Entrevista a Fernando Suárez Mora, antiguo guerrillero de la COE 72 (3º/80)

Realizada por José Briones Giménez

Vocal de relaciones externas FEDA-VBVE

Nuestro compañero Fernando Suárez, tiene un blog muy interesante que os invito a visitar, en uno de sus artículos habla de su primer día en la COE 72. Aquí podéis encontrar su blog: https://elxilguerinparleru.blogspot.com/2009/02/primer-dia-en-la-compania.html

Queremos agradecerte, Fernando, tu colaboración con la revista al permitirnos compartir tu experiencia del paso por la COE 72 y, ahora, empezaré por la pregunta casi obligada en cualquier charla con un compañero de la COE y es que supongo que sabías que te estabas incorporando a una unidad de élite en la que el trabajo y el esfuerzo diario iban a ser duros. Probablemente, podrías haber escogido un destino más cómodo y sabiendo eso ¿por qué tomaste la decisión de incorporarte a una unidad que, de entrada, ya te exigía unas pruebas duras solo para ser seleccionado?

Lo primero que me gustaría reseñar es que yo era un imberbe de 18 años, en muy buena forma física, ya que llevaba desde pequeño jugando en equipos de fútbol federados. De hecho, cuando me incorporé al C.I.R. 12 de El Ferral en León, el día de mi 19 cumpleaños, dejé el equipo donde jugaba en segunda regional, sin acabar la temporada.

Realmente, y en base a mi experiencia, los únicos que sabíamos dónde nos metíamos éramos los “voluntas” pues, al ser de la zona donde existían, nos daba margen para conocer lo que era una compañía de operaciones especiales. Aquellos captados en el C.I.R., en su mayoría, solo apreciaban la parte “bonita” dejando la del sacrificio y la dureza un tanto al margen, restándole importancia (craso error).

En mi caso particular, fue el afán y las ganas de aprender cosas nuevas y muy interesantes. Algo muy distinto de los que ya habían cumplido su mili midiendo el tiempo transcurrido por la cantidad de guardias hechas.

¿Cómo fueron los comienzos? ¿Recuerdas algún hecho o anécdota de los primeros días?

Los primeros días… Si tengo que ser fiel a mis recuerdos, me vienen a la cabeza un sinfín de ellos en tromba. La llegada, los gritos de nuestros veteranos, la gente corriendo para un lado, para otro, otros bombeando (haciendo flexiones), la bienvenida del capitán… Sobre todo, el ejercicio, las teóricas y el puteo todo el día. Fueron muchas las noches en las que apenas podíamos dormir tres horas.

Como anécdota significativa, resaltando entre otras, era que como peludos, y hasta que no nos ganáramos la boina verde, no valíamos nada. De hecho, no nos podíamos sentar en las camas ni apoyarnos tan siquiera para atarnos las botas.

Recuerdo la primera marcha de topografía en Riaño (León), donde vi a muchos compañeros con los pies hechos papilla, con unas angüeñas (vejigas o ampollas) tremendas por la falta de costumbre de hacer tantas horas de caminata y el uso continuado de las botas militares.

¿Tardaste mucho en adaptarte a la vida de la compañía?

En absoluto. Me adapté desde el principio por mantener una aptitud psicológica acorde a aquellos momentos ya que, como expliqué antes, sabíamos el modo de proceder en la compañía por haber conocido, antes de entrar, relatos de personas que o estaban o ya habían pasado por esta u otra en otra parte. El estar en muy buena forma física fue una gran ventaja.

¿Qué tal con los compañeros? ¿Formasteis vínculos de amistad importantes? ¿Existía compañerismo en tu unidad?

Al ser sitios donde conviven bastantes personas, durante bastante tiempo, lo normal es crear vínculos personales y colectivos. Los personales eran con aquellos donde te encontrabas más a gusto a la hora de relacionarte y los colectivos los formaban el sufrimiento, el sacrificio, el trabajo y la dureza del convivir cotidiano. Es cierto que, en los colectivos, se ven los buenos compañeros, los escaqueados, alguna que otra mala actitud (cobardía y mala fe) pero, en general, a la hora del trabajo éramos como una piña.

¿Mantuviste la amistad, una vez licenciado, con algún compañero de tu unidad?

Sí, por supuesto. Sigo manteniendo contacto con aquellos más afines. Como dato significativo, he de decir que con mis veteranos he mantenido durante algunos años comidas anuales celebradas durante varios años y con mis peludos, también y con más continuidad. De hecho, este año nos veremos unos cuantos en La Coruña el puente de Todos los Santos.

Tristemente, de mi reemplazo he perdido la pista casi por completo de ellos, salvo tres o cuatro más allegados a mi zona.

¿Qué te pareció la formación que recibiste en tu unidad? ¿Crees que tu experiencia ha influido en tu vida posterior? ¿Te ha ayudado en la toma de decisiones en tu día a día posterior? ¿Consideras que ha ayudado a la formación de tu carácter?

La formación fue bastante buena en muchos aspectos. Aprender es una constante que todos deberíamos mantener a lo largo de nuestras vidas. Es cierto que hay aspectos de ella que, fuera de la vida militar son raros de aplicar, como lo aprendido en el uso de armas o explosivos, pero otras son aplicables perfectamente. Como ejemplo claro de esto, reseño que no volví a jugar al fútbol al haberme enamorado hasta la médula del senderismo y de la montaña en general. Soy fundador de tres grupos de montaña en Gijón durante los treinta años en que he salido al monte. Todo lo relacionado al terreno, como la topografía, las transmisiones y la escalada, así como la práctica del esquí, fueron muy importantes para su desarrollo posterior.

Indudablemente, el haber estado a una edad temprana templó mi forma de ver las cosas y mi aptitud para encarar los problemas cotidianos. Creo que me preparó muy positivamente para enfocarlo todo de forma psicológica.

En los recuerdos de muchos compañeros están las fases que hicimos y los recuerdos no siempre son coincidentes, algunos recuerdan una u otra fase como la más dura o como la más divertida o como la más interesante. ¿Cuáles son tus recuerdos al respecto? ¿Qué fase recuerdas como más dura? ¿Tú con cuál disfrutaste más? ¿Hay alguna que no te gustaría repetir?

Al ser voluntario por edad, repetí fases como la del agua o la marcha de endurecimiento anterior a la supervivencia (la segunda no la pasábamos, aunque de los cuarto voluntarios, hubo uno que la quiso repetir). Desde mi punto de vista, absolutamente todas, eran muy interesantes por sí mismas y por sus variadas y distintas temáticas. Guardo con especial cariño a la de la nieve, donde aprendí a esquiar, a hacer iglús y a dormir en ellos. Disfruté en todas menos la primera de agua siendo peludo. No sabía nadar…y me meten en mitad de un pantano, El Porma en Boñar (León), y me dicen que al agua. Como consecuencia, perdí una aleta y me sacaron los dos cabos primeros de la compañía a la orilla. Al día siguiente, a hacer de tripas corazón y a volver al agua, sin mayores consecuencias, gracias a Dios. Recuerdo ir nadando de espaldas, de dos en dos y en fila, cantando y nadando como posesos para salir de las corrientes de agua helada que nos íbamos encontrando. La segunda fue en Poo de Llanes, en el mar y ya como veterano instructor, la pude disfrutar mejor.

La marcha de tiro y explosivos en Zamora es otra que recuerdo con cariño, aunque he de reseñar que nos aplicaron la famosa evasión y escape y fue una prueba de resistencia física y psicológica bastante fuerte. Fue en pleno diciembre del 81. Lo que más disfruté por emoción e intensidad, fueron las guerrillas. Recuerdo con cariño la primera, junto a mis veteranos, en Frías (Burgos) donde, al acabar, nuestro capitán nos felicitó a todos en su nombre y en el del general por el éxito obtenido. Lo importante es que no existe ninguna que me disgustase repetir. Todas me aportaron sensaciones y momentos que se me han quedado registrados en la memoria para siempre.

¿Recuerdas algún hecho, anécdota especial o algo que consideres interesante?

Muchas, de vez en cuando, sobre todo al acostarme, me vienen recuerdos de momentos concretos de aquellos días. Teniendo en cuenta que han pasado cuarenta años, algunas se fueron quedando en la memoria del tiempo, pero que, de vez en cuando y, sobre todo, cuando hablamos, en ocasiones, antiguos compañeros salen a relucir. Y estoy seguro de que a todos nos pasa que estaríamos muchas horas hablando de aquellos tiempos. Nos hacía gracia, sobre todo, porque cuando les contábamos a nuestros amigos de fuera todo lo que hacíamos casi nadie nos creía.

Recuerdo aquellas primeras marchas, donde nunca se acababan las vaguadas y los collados, pues se sucedían igual que orugas procesionarias. Muchos momentos del puteo de nuestros veteranos, pero desde un plano racional, sin amarguras ni malos recuerdos. Siempre se han de ver las cosas en su determinado contexto. Las horas pasadas con un golpe de mano preparado en la guerrilla de Burgos a un presunto convoy de vehículos que nunca pasó. Los nervios y el acojone la primera vez que saltas en rápel de helicóptero desde cincuenta metros de altura. Saltar de un camión en marcha a cincuenta km de velocidad en Salamanca. Hacer estallar granadas Po3 que no estallaban al tirarlas y lo hacíamos preparando pequeñas cargas de tetraleno y explosivo plástico poniendo estas al lado de las granadas. Como disfrutaba tirando con el cetme C y, además, bien…y tantas otras cosas…

Guardo con especial cariño, los ocho días de la supervivencia. Fue una experiencia muy importante para conocerme mejor, para conocer a las personas que conviven día a día contigo, pues es en los momentos difíciles cuando sale y da la cara la auténtica persona que llevamos dentro. A título personal, me sentí muy contento con mi experiencia, con mi comportamiento y mi actitud. Pienso que, en líneas generales, el paso durante veinte meses por aquella compañía me ayudó a madurar y a afianzarme en mis ideales y aptitudes de cara a la vida.

¿Quieres añadir alguna cosa más?

Me gustaría reseñar, desde el punto de vista de un chaval de 19 años, las ganas de hacerlo bien, los momentos de tensión, pero con la sobriedad y la disciplina que exigían todos y cada uno de ellos. La figura de nuestro capitán, que para todos era como una deidad, a la que admirábamos y respetábamos de forma sincera. El nuestro, era el más joven al mando de una COE a nivel nacional, con unos cuantos cursos hechos, además del propio de la compañía y del que, hoy en día, con el que tengo relación de amistad durante todos o casi todos estos años. Es un honor y un orgullo tenerlo como amigo. También de los oficiales y, cómo no, de los sargentos que trabajaban con nosotros más directamente, pero que el trabajo era común para todos, desde el capitán hasta este humilde soldado.

Todos aquellos momentos, me enseñaron varias cosas. Lo que aguanta un ser humano, más allá de lo que piensa y cree. De saber valorar todos los buenos momentos, desde lo más simples, y tomar los malos como una oportunidad para adquirir experiencia y aprender siempre.

Siempre recordaré las palabras de nuestro capitán, el día que nos licenciamos: “A partir de hoy, empieza vuestra auténtica guerrilla en la vida”.

Por las COE han pasado muchos hombres. En ellas se nos mostraba una forma de vida, la forma de compartir, de solidarizarse y empatizar con tus hermanos de armas, lo bueno y lo malo. Y, sobre todo, resaltaban las bondades y maldades de la gente donde las máscaras se caían muy fácilmente. La buena gente, el buen compañero, lo era, lo fue y lo siguió siendo. El malo, también.

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