COE 92 Ronda. Los comienzos

Comandante Rafael Rojas Esparza

Sargento fundador de la COE 92 (1967-1974) Antiguo Teniente de la COE 21 y GOE II

El día primero de octubre de 1967 hicimos la presentación: el capitán, dos tenientes, el subteniente ajustador de armas, cuatro sargentos; unos días después: dos cabos 1º y veinticinco soldados. No se cubrieron las vacantes de brigada ni de brigada ATS. Solo el capitán y un sargento estaban diplomados en Operaciones Especiales.

El personal de tropa la mayoría era de la provincia de Jaén, en la que la única guarnición era un Grupo Ligero de Caballería, incapaz de absorber todo el personal de la provincia al ser el contingente regional. Esta fue la razón principal de que hubiese tanto solicitante jienense, unido a que el personal de las COE era el único que disfrutaba los fines de semana de viernes a domingo, en el caso de la de Ronda era de viernes a lunes por la mañana ya que entonces las combinaciones de transporte eran pocas se aprovechaba el horario del ferrocarril cuya estación lindaba con el acuartelamiento ya que vehículo propio casi nadie tenía.

El Regimiento de Infantería Ceuta 54 del que dependíamos administrativamente tenía dos acuartelamientos: La Concepción y El Fuerte. En el primero, que estaba en pleno casco urbano, se alojaban las compañías del regimiento y todos los servicios como cocina, comedor, duchas de agua caliente. El segundo, en pleno campo y lindante con un instituto y la estación de FF.CC., lo ocupaba un pequeño grupo de personal de mantenimiento y las cuadras con el ganado y los acemileros.

Para suerte de la COE nos ubicaron en este último, compartiendo local con el personal de mantenimiento. Se encontraba en muy malas condiciones de habitabilidad ya que había sido una de las cuadras. Lo único que habían hecho era derribar los pesebres; todavía estaban las argollas, y el suelo empedrado. Los servicios dejaban mucho que desear. Asimismo, a diario, había que bajar al cuartel de la Concepción tanto a las comidas como a las duchas de agua caliente. Pasado algún tiempo, el capitán consiguió que este local quedara solo para la COE, e inmediatamente, se arregló lo imprescindible ya que la unidad carecía de medios económicos y el regimiento  no estaba por  la labor. Así, parcheando, transcurrió tiempo hasta que en una visita del capitán general se consiguió que se librara un presupuesto y una empresa realizara las obras necesarias, que finalizaron a principios de 1972.

Para la instrucción diaria de la unidad en guarnición, nada más salir del acuartelamiento estábamos en pleno campo; el tajo de Ronda a unos diez minutos para hacer rápel y el campamento de Montejaque, a unos treinta minutos, donde podíamos realizar lucha en población, explosivos y paso de pista. El tiro había dos fincas donde se podía realizar, pero estaban distantes por lo que aprovechábamos las salidas mensuales para en un lugar propicio realizarlo.

Como ocurrió con las demás COE, la nuestra no fue una excepción, la orden de creación especificaba “solo harán los servicios internos de su unidad”. Gracias a ella podía dedicarse en exclusiva al desarrollo de su programa de instrucción, al regimiento le correspondía proporcionarnos, además de la seguridad, todos los servicios logísticos. Esto no era bien visto por los mandos por lo que, cada vez que podían y cuando no también, interferían.

A nuestro capitán Calvo Carral le hicieron muy difícil y desagradable el mando. Tuvo continuos enfrentamientos; el primero de ellos, y posiblemente el mayor, fue a los pocos meses de constituirse la COE, creo que en abril de 1968, cuando la BRIDOT ordenó realizar un ejercicio de guerrillas y contraguerrillas entre COE y regimiento. Fueron unos días de lluvias intensas y cuando más llovía, la guerrilla, en un barrido de frecuencia, consiguió la de la contraguerrilla y logró que se cambiaran los campamentos de las unidades del regimiento a los que hostigó continuamente. Esto sentó muy mal en el regimiento durante mucho tiempo.

Las llamadas de atención de los capitanes de cuartel a los sargentos de semana, solo de la COE, eran el pan de cada día. Recuerdo una de ellas en que, en el comedor, el capitán de cuartel llamó al sargento de semana y le comentó que un soldado de operaciones especiales debe distinguirse, entre otras cosas, por su estado de policía, señalándole a un soldado. El sargento le contestó: “Mi capitán, ese soldado que me indica no es de mi compañía. Creo que es de su regimiento”.

El tiempo fue pasando, desaparecieron los primeros mandos del regimiento, vinieron otros y las relaciones con la COE mejoraron. Fue un acierto de la BRIDOT el ordenar que los mandos del regimiento formaran parte en la dirección y arbitraje de ejercicios y, de este modo, supieran valorar lo que podía dar de sí los soldados del servicio militar obligatorio convertidos en guerrilleros.

Respecto al equipamiento, el Estado Mayor Central creó las COE, pero solo eso. Dispuso el número de hombres pero se olvidó de dotarlas de una indumentaria y material adecuado. Recuerdo las salidas en el primer invierno, con un equipo de pena. Cada hombre llevaba aquella mochila que dejaba señales por todas las partes del cuerpo que contactaba y en su interior un saco de dormir de piel de ovino, “el borrego”, que solo cubría hasta el pecho. La tienda Cima estaba compuesta por cuatro paños de lona con broches y un mástil. Cada hombre portaba un paño y una cuarta parte del mástil; carecían de cámara de aire y de aislante del suelo. Las planchas de espuma tardaron varios años en aparecer. Pasado un tiempo, nos suministraron las tiendas Aneto, pero debido al tiempo de almacenamiento cuando las abríamos se rasgaban por los pliegues.

Nuestra salvación, en cuanto al alojamiento en las salidas mensuales por la serranía de Ronda, era la gran cantidad de cortijos cerrados y que a través de la guardia civil o de los guardas forestales los dueños nos facilitaban. Eso si, cuando los devolvíamos lo hacíamos en las mejores condiciones posibles, así los teníamos a nuestra disposición para otras ocasiones.

Cocinar lo hacíamos en ollas y sartenes viejas que nos habían facilitado en el regimiento usábamos la leña. Cada hombre devengaba dos kilos en el campo, el doble que en guarnición. Como había toda la que se quería en el monte, su importe servía para incrementar la mejora de alimentación. La primera olla exprés no la tuvimos hasta el 1973 (creo). No sé de dónde se sacó el dinero.

En la fase de agua carecíamos de todo. Cuando necesitábamos alguna embarcación eran los pescadores los que colaboraban. Las aletas y bañadores hubo que esperar unos años hasta que el general nos dio quince días de permiso extraordinario y pudimos comprarlos. No sé si fue en esta ocasión u otra se compraron los colchones hinchables. La falta de chalecos los suplimos por corcheras de las redes de pesca. En el año 1975 o 76, en una captación de reclutas, en la nave en que se daban las charlas, entre otros útiles de la caseta de playa de oficiales, vimos que había doce chalecos, comprendimos que en la COE estarían mejor usados y, en una acción nocturna y rápida, pasaron a la relación de material no inventariable. Durante esta fase que realizábamos en el 1968 en la playa de Cantarriján Almuñécar (Granada) y a partir del 69 en Sabinillas (Málaga), unas veces nos alojábamos en un colegio y otras veces en un camping, aquí sí que montábamos las Aneto y hacíamos el traslado hasta la estación de San Pablo de Buceite en FFCC y luego andando hasta Sabinillas.

Las zonas de actuación en las salidas mensuales eran por la Sierra de las Nieves, Sierra Bermeja, Valle del Genal, sierras de Montejaque, Benaojan, Cortes de la Frontera. El traslado se hacía a pie en marchas de una jornada normalmente. También se salía a las sierras de la Almijara, Cazorla, en Granada y Jaén; en este caso los traslados eran en FF.CC. hasta Granada y al destino en camiones.

Estos mismos medios utilizábamos para la fase de nieve que realizábamos en Sierra Nevada, donde no estaban operativos los albergues que hoy utiliza el MOE. Todos los días durante algunos años nos trasladábamos en los REO, después en autobuses. Nos alojábamos en el cuartel del Regimiento Córdoba 10 donde estaba la COE 91. Los primeros esquís que usamos fueron los Maderof con fijaciones fijas, provenían de una compañía de esquiadores escaladores que existió en Granada por los años 50.

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