riesgos calculados. Rechazo los riesgos imprudentes. El caso heroico del teniente Morejón, es un acto de valentía y sacrificio por los demás, que me marco para toda la vida.

¿Te ha sido útil lo aprendido en la COE en la vida civil?

Lo que he aprendido en mi paso por la COE 31, me ha servido mucho en mis expediciones por el mundo y a la hora de enfrentar la vida día a día. En 1982-3 baje el Nilo en piragua con Rodrigo de la Quadra Salcedo hijo del célebre aventurero Miguel de la Quadra Salcedo. En una de las etapas, nos encontramos con piratas del Nilo. Iban bien armados con kalashnikov, y nos sorprendieron en el desayuno a la orilla del río. Eran muy peligrosos, se dedicaban a asaltar los barcos que descienden el Nilo e incluso secuestraban y mataban gente. En un momento dado, se me ocurrió pedirles el fusil de asalto y me miraron con ojos confusos. Me dieron el arma, después de descargarla y les hice la tabla de combate que tan solo un año y medio antes aprendí en la COE 31. Se quedaron impresionados, y eso rompió el hielo; nos invitaron a ir con ellos al desierto, pero rechazamos la oferta como pudimos.

En otra ocasión, viajando en ultraligero desde España a Marruecos, fui detenido por la policía marroquí al sur de Casablanca. Pasé más de una semana retenido sin pasaporte.  A la semana de estar detenidos, mi compañero nervioso ya, se puso a gritar a los guardias policías. Eran las dos de la mañana, de una noche fría, húmeda y con niebla espesa. Tuve un enfrentamiento con los dos policías, que en un pequeño y sucio calabozo comenzaron a golpearme duramente; me quitaron el cinturón y los cordones de mis botas y siguieron golpeándome, diciéndome cosas horribles.

Entonces me acorde de los entrenamientos de Evasión y Escape como guerrillero, cuando nos hacían los interrogatorios como prisioneros de guerra, sin dejarnos dormir en toda la noche. Me puse firmes delante de los dos policías que siguieron golpeándome, pero pararon desconcertados, al ver que recibía los golpes con la postura firme, derecha, hombros atrás pecho fuera mirada al frente a los ojos y barbilla en alto.  Los entrenamientos como prisionero de guerra en la COE 31 fueron más duros que aquel interrogatorio en el calabozo en la vida real.

En todos mis campamentos con indígenas, en Perú, Bolivia, Chile, isla de Pascua, en el Sahara, siempre los he organizado, siguiendo lo que aprendí en los campamentos de las maniobras militares y de guerrillas de la COE 31. Aplicaba la disciplina entre mis hombres, a veces más de 40 indígenas, bastante asilvestrados, en el más bonito sentido de la palabra.

En mis expediciones en las balsas de juncos, cuando he tenido problemas, como el dramático naufragio que sufrimos en medio del océano Pacifico, al noroeste de la isla de Pascua, mantuve la serenidad mía y de la tripulación, gracias en parte a lo aprendido en mi entrenamiento de endurecimiento: «Jamás un guerrillero dirá que está cansado» me repetía a mí mismo, con la embarcación de juncos hundida y con el agua al cuello, mientras algunos polinesios de la tripulación se despedían por radio de sus familiares y los indios aimaras rezaban. Afortunadamente, antes del desastre final, fuimos rescatados. Unos meses más tarde, ya cruzaba el Pacífico otra vez con otra balsa, en la que estuvimos tres meses sin ver tierra. 

-Jamás te des por vencido- 

Si pudieras regresar al pasado, ¿volverías a presentarte como voluntario en la COE?

Sin lugar a dudas, es más, lo haría como voluntario y prolongaría mi estancia tres años, cosa que me arrepentí de no hacer en su día. Incluso cuando terminé mi tiempo y me licencié, me quedé un mes más, hasta que mi capitán Salvador Albaladejo Bañuls, me dijo que ya no podíamos prolongarlo más. Un mes más tarde, ya civil, volví para realizar las maniobras de supervivencia en la sierra de Albacete. Muchas veces, durante estos años, incluso ahora escribiendo estas líneas, he pensado en si podría pasar temporadas de entrenamiento con la COE. 

3 comentarios

  1. Tuve el privilegio de Servir con el… tenia el apodo del cabo loco. Gran guerrilero. Gran instructor. Compartimos los duros momentos del fallecimiento de mi Binomio Arturo durante el endurecimiento? El relato ya lo ha hecho el. Y tambien estaba en el Agua con el Teniente Morejon, cuando nos arraso la lancha. Y se cobro su vida…

  2. No he tenido la oportunidad de estar con compañeros de la COE 31, si bien me uno al sentimiento expresado por Antonio Viloria que tuvo el privilegio de servir con él (estuve en la COE 22 reemplazo 1974/75).

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