El círculo de la milicia

Coronel Miguel Jáuregui García

Capitán de la UOE 13

Ingresé en las Fuerzas Armadas en 1966 como componente de la XXV promoción de la Academia General Militar. Finalizados mis estudios en la Academia de Zaragoza, egresé como teniente de infantería el 15 de junio de 1970.

Después de mis primeros pasos como teniente y algunos años de capitán en unidades varias (incluida la COE 22 de Huelva), fui destinado (voluntario) al Grupo de Operaciones Especiales, ubicado en la base de San Pedro (antiguo CIR nº1) en Colmenar Viejo (Madrid), el 29 de junio de 1979, pasando a prestar servicio en la recién creada Unidad de Operaciones Especiales nº13, como capitán jefe.

Puedo asegurar que mis más de 78 meses en el GOE I fueron intensos al máximo, por la vorágine propia de este tipo de unidades: un campo aquí, otro allá, un mes y otro, y otro, y otro…

La orgánica de la novel unidad era distinta a todas, muy moderna, trabajando en equipos operativos (equivalentes a secciones pero más reducidas, de 26 personas) mandadas por tenientes, con un máximo de tres por compañía. Además, nueve sargentos destinados en plantilla (más dos en prácticas) constituían el equipo de instructores por excelencia de la compañía (tres en cada equipo operativo). Un reducido grupo, al mando del brigada auxiliar, conformaba lo que conocíamos entonces como el “pelotón de servicios” (en realidad eran el furriel, el oficinista, y algún rebajado circunstancial), verdadero corazón impulsor de la vida y movimiento de la unidad y sin el que no hubiera sido posible planificar la instrucción de nuestros soldados. Ellos eras los encargados de mover la logística en todos los campos: la cocina ARPA, las tiendas de campaña, la alimentación, el grupo electrógeno…

La lista de revista, mandos y tropa, rondaba los noventa y dos hombres. La compañía se nutría de dos reemplazos anuales, siendo uno de ellos el veterano y otro el de reciente incorporación. Por lo tanto, el nivel de instrucción de la unidad se encontraba, en el mejor de los casos, a un 75% de operatividad, llamémosle táctica, en el final del periodo militar del reemplazo de veteranos.

La gran variedad de actividades que se impartían imponía el ritmo de batalla de la compañía: endurecimiento físico, topografía, explosivos, vida y movimiento en montaña, transmisiones, combate en agua, patrullas de combate, tiro con armas de fuego y mucho más.

Quiero destacar la gran importancia que se dedicaba a la realización de ejercicios con las armas de dotación. La misión de formar buenos tiradores constituía la base del programa de instrucción. Como arma estrella mencionar el emblemático fusil de asalto CETME  de 7,62 mm, coloquialmente llamado “chopo”, combinado con otras armas como el subfusil, el mortero, la ametralladora… La intensidad de los ejercicios de tiro era constante. Además de alguna fase de diez días dedicada a ello, todos los jueves del año realizábamos prácticas de fuego en El Palancar, nuestra segunda morada.

La misión del capitán de una unidad de boinas verdes se puede asemejar a la de un director de música, que pone orden y coherencia en los instrumentos de una orquesta, y hace que sus músicos ejecuten la partitura correcta en el momento apropiado. Todo diseñado para que la sinfonía final suene lo mejor posible una vez terminado el ciclo militar del soldado, el día de su licencia. Es el “círculo de la milicia”, que gira y gira y nunca se detiene. Y vuelta a empezar.

Durante casi seis años y medio, el círculo de la milicia se repitió, por lo menos, con 12 reemplazos. Un círculo que, cuando se completaba, se iniciaba otro, sin pausa, reiterando los conocimientos militares una y otra vez a los nuevos incorporados.

Y ese era el procedimiento seguido en todo el ejército, que se llevó a cabo durante décadas hasta diciembre de 2001, en el que se profesionalizó nuestro ejército. El resultado conseguido con el anterior sistema de servicio militar obligatorio fue el de unos soldados que, al licenciarse, habían alcanzado un punto de madurez suficiente para enfrentarse a los problemas de la vida real: obtener un trabajo, formar una familia y, en definitiva, convertirse en ciudadanos. ¿Qué joven de 20 años en la actual sociedad tiene la madurez necesaria para tomar las decisiones fundamentales que decidirán su vida futura?

La mayor o menor intensidad en la instrucción era también ponderada por el capitán, verdadero supervisor del cumplimiento del exigente programa, dosificando el ritmo de batalla a ser aplicado.

Me gustaría resaltar, por encima de todo, el mejor valor del GOE I, de la UOE 13: la gran calidad humana y profesional de nuestra tropa de reemplazo, sin sueldo, voluntaria, duros como robles, disciplinados, austeros, abnegados y con un alto espíritu de sacrificio y de entrega, con una gran motivación por aprender nuevas cosas, nuevos procedimientos de combate.

El compañerismo también era un valor en alza desde la incorporación a filas que se fomentaba en todo momento. El hecho de haber pasado penalidades en la instrucción como frío, hambre, fatiga, sueño…, siempre en compañía de tu binomio, de tu equipo básico, de tus compañeros en definitiva, ha creado unos lazos de por vida, como se puede apreciar en las reuniones esporádicas organizadas por los veteranos boinas verdes de todas las unidades de España.

Indudablemente, el sistema actual permite una programación a largo plazo y, sobre todo, una gran especialización técnica y táctica de los soldados profesionales en sus tareas, empleando para ello mayor tiempo (3 años), realizando los pertinentes cursos de capacitación durante ese tiempo.

Sin embargo, la entrega y plena disposición de aquel soldado del siglo XX, que formó a los pies de la sierra madrileña cada mañana, que realizaba la instrucción táctica sin desfallecer, que siempre estaba ahí cuando hacía falta, ha dejado huella en todos los mandos de la época. Ellos, aquellos soldados de servicio militar obligatorio con un espíritu de sacrificio inmenso, fueron los verdaderos artífices de las actuales unidades de operaciones especiales del presente; fueron los primeros.

Sea este sencillo artículo mi humilde contribución  a todos ellos.

“Dedicado a los guerrilleros de la UOE 13, del GOE I”.

Tres Cantos, a 28 de enero de 2024

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