Entrevista a Sergio Carrasco. Antiguo guerrillero de la COE 101-7 (R-2º/1994) y Presidente AVCOE 101/7 Baleares

Entrevista a Sergio Carrasco. Antiguo guerrillero de la COE 101-7 (R-2º/1994) y Presidente AVCOE 101/7 Baleares

Realizada por José Briones Giménez

Vocal Relaciones Externas FEDA VBVE

Gracias por ofrecerme esta entrevista en la revista “Boina Verde”. Pertenezco al 2º reemplazo de 1994 de la COE nº7 (antes 101). Desde julio de 2009 presido la Asociación de Veteranos de la Compañía de Operaciones Especiales 101-7. Casi 14 años trabajando para la asociación de esta unidad.

Cuando te incorporaste, ya sabías que lo hacías a una unidad especial, de élite, en la que el trabajo y el esfuerzo diario iban a ser duros. Seguramente, podrías haber escogido otro destino más cómodo y, sabiendo eso, ¿por qué te metiste en una unidad de operaciones especiales?

Profundizando en el por qué elegí una unidad de operaciones especiales, fue relativamente tardío. En mi casa, desde muy pequeño, toda mi familia venia de unidades de caballería. Mi padre sirvió en el Sagunto nº 7 (Sevilla), mi hermano fue profesional en el Numancia nº 9 (Barcelona) y mi tío, por parte de padre, quien sirvió toda su vida en la 7º Bandera de la Legión, paso desde su fundación, hasta su disolución por la Bakali. La Compañía de Carros AMX-30 de la Legión. Así que en casa siempre se vivió la vida castrense con orgullo.

En mi caso, tuve que salir rebelde. Desde muy pequeño quería ser infante de marina, ¡Valientes por tierra y por mar! Posiblemente, por aquel tsunami de películas de las 80 donde todos los protagonistas eran marines. Vete tú a saber. A la edad de los 15 o 16 años empiezan aparecer amigos de la familia que sirvieron en la COE 41 en Barcelona. Es cuando en casa entran esas historias de guerrilleros, sus fotos, no había internet como hoy día, y anécdotas que empiezan a cambiar en mi interior. Se podría decir que es cuando verdaderamente quiero ser guerrillero.

Cómo acabe en la COE 7 es otra historia. En 1994 ya estaba trabajando y mi contrato acababa en abril de ese año y llegaba mi año de incorporación. A mediados de los 90 salieron las “Ofertas de plazas” (OPLA) como se llamaban, que era una forma de elegir 10 plazas en unidades de tierra, mar o aire. Así que como quedaba libre a partir de abril, mi selección fue mayo-agosto-noviembre en el GOE IV, mayo-agosto-noviembre en el GOE III, mayo-agosto-noviembre en la COE EMMOE y ya tenía nueve… me faltaba completar una plaza para las diez… así que complete con mayo en la COE 7. Con la gran suerte que salió la última plaza que elegí. Años más tarde, revisando la documentación de la OPLA me di cuenta de que Ceuta, Melilla y las Islas tenían preferencia sobre todas.

¿Cómo fueron los comienzos? ¿Recuerdas algún hecho o anécdota interesante de los primeros días?

La COE 7 era una unidad pequeña y el mes de instrucción, la mayoría de las veces se hacía en una compañía del Regimiento de Infantería Palma 47. En mi caso, la 2ª compañía de fusileros. Los que veníamos con OPLA dormíamos en el edificio de la compañía de apoyo, junto aquellos que iban a servir a la Cruz Roja. Nos tenían separados de los infantes. Desde nuestra camareta veíamos todos los días las formaciones y salidas a paso ligero de la COE. Estábamos ansiosos por llegar a la compañía.

Así que, el primer día en la COE fue un tanto especial y extraño a la vez. Fue llegar y estaban todos los guerrilleros limpiando la compañía como si no hubiera un mañana. Cuando digo todos, eran todos, desde cabos hasta el último guerrillero. Nos cogieron a los nuevos, dejamos nuestras cosas y, con una regla, nos pusieron a hacer camas, así toda la mañana. Nadie decía nada, todos limpiando, fregando… desde las 09:00, más o menos, hasta las 13:00… Nos preguntábamos entre nosotros y nadie nos decía nada. Con reglas dejábamos el escudo de las Fuerzas Armadas perfectamente centrado en la manta. No entendíamos nada.

Sobre la 13:00, más o menos, mandan formar la compañía al grito de “En diez segundos quiero la compañía formada”. Dejamos todo y salimos corriendo hacia el patio a formar. Abajo, donde se formaba frente a la compañía, estaba un sargento con un cronómetro, nos miró y dijo: “¿Qué vais de paseo? ¡He dicho que os quiero en diez segundos! ¡¡Todos a la puta carrera para arriba!!” De nuevo subimos al segundo piso donde estaban las camaretas y se volvió a escuchar el grito desde fuera: “A formar en diez segundos la compañía”. Estos si no lo repetimos como diez o doce veces fueron pocas. Al final, formamos la compañía en diez segundos, saltando de rellano en rellano de la escalera, con alguna baja de por medio, pero se consiguió.

Al final de la mañana, se resolvió el misterio. La COE acababa de venir del ejercicio COPRINO BRAVO, que consistía en dar apoyo al salto paracaidista sobre el mar, que realizaba el curso de mandos de OE de la EMMOE en Mallorca. Se creía que los mandos del curso vendrían durante la mañana a visitar la compañía y de ahí esa mañana limpiando como si no hubiera un mañana.

¿Tardaste mucho en adaptarte a la marcha de la compañía?

Mi cabeza venía ya adaptada de casa en la vida castrense y creo que eso hizo que el 50% estuviera hecho. En la parte física, aunque en la 2ª compañía de Infantería siempre iba de los primero junto al alférez, al llegar a la COE mi nivel estaba en mitad de tabla. Ahí puede contrastar el gran nivel de preparación y esfuerzo que se trabaja en este tipo de unidades. El nivel de exigencia era tal que, siempre, estabas en constante evolución. La adaptación fue buena, en resumidas cuentas.

Y con tus nuevos compañeros ¿formasteis vínculos de amistad? ¿Había compañerismo?

Por supuesto, en una unidad tan pequeña y donde mi reemplazo éramos solo 8 personas. El vínculo llega hasta hoy día, no solo de mi reemplazo, sino con reemplazos anteriores y posteriores al mío. Incluso el vínculo entre compañeros fue tal, que años más tarde fundamos la Asociación de Veteranos de la COE 101-7 con la idea de agrupar a todos los guerrilleros que pasaron por esta unidad.

En una unidad donde pocas veces superábamos los cincuenta guerrilleros, el vínculo entre nosotros era muy cercano y estrecho. Las veinticuatro horas las pasábamos juntos y aquellos era una familia. Con sus peculiaridades, claro.

Por lo que explicas, al licenciarte entiendo que no solo se mantuvieron los vínculos de amistad ya existentes, sino que se crearon nuevos

Como comentaba, el contacto existe hasta el día de hoy. Al año de licenciarnos, todos los años siguientes quedábamos una o dos veces para almorzar por Barcelona. Eso por desgracia, con los años se enfrió y se fue perdiendo.

Sobre 1996 me afilié a la Asociación de VBV de Barcelona, en ella estuve varios años hasta que me fui de Barcelona. Aun residiendo en otra comunidad, seguí un tiempo asociado. Allí conocí a otros compañeros de guerrilla de otras unidades. Echamos buenos ratos.

¿Qué tal te pareció la formación que recibiste en tu unidad? ¿Crees que tu experiencia ha influido en tu vida posterior? ¿Te ha ayudado en la toma de decisiones importantes en tu día a día? ¿Cuáles son tus recuerdos al respecto?

La formación para un guerrillero siempre es poca. El plan de instrucción era extenso para la formación que había en aquellos años. Trabajamos con lo que teníamos, con muy poco presupuestos y con mucha imaginación. Aun así, la formación era buena y así se reflejaba en ejercicios nacionales e internacionales. Había más valor humano que material.

En la COE 7, al ser una unidad en una isla, no existía la fase invernal como otras unidades de OE y, en mi caso, realizamos dos fases de agua. Una en julio de 20 días y otra en noviembre de 10 días. Aunque no dejábamos nunca de hacer montaña con tan impresionante sierra de Tramontana, bella donde las haya.

A todos los que hemos servido en una unidad de operaciones especiales nos ha marcado en mayor o menor medida. Su carácter y su idiosincrasia nos ha acompañado y nos acompañara hasta el final de nuestros días.

Muestra de esto, que siendo una persona que dejó pronto los estudios, he llegado a puesto de dirección en mi vida laboral y no es más que trabajo y sacrificio. Aplicando en la vida esa frase que tanto recitábamos, donde: “No somos los mejores, somos los mejores de los mejores…”

Cada veterano recuerda una u otra fase como la más dura o como la más divertida interesante. ¿Cuál es en tu caso?

Buena pregunta, quitando supervivencia, que puede ser la más dura psicológicamente, el resto de las fases, al ser una formación progresiva, se podían llevar bien. Por ejemplo, volvamos a fase de agua, empezabas con recorridos de menos a más, tanto con aletas, como en boga y otros ejercicios. La adaptación a cada fase fue dura, pero una vez dentro de la dinámica, llevadera.

Divertidas son todas, hasta en el trato de prisioneros hay momentos graciosos y aquí tengo que contar una anécdota, en la cual nos reímos mucho durante y años después. Esto ocurrió en un traslado en camión durante el trato de prisioneros. Íbamos todos amontonados al final del camión. Todos maniatados y con los ojos tapados con celofán, mientras iban repartiendo a todo trapo y cuando te tocaba, gritabas un número que te habían asignado al subir al camión… el “17”. Aquel trayecto era como el bingo, pero sin que nadie cantara línea… 05, 18, 19, 21, 04… un no parar. Detrás de mí, iba un compañero de mi sección y yo estaba sentado entre sus piernas. En un momento en pleno reparto, este me susurra al oído: “¿Quién eres?”. Al ir con los ojos tapados no sabías quién te rodeaba y le contesté: “Carrasco”, respondiéndome: “Aquí reparten yoyas por doquier”. En un momento así, no te esperas una respuesta de ese tipo y claro, nos dio la risa tonta y cómo no, todo el reparto fue enfocado a nosotros dos… el resto del camino fue “18, 17, 18, 17…” Estas cosas y otras no se olvidan en la vida, ni el número que me asignaron al subir al camión.

¿Qué fase recuerdas como más dura tú, con cuál disfrutaste más?

Todas son duras, ya sea por la formación de la propia fase, como por el ambiente que encuentras en este tipo de unidades. Para mí, las más divertidas son las maniobras conjuntas con otras unidades de la zona, tipo FTX (Generales) o unas similares en Ibiza/Menorca. Encuentras mayor despliegue de equipos y materiales, suele haber helicópteros o embarcaciones de la Armada y los cercos son muy divertidos.

Como muy dura, recuerdo el final de la prueba de la boina. Después de 10 días de fase agua en Cala Figuera, a principios de noviembre. Acabamos una noche de guerrillas con la otra sección. Tal como nos fuimos al saco a dormir, nos cogieron y empezó el trato de prisioneros y tal como acabó, prueba de la boina. Desde las 08:00 am hasta las 13:00 pm del siguiente día, un total de 29 horas sin parar. Empezamos en la batería de Cala Figuera con ejercicios en la misma batería y en el mar. Subimos los casi 30 km que nos separaban de la batería al campo de maniobras de la Base General Asensio en Palma. Estando toda la noche y parte del siguiente día con ejercicios.

Todo esto subsistiendo con una ración de emergencia, donde venían un puñado de galletas, cuatro sugus y sin faltar la cantimplora de litro y medio de agua. La prueba acabo con una carrera de 8 km con equipo que había que realizar en menos de 40 minutos. Recuerdo aquella carrera como si corriera arrastrando un autobús, el cuerpo al límite de tus fuerzas. Al final lo conseguimos y nos ganamos la tan preciada boina verde. De las seis o siete patrullas que participamos en la prueba, las dos últimas no conseguían la boina, así que imagina la competitividad entre patrullas. Mi patrulla quedo segunda y aunque en un momento llegamos a rebasar a la primera, nos la colaron en un ejercicio y ya no hubo manera de volverlos a rebasar.

Estas patrullas que llegaron ultimas ganaron la boina más tarde, volviendo hacer el endurecimiento con el reemplazo posterior.

¿Qué influencia ha tenido en tu carácter esta formación? ¿Crees que te ha ayudado a tomar decisiones en tu mundo laboral posterior?

Por mi trabajo, he trabajado en algunos países de Centroamérica, en un par de ocasiones en situaciones muy complejas, con una ciudad en estado de sitio y sitiada durante nueve días, con mucho riesgo, “balaceras” como se dice en esas tierras y sin duda, la formación recibida y mantener el control en todo momento, hacen que puedas sobrellevar esas situaciones y tener éxito en lo que estás haciendo.

“El sudor en la instrucción, ahorra sangre en el combate” Lema de nuestra unidad.

¿Repetirías tu servicio en la COE 7?

Si tuviera que repetir y volviera a 1994, todo, sin duda, volvería a solicitar la COE 7. Fueron tiempos muy buenos, fíjate como es el ser humano que, con el tiempo, vas borrando los malos ratos para quedarte solo con los buenos.

Fue un placer servir en la 7 y agradecer al cuadro de mandos, todos ellos grandes profesionales, su paciencia con nosotros.

¿Recuerdas algún hecho, anécdota especial o algo que consideres interesante?

Hubo momentos muy complicados, pero uno nos marcó a los que allí estábamos. Lo solemos recordar cuando me encuentro con el oficial del que dependía. Nos encontrábamos unos once guerrilleros en Ibiza y otros doce se fueron a Menorca. Eran unos ejercicios de unos 8 días, donde nosotros estábamos infiltrados, destruyendo objetivos y todas las unidades de la isla nos tenían que buscar y capturar. Finalizaban los ejercicios con los dos últimos días realizando un cerco.

En mi caso fui a Ibiza, fechas principios de octubre de 1994. Una noche, sobre las 22:00, salimos por mar con una zódiac para volar el supuesto puerto de Ibiza, que no era más que un viejo embarcadero. La embarcación la teníamos guardada en un local de Comandancia de Marina. Allí nos dijeron que salir al mar esa noche era una locura, ya que toda la flota estaba recogida en puerto. La respuesta fue, “mejor así no esperaran que ataquemos por el mar”. El puerto estaba tranquilo, pero fue salir por la bocana del puerto y cada vez las olas eran más grande y más grandes. De camino al objetivo las olas chocaban con el castillo de la zódiac y aún aguantaba, pero al llegar al objetivo, las olas nos pegaban en la trasera de la zódiac y aquello podía provocar que volcásemos. Así que anulamos y regresamos a puerto. Ahí empezó el calvario. Las olas chocaban por detrás, entraban dentro de la zódiac. Yo andaba achicando agua, con esa bolsa de lona, otro sujetaba los remos y deposito que flotaban dentro de la zódiac. En fin, se hizo muy largo el camino de vuelta. Hubo un momento que estábamos con el motor a tope para entrar por la bocana del puerto y no éramos capaces de entrar. Ahí es cuando ya empiezas a mirar a tu alrededor y empiezas a visualizar posibles rocas donde ir en el momento que aquello vuelque. Al final, llegamos entorno a las 01:30 am, congelados, nos pusimos a bombear y a correr por el puerto, terminando por tomar una ducha de agua caliente en la misma Comandancia de Marina. 15 minutos en una ducha de agua hirviendo y no éramos capaces de coger temperatura en el cuerpo.

Una vez cogimos calor, agarramos un viejo Avía y nos fuimos a volar aquel maldito puerto por carretera antes que saliera el sol.

Muy interesante historia. ¿Quieres comentar algo además de lo ya hablado?

Ha sido un placer compartir este rato con vosotros. Agradeceros el gran trabajo que hacéis en editar y publicar esta revista. Como siempre, un gran valor humano detrás de este trabajo.

Mandar un fuerte abrazo a todos los lectores de Boina Verde, a todos los que una vez servisteis o estáis sirviendo en una unidad de OE, a los mandos que pasaron por la COE de Baleares, compañeros de la 101 – 7 y, en especial, a esos cabos 1º de la COE 7 que, 28 años después, siguen estando ahí como el primer día.

Al coronel Montojo, al que siempre estaremos eternamente agradecidos por su trabajo y cuidar de nosotros. ¡Siempre a sus órdenes!

Y un afectuoso recuerdo a los que ya no están entre nosotros. Ellos abrieron el camino.

Me despido recordando las palabras del capitán Carlos Blanco, Albufera 1983:

“Ser guerrillero es algo más que portar una boina verde. Es un estilo de vida”.

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