Entrevista a Miguel Á. Delgado Baeza

Antiguo guerrillero de la COE 91 (R-2º/1967)

Realizada por José Briones Giménez Vocal Relaciones Externas FEDA VBVE

¡Hola! En primer lugar, queremos agradecerte tu colaboración para ser entrevistado para la revista “Boina Verde” y me gustaría que iniciáramos la charla presentándote tú mismo.

Malagueño, nacido en el 1945, de una familia de nueve hermanos y unos padres ejemplares. Mi espíritu de “ardor guerrero” me viene desde mi infancia pasada en una casa pequeña de una calle muy humilde, pero de gente muy buena y en una barriada muy pobre en aquellos tiempos de posguerra, en El Palo, Málaga.

A los nueve años ya pasé mi primera prueba de fuerza y valor, consistente en subir y bajar solo y por la noche a la cima del Monte San Antón, de unos 500 m de altura y unos 4 km, desde mi calle Padre Hidalgo, casi a nivel del mar. En la cumbre, que tenía una cruz de madera, te recibían unos amigos mayores que, cuando llegabas, encendían una linterna para hacer señales y comunicar a los mayores de abajo que ya habías llegado.

Pasados los años, ya en mi adolescencia, yo hacía lo que hoy se llama senderismo por todos los montes de la provincia de Málaga, escalada y espeleología con materiales muy rudimentarios, natación a fondo y submarinismo muy elemental y algo de vela.

Estudie magisterio y la mili ya no me permitió más prorrogas y tuve que dejar la carrera a medias para incorporarme al Servicio Militar Obligatorio. El 13 de agosto de 1968 me incorporé a la COE 91 en el Regimiento de Infantería Córdoba 10 en Granada. Éramos 50 boinas verdes en la compañía fundada y mandada por el capitán D. Pedro Cobo Gámez y que, con el tercer reemplazo de 25 soldados más, se formó la COE 91 en Granada.

Podrías haber escogido otro destino más cómodo, ¿por qué te metiste en una Unidad de Operaciones Especiales?

Porque un amigo del CIR, me animó para presentarnos voluntarios al equipo de captación de la COE 91. Eso nos parecía un gran honor, porque ya sabíamos algo de los boinas verdes norteamericanos, que eran la élite de su ejército. Supere la entrevista y las pruebas que nos pusieron.

Ya en Granada, en la compañía de los guerrilleros, nos recibieron con gran alegría y una excelente acogida, tanto de los mandos como de los compañeros veteranos. Hasta tal punto que, para poder irnos a ver a nuestras familias, después de tanto tiempo, todos los veteranos nos prestaron sus uniformes de paseo, incluida la boina verde, para que los 25 nuevos, pudiéramos salir del cuartel. Nunca olvidaré este gesto, pues los veteranos se quedaron sin poder salir todo el fin de semana.

La sorpresa fue para mí, porque mi padre cuando me recibió en casa me dio un tortazo, porque él había pedido un favor, cosa que nunca había hecho, para que yo estuviera en un departamento donde pudiera seguir con mis estudios. Pero luego me dio un fuerte abrazo ya que sabía que las COE eran una de las mejores fuerzas militares del ejército y eso sería muy positivo para mí. Esa fue la única torta que recibí en toda la mili.

¿Qué tal fueron los comienzos?

Al principio todo era incertidumbre. Los mandos me resultaron militares muy bien preparados en todos los sentidos, algo más que verdaderos profesionales y los 25 veteranos nos acogieron rápidamente como unos buenos compañeros de destino. Me sentí muy a gusto; aceptando, desde el principio, que aquello iba a suponer una vida dura, cosa que ya preveía y esperaba con entusiasmo. Todo dependía de mí y de mi actitud.

¿Recuerdas algún hecho o anécdota interesante de los primeros días?

Una de las primeras pruebas consistente en que nos metieron en una alberca o foso sin agua y sin escaleras y de una profundidad considerable, camuflados todos con la cara pintada con tinte negro, cosa que me dio por reír al vernos tan feos y en aquellas circunstancias, y que había que salir de aquel recinto de la manera que fuera y rápidamente.

No me olvido del día que me lesioné un dedo de la mano derecha haciendo deporte y que el capitán Cobo aconsejó a los instructores que yo debía cuidarme la lesión para que esta no empeorase y, por lo tanto, solo hiciera todo lo que no necesitara de la mano derecha.

Otro gran recuerdo fue que un compañero le pidió al capitán Cobo que, si pudiera volver un poco más tarde al cuartel, porque había venido su novia desde Murcia para verle. El capitán le interrumpió y le preguntó qué cuántos días iba a estar su novia en Granada. Él le dijo que tres días. El capitán le respondió: “Hasta dentro de tres días no te quiero ver por aquí” y, además, le dio algo de dinero y le pidió que no quisiera “guerrilleritos”.

Todas las mañanas teníamos ejercicios físicos de gimnasia muy variados, duros y algunos de bastante dificultad, pero todo superables con el ánimo positivo de nuestros mandos, quienes siempre encabezaban nuestras actividades dando ejemplo de agilidad, resistencia y fortaleza. Muchos se hacían en el cuartel, otros en “los Mondragones” de la ciudad de Granada, donde pasábamos la dura “pista americana” para desarrollar nuestras habilidades físicas de agilidad, resistencia, fuerza, rapidez, y destrezas útiles para otras actividades operativas que practicábamos también en las pistas de combate en el campamento de El Padul, el “Campamento del Alférez Rubio Moscoso”, lugar muy apropiado donde solíamos hacer, además de largas marchas, ejercicios de tiro y explosivos, escalada, rápel, paso de pista de fuego real y otras “lindeces” de pistas de obstáculos múltiples que todos recordaremos por sus grandes dificultades. .

¿Tardaste mucho en adaptarte a la marcha de la compañía?

Creo que mi adaptación a las nuevas y duras circunstancias fue muy rápida, pues todas las actividades me gustaban e intentaba superarlas lo mejor que podía.

Habla un poco de tus compañeros ¿formasteis vínculos de amistad?

Mis compañeros fueron desde un principio hermanos de una gran familia. Cada uno con sus características y circunstancias particulares, pero no recuerdo muchas diferencias que nos desunieran. Y, como es natural, y esto pasa en las mejores familias numerosas, siempre hay algunos con los que te llevas mejor. Mi error fue perder la lista de mis hermanos guerrilleros para luego poder vernos mucho más.

¿Qué tal el compañerismo en tu unidad?

Gracias a los mandos que tuvimos, hicieron que nosotros, aspirantes a ser verdaderos guerrilleros, nos sintiéramos muy unidos y supiéramos comprender y aceptar las fortalezas y debilidades de cada uno y eso nos hacía ser mejores. Claro, que teníamos un capitán D. Pedro Cobo y unos tenientes D. Guillermo Rey y D. Juan Martínez Sevillano que nos daban, constantemente, ejemplo en todo: educación, compañerismo, comprensión, ejemplos de vida militar y social.

Aprendí muchísimo, para mi trabajo como docente y para mi vida militar y social, no solo de los mandos sino también del trato y trabajo diario con mis compañeros y sus características particulares y sociales. Y en toda clase de situaciones a veces muy difíciles y comprometidas. El compañerismo fue ejemplar.

¿Mantuviste la amistad, una vez licenciado, con algún compañero de tu unidad o con compañeros del mundo de las Operaciones Especiales, a través de alguna asociación?

Intentamos seguir viéndonos, pero las distancias, el trabajo y la familia hicieron difícil nuestros encuentros. A pesar de esto, tuve contactos esporádicos con algunos compañeros de Granada.

En el año 1995 tuvimos un primer gran encuentro en el campamento del Alférez Rubio Moscoso en El Padul donde nos reunimos casi toda la primera compañía de la COE 91 con muchos más veteranos de otros reemplazos, donde comimos y desfilamos todos con nuestro capitán D. Pedro Cobo a la cabeza. Fue un encuentro maravilloso y muy afectivo. Al año siguiente, tuvimos otro encuentro similar. Pero, al parecer por ciertas circunstancias desconocidas aún, dejamos de vernos con más frecuencia. Hasta que un día descubrí por internet que existía la Asociación de Veteranos Boinas Verdes de Granada. Me puse en relación con ellos y desde entonces, año 2010, me hice miembro activo de dicha Asociación hasta hoy y espero que por muchos años.

En esta Asociación de VBV de Granada me siento como un hermano y compañero más de los boinas verdes de España. Se realizan muchas actividades paramilitares guerrilleras y encuentros (asambleario, con familias, …) Además de otras participaciones nacionales como el muy importante encuentro nacional de Veteranos Boinas Verdes de toda España en Alicante. Yo ya he estado en casi todos los encuentros y me siento muy satisfecho y agradecido.

¿Qué tal te pareció la formación que recibiste en tu unidad?

Totalmente positiva y fundamental para una vida más libre y útil para la sociedad civil y militar. Gracias a los mandos que tuve y el programa de adiestramiento, recibí unos valores espirituales, físicos, morales y sociales de fuerza, motivación y valor, no solo para defender a España, como dice nuestro himno, sino para actuar libre y con decisión en toda circunstancia en bien de la sociedad.

Nuestro lema en la COE 91 es: “Si es posible está hecho. Si es imposible…se hará”. Lema que yo creo y practico. Mi nombre de “guerra” es “Águila Solitaria” en los boinas verdes y en el Movimiento Scouts, en el que llevo trabajando como scout algo más de 50 años, enseñando y practicando muchas de la habilidades, destrezas y conocimientos que aprendí y practiqué en la COE. Formación que también me sirvió para realizar cientos de campamentos al aire libre para escolares y otras personas, y para realizar viajes de estudio de alumnos en el extranjero. Y para mis viajes en solitario por Europa y otros lugares de la naturaleza, campos, montes, ríos…

¿Crees que tu experiencia ha influido en tu vida posterior?

La COE me marcó un estilo de vida distinto. Un espíritu de lucha, sacrificio, resistencia, independencia, libertad, seguridad, confianza, generosidad, superación, resiliencia, humildad, comprensión, fuerza de voluntad… valores que se van adquiriendo en los duros entrenamientos.

En mi docencia como maestro de Primaria, tengo que decir que aprendí de mi capitán D. Pedro Cobo el mejor método pedagógico, didáctico y psicológico que he practicado con mis alumnos y que ha sido la causa de mi fructífero y largo rendimiento profesional, orgulloso y feliz de mi trabajo realizado y reconocido por mis antiguos alumnos y sus padres.

¿Te ha ayudado en la toma de decisiones, importantes en tu día a día?

Muchísimas veces.

Sí. Salvé mi vida en un asunto de salud posoperatorio en el que estando en la UVI, me dieron por muerto. En el enfrentarme día a día en las dificultades que la vida cotidiana te presenta. Y en las que tienes que salir adelante con esfuerzo, voluntad, actitud positiva y optimismo y aceptación sin resentimiento de la realidad de la vida. En fin, en toda mi vida.

¿Te ha ayudado a formar tu carácter y a tomar decisiones en tu mundo laboral posterior?

El ejemplo del capitán D. Pedro Cobo me ayudó mucho en mi faceta de maestro. Supo formar una verdadera compañía de élite del ejército español. Porque entre otras cosas, nos quería, nos defendía, , nos animaba y motivaba, nos ayudaba, y nos exigía en todo aquello que él sabía que éramos capaces de realizar o conseguir. Porque programaba muy bien todas las actividades que se hacían y se implicaba en ellas dándonos siempre ejemplo en todo. Era comprensivo, generoso, afable…y se preocupaba por nosotros. Para mí, fue el maestro que me enseñó a ser maestro, orgulloso, satisfecho y feliz de mis 40 años de docencia.

También fue obra de los tenientes D. Guillermo Rey y D. Juan Sevillano, a cuál mejor profesional y muy bien preparados, activos y verdaderos docentes e instructores y los demás mandos: subteniente sanitario, sargentos Antúnez y otros dos y el cabo primero Antonio Padilla (fenomenal) y otro.

Gracias a mi formación integral en la COE y otras razones, fundé la primera asociación de Dislexia de España en Málaga para ayudar a alumnos con Deficiencias Específicas de Aprendizaje y también un Grupo de Scouts Católicos y de España donde pude educar e instruir a los chicos y chicas en toda clase de actividades al aire libre y sociales.

Y me sigue siendo muy útil en mi jubilación y calidad de vida en esta nueva etapa de la vida.

¿Cuáles son tus recuerdos de la instrucción y fases que realizó aquella COE recién creada que daba sus primeros pasos?

Teóricas: Topografía y orientación (manejo de mapas, brújulas, prismáticos… por las estrellas e indicios naturales). Señales de pistas y mensajes, rastreo y balizaje nocturno para helicópteros o paracaidistas o recepción aérea de materiales. Comunicación por radio portátil y con transmisores y receptores de lenguaje morse, alfabeto internacional, mensajes en clave mandarlos y descifrarlos. Con cuerdas: nudos y amarres, construcciones, tirolinas y escalas… Amarres de prisioneros. Armamentos (machete, pistola, fusil de asalto, subfusil, ametralladora, mortero, bazuca). Explosivos y componentes (yo usé la mecha de plomo). Usos del machete. Primeros auxilios y socorrismo. Técnicas de acampada (hacer la mochila, montaje de tiendas, vivac, refugios, cocina, intendencia, letrinas, abastecimiento, recursos sanitarios, seguridad, posibilidades de distintas actividades, medios de evasión rápida…).

Prácticas: Preparación física (gimnasia, carreras, marchas, saltos con aparatos, pista americana, pista con fuego real, defensa personal…). Tiro (con toda clase de armas, de día y de noche). Explosivos y lanzamiento de granadas, Primeros auxilios y socorrismo. Supervivencia (construcciones, fuegos, caza, pesca, recolección de alimentos vegetales…).

Campamentos temáticos de unos 10 a 20 días, más o menos, con: Fase de Montaña (escalada y rápel…). Fase de Agua (natación, submarinismo, explosivos, salvamento,), Fase de Nieve (Esquíes, marcha en nieve, iglús, tiro,). Actividades de golpes de mano, liberación y rescate de personas rehenes y otros enseres, evasiones, infiltraciones, camuflaje en el terreno, captura o eliminación de centinelas, emboscadas y asaltos en diferentes lugares, hostigamientos con barreamiento. Pasos de ríos, barrancos, edificios con tirolinas, escalas, desactivación de minas terrestres. Evacuación y salvamento de personas… Saltos de camión y subida al mismo en marcha. Desfiles. Operaciones de guerrillas y contraguerrillas.

¿Qué fase recuerdas como más dura y con cuál disfrutaste más?

La más dura y satisfactoria fue la fase de montaña con actividades de escalada libre y algo artificial con clavijas, el rápel, los pases con tirolinas de barrancos, ríos, las marchas, las pruebas de supervivencias.

En la fase de mar lo más molesta era entrar en el agua, nadar un poco, salir, secarte al sol y entrar de nuevo al agua al toque de silbato, y así montones de veces.

La fase de nieve fue también muy dura pues el equipo era muy rudimentario, pero aprendimos a esquiar con unos esquíes muy pesados y antiguos, a marchar por la nieve sin raquetas, a construir refugios. Nuestra compañía en aquellos tiempos teníamos que subir a Sierra Nevada y bajar a dormir al cuartel todos los días, en unos camiones Reos muy duros y de los que alguna vez tuvimos que saltar rápidamente del mismo para retenerlo y evitar que patinara hacia atrás con el hielo.

Una anécdota fue el lanzarnos individual, voluntaria e imprudentemente cuesta abajo con los esquíes, para pasar por debajo de un cartel metálico de una altura de metro y medio del suelo, desde una distancia de unos sesenta metros aproximadamente, sin que los mandos se dieran cuenta.

En todas hicimos prácticas de tiro a discreción, con toda clase de armamento y abundancia de munición y circunstancia y lugares muy variados, tanto de día como de noche, con lluvia o con sol.

¿Recuerdas algún hecho, anécdota especial o algo que consideres interesante?

Hay muchas. El hacernos amigos de los habitantes de las zonas de los pueblos a los que íbamos y sobre todo de los niños.

Y, por supuesto, ser amigos de los pastores, personas muy importantes en las actividades de prácticas de guerrillas en el campo y montaña. Ellos lo conocen todo, lo ven todo y se enteran de todo lo que pasa en el campo o en la montaña. Ayudan mucho. O pueden ser nuestros peores enemigos.

Recuerdo también cómo nuestro capitán D. Pero Cobo nos enseñó a inutilizar o mejor dicho a destruir un tanque de guerra, el tanque que el coronel del acuartelamiento del Córdoba 10, había instalado en un lugar especial en los Mondragones, en la ciudad de Granada, para que nosotros practicáramos con explosivo plástico, cómo se hace tal demolición. Y efectivamente, después de una clase teórica de cómo hay que hacer las cosas con explosivos y sus clases, mechas y sus características, detonantes… cómo acercarnos al objetivo, dónde colocar los explosivos y cómo salir echando leches… A continuación, fuimos acercándonos en silencio y reptando al tanque mencionado, colocamos los explosivos en las partes vulnerables, encendimos las mechas sincronizadamente y nos largamos rápidamente hasta que una vez a salvo, incluso de las posibles piezas que pudieran volar por los aires, escuchamos y vimos cómo estallaba el artefacto bélico… “Reclamaciones, al maestro armero”.

En otra ocasión, la misión u operación especial era la “toma del cuartel del Córdoba 10”. Actividad de riesgo y peligro ya que los centinelas y el cuerpo de guardia utilizan munición de fuego real. Pues sí, esta operación la llevamos a cabo y con mucha sorpresa para el coronel, cuando el capitán Cobo le informó directamente que el acuartelamiento había sido tomado por la COE 91…Lógicamente la compañía había comunicado oportunamente en el cuartel, que salía del recinto al atardecer para unas maniobras propias de la COE, como así se hizo.

Una experiencia muy importante y satisfactoria fue la participación en la “Operación Sarrios II”, en la junto con una patrulla de boinas verdes norteamericanos, en la zona Oeste de La Alpujarra granadina, entre Órgiva y Lanjarón. La misión era conseguir un simulacro de la destrucción de una central eléctrica, muy vigilada por militares, en el pueblo de Lanjarón, partiendo desde el pueblo de Órgiva y alrededores. La COE 91 preparamos la operación en un campamento en las montañas de Órgiva. Nos dividimos en varias patrullas para salir por distintos caminos, pero para encontrarnos todos en un mismo lugar, día y hora nocturna, muy cercano de nuestro objetivo en Lanjarón. Mi patrulla, al mando del teniente Sevillano, pasó el día en una cueva de la montaña cerca del puente que teníamos que pasar. La primera dificultad era cómo pasar el puente de los “siete ojos” entre la sierra y el pueblo, muy vigilado por parte del ejército de tierra y llegar a Lanjarón. Nos metimos en una camioneta, debajo de unos sacos de patatas que nos cubrieran de la inspección militar “enemiga”. Y, efectivamente, pasamos por el puente sin ser apercibidos y llegamos así hasta cerca de nuestro punto de encuentro con las demás patrullas de nuestra compañía y con los boinas verdes norteamericanos. Estos no llegaron a la hora prevista pues se habían perdido.

Hicimos todo lo que hay que hacer de observación, información, planificación y reparto de misiones, como eliminación de centinelas, vigilar de cerca al cuerpo de guardia, colocación y encendido sincronizado de los explosivos en los lugares adecuados, siempre vigilados y controlados por unos inspectores que pudieran juzgar nuestra actuación, y salir a toda leche y con sigilo, para encontrarnos en un primer lugar de reunión. Y, si alguien faltaba, teníamos previsto otro segundo punto de reunión. Y si no llegabas oportunamente, te las tenías que arreglar por tu cuenta para volver al campamento de salida.

¡Misión cumplida perfectamente! ¡Viva la COE 91! Y también habría que contar las prácticas de camuflaje en el cementerio del pueblo, con el máximo respeto a los difuntos allí enterrados. Fue una experiencia inolvidable. Media compañía nos camuflamos dentro y alrededores y la otra media no nos encontraron. ¡Increíble!

En otras ocasiones fuimos de visitas culturales, como a las minas de Alquife, en Granada. La mayor mina de hierro a cielo abierto de Europa. Otra visita fue a La Alhambra y Generalife de Granada.

En el campamento de Maro, pueblo de la costa de Málaga, cerca de Nerja, fase combinada de montaña y agua, entre otras anécdotas contaré la celebración del cumpleaños de teniente Sevillano. Fue sobre las tres de la madrugada cuando toda la compañía menos el capitán y el teniente, nos reunimos, preparamos el evento y, con un gran explosivo, despertamos al teniente Sevillano, creo que a parte de la población del pueblo cercano y al capitán que salieron rápidamente de sus tiendas y en estado de alerta, con la gran sorpresa de encontrarnos a todos reunidos a su alrededor cantándole el “cumpleaños feliz”, bebimos y cantamos, felices terminamos la noche.

Un acontecimiento en otra zona de Sierra Nevada, en el pueblo de Capileira, perteneciente a la Alpujarra Alta de Granada, fue la participación en un desfile de la COE 91 en las fiestas del pueblo y con motivo de la venida y presencia del ministro de la época de Franco, D. José Solís.

¿Quieres comentar algo además de lo ya hablado?

No solo quiero, sino que tengo y debo dar las gracias a todos aquellos mandos y compañeros guerrilleros VBV con los que conviví. Y, especialmente, a mi capitán don Pedro Cobo Gámez quien realmente me enseñó a saber cómo debe ser y actuar un maestro de escuela.

También mi gratitud a todos aquellos mandos guerrilleros, jubilados unos y activos otros, por seguir dando ejemplo de vida militar y social, tanto en la actual Asociación de VBV de Granada como en la Federación de Asociaciones de VBV de España. Y, por supuesto, también mi agradecimiento a todos los veteranos boinas verdes que aún conservamos nuestro espíritu guerrillero y con los que me siento muy feliz y orgulloso de convivir con ellos en todos nuestros encuentros. A los veteranos de la COE 91 de Granada por haberme ayudado a sentirme una persona más libre e independiente y muy orgulloso de sentirme aún, un guerrillero boina verde, ya veterano y mayor, pero VBV, con “ardor guerrero” por España.

Finalmente, quiero dar las gracias a los que me habéis dado la oportunidad de hacer este relato, a la Asociación de VBV de Granada, presidida por D. Ramón Molina Santiago, a la Federación de Asociaciones de Veteranos Boinas Verdes de España (FEDA-VBVE) que hace la publicación de esta revista y, en particular, a mi entrevistador José Briones y en especial al general D. Vicente Bataller Alventosa que tanto ha hecho y sigue haciendo por todos los veteranos boinas verdes de España.

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