COE 62

Jaime Íñiguez Andrade   

General de División. Antiguo Teniente de la COE 62 (dic. 1981, sep. 1984)

En el último trimestre de 1981, todavía alumno del XXVI curso de operaciones especiales, me asignaron la vacante que en la COE 62 (Bilbao) se había publicado unas semanas antes y que había solicitado. La publicación venía acompañada con la observación de que debería superar el curso en el que estaba inmerso; lo que, efectivamente, ocurrió. Aproveché los días de vacaciones de la navidad 81-82 para despedirme de mi anterior destino, el hoy desaparecido Regimiento Mallorca 13, ubicado en Lorca (Murcia), al que me incorporé en verano de 1981 pocos días después de haber recibido el despacho de teniente en la Academia General Militar.

En julio de 1982, menos de 24 horas después de haber recibido el diploma por haber superado el curso de OE, me incorporé a la COE 62, situada en el acuartelamiento Soyeches, en Munguía (Bilbao). Esta COE se creó en 1966 instalándose con el Regimiento Garellano 45 en Bilbao, hasta el primer semestre de 1982 cuando se trasladó a Soyeches (Munguía); continuó siendo conocida como la COE de Bilbao. Estos son algunos de mis recuerdos de mi paso por esta COE.

Por hallarse en las provincias vascongadas, la incorporación a la unidad se tuvo que realizar con carácter de urgencia, como estaba regulado entonces. Así lo hice; llegué al acuartelamiento a mediados de julio y me presenté a los mandos de las unidades que se encontraban en esa base, en particular, a los del Regimiento Garellano 45, que tenía allí su jefatura. Una de las primeras cosas que me llamó la atención fue el hecho de que todos los cuadros de mando de la COE 62 habían sido destinados con carácter voluntario, cuando lo normal entonces era que el personal fuera forzoso a Vascongadas.

La COE estaba en ese mes en Santoña, en la fase de agua, por lo que me habían enviado un vehículo para llevarme hasta esa localidad cántabra. Esa misma tarde me incorporé a la que sería mi primera unidad de operaciones especiales, la COE 62, que estaba utilizando el fuerte de San Martín (Santoña) como base para sus actividades; allí nos alojábamos, con nuestras esterillas y sacos bien distribuidos por sus instalaciones; se hacían las principales comidas; se impartían las teóricas, usándose también para realizar una exhibición para el pueblo de Santoña un poco antes de que la COE regresara a Bilbao. El material de agua (embarcaciones, equipos de buceo, etc.) se dejaba en el Patronato Virgen del Puerto, situado al pie del fuerte, cuya dirección permitía a la COE endulzar el material evitando además el transporte entre el fuerte y la mar.

Entonces, en las COE solo había trajes de neopreno para unos 12 guerrilleros; también era escaso el material para bucear (botellas, reguladores, relojes, escarpines, etc); sí que había aletas, gafas y chalecos (muy rudimentarios) para toda la unidad. No todos los guerrilleros sabían nadar por lo que se hacía un grupo especial para ellos, con diferentes denominaciones según la COE: patitos, tiburones, etc. En la 62 se denominaban patitos. Al no haber suficientes neoprenos, todas las prácticas en agua se hacían, básicamente, en camiseta y bañador.

Aunque la fase de agua se desarrollaba casi siempre en los meses de verano, aquel que conozca la temperatura de la mar en el Cantábrico y su clima peculiar, entenderá el sacrificio que supone permanecer varias horas en esas aguas, en las diferentes prácticas que se realizaban. Recorridos en superficie entre Laredo y Santoña o a caballo de la ría, siempre pendientes de las mareas; entradas y salidas con las embarcaciones en la playa de Berria, donde las olas rompían con fuerza; bogas por la ría de Hano, algunas veces empujando las embarcaciones de rodillas, para no hundirse en el fango; temas tácticos; carreras mañaneras; en fin, las habituales prácticas de agua de las COE en un paraje de impresionante belleza y dureza en lo climatológico, sobre todo para una fase de este tipo. Los años en los que estuve sirviendo en esta COE acabábamos este ciclo con una exhibición ante la población de Santoña y alrededores (ver fotos).   La COE 62 realizaba otras fases en Cantabria: la de vida, movimiento y combate en montaña estival, en Potes; la equivalente en época invernal, en la zona de la estación de Brañavieja, en Alto Campoo, cerca de Reinosa, alojándose en un albergue en Villar, pequeño pueblo entre Reinosa y la estación de esquí.

  

Normalmente, una vez al año, se iba a la Base de Helicópteros de Agoncillo, para realizar prácticas con el Batallón de las Fuerzas Aeromóviles del Ejército de Tierra (FAMET) allí ubicado y dotado, en aquella época, del utilitario UH-1H. Además de las prácticas de embarques y desembarque, rápel, transporte en patines, «radio homming», etc., también se aprovechaba para hacer temas tácticos por la Sierra de Cameros. Esta unidad de FAMET era la que solía apoyar al Curso de Operaciones Especiales en EMMOE, Jaca, por lo que era muy fácil trabajar con ella: sus tripulaciones conocían bien la idiosincrasia y necesidades de las unidades de OE; la compenetración entre tripulaciones y boinas verdes era total.

Al igual que el resto de COE, la de Bilbao realizaba sus diez días de campo mensuales (veinte para la fase de nieve y otros 20 para la de agua): los establecidos ciento veinte días fijos de ejercicios fuera de su base (normalmente, en enero no se salían esos diez días, utilizándolos en la fase de nieve que se realizaba en febrero o principios de marzo, para conseguir veinte días, única manera de obtener un cierto nivel en ese ambiente; igualmente, en agosto tampoco se salía para unir esos diez días a la fase de agua, que se realizaba en junio, julio o septiembre). Además, la COE 62, como sus homólogas, hacía también mucha instrucción nocturna en las pocas semanas que estaba en el cuartel. Y supervivencia por los bosques de las Vascongadas, combate en bosque, topografía, evasión y escape, etc.; la inigualable vida de una COE en una preciosa zona española que englobaba diferentes provincias: Santander, Burgos, La Rioja, Navarra y las tres Vascongadas (Álava, Guipúzcoa y Vizcaya), la entonces VI Región Militar (de ahí el 6 del número de la COE 62; la 61 era la COE de Burgos). El área comprendida en el triángulo Munguía-Bakio-Bermeo era bien conocida por el personal de la COE 62 que, por su proximidad al acuartelamiento, geografía, flora y densidad de población, formaba un paraje ideal para el adiestramiento de una unidad de estas características.

Como tantas otras unidades de las Fuerzas Armadas, la COE 62 tuvo que colaborar en la resolución de diferentes emergencias; durante mi estancia en la COE fueron dos las más significativas:

En la semana del 6 al 13 de febrero de 1983 una expedición de cincuenta cuatro niños del Colegio Miguel de Cervantes, de Valladolid, quedó bloqueada en un refugio situado en la estación de esquí de Brañavieja, debido a la gran nevada caída esos días.  La carretera se cerró y los familiares de los niños empezaron a mostrar su inquietud por su estado; desde la Diputación Provincial informaron de que la máquina quitanieves no llegaría inmediatamente, pues había otras prioridades, teniendo en cuenta, además, que el refugio contaba con suficiente agua, alimentos y combustible para la calefacción; entonces, se solicitó a la COE si podía intervenir y llegar hasta el refugio para verificar el estado de los niños y llevarles mantas y alimentos.

Así se hizo, un equipo de la COE 62 partió con esquís desde Entrambasaguas (pequeño pueblo situado entre Reinosa y Brañavieja, y donde la carretera se cortaba por la nieve) hasta Brañavieja, llevando además del equipo de emergencia propio, mantas y termos con leche caliente para los niños. Fue una ascensión de unos 10 km, iniciada sobre las 21:00, con la nieve recién caída, lo que obligaba a relevar al hombre «abre-huella» cada poco tiempo. Por estar la COE casi recién llegada a la fase, el nivel de la tropa no era muy alto, por lo que el peso recayó sobre los cuadros de mando. En ese equipo se integraban los tres médicos de la COE (en estas compañías normalmente había un soldado médico por cada sección; como la 62 era de tres secciones por ser de tipo A, tenía tres médicos ¡un lujo hoy!). Al llegar al refugio unas tres horas más tarde del inicio, se comprobó que, efectivamente, los niños estaban bien; no obstante, tanto el responsable del refugio como los monitores y los propios chavales dieron buena cuenta de la leche caliente que les llegaba… Esta acción fue recogida por el periódico Alerta de Cantabria; además, el alcalde de Valladolid remitió una carta de agradecimiento.      

Ese mismo año, el 26 de agosto de 1983, viernes, acabando la Semana Grande de Bilbao, la provincia de Vizcaya recibió una tremenda cantidad de agua que provocó una de las peores inundaciones de su capital. La COE, como el resto de las unidades de la guarnición, fue llamada para colaborar en la limpieza de la capital; en concreto, su casco viejo. La actuación de la COE fue merecedora de algunas felicitaciones, redactadas de forma muy expresiva, en lo que refleja cómo se han comportado siempre las COE.

https://elpais.com/ccaa/2013/08/25/album/1377458202_835098.html#foto_gal_12

Además de todo lo anterior, la COE 62 también estuvo involucrada en actividades relacionadas con el terrorismo de ETA. En 1974 participó en la operación Iruña, de impermeabilización de la frontera entre España y Francia en la zona de Navarra, para impedir el paso de personal o material de ETA entre ambos países (en aquella época, Francia era un santuario para los etarras). Más tarde, entre 1981 y 1982, en la operación Alazán (similar en fines a la Iruña) la COE 62 estuvo designada como reserva. Otras actuaciones relacionadas con la lucha contra ETA se llevaron a cabo de manera esporádica en aquellos momentos en los que la amenaza de un atentado era inminente. Como se ha dicho, la COE se encontraba en el acuartelamiento de Soyeches (Munguía), junto con las otras unidades de guarnición en Vizcaya; las casas militares y la residencia se hallaba en la capital, pegada a las instalaciones del antiguo cuartel del Regimiento Garellano. Todos los días, un autobús trasladaba a los cuadros de mando a Soyeches (la clásica «ruta», que allí se la denominaba como el «ataúd», como prueba de humor negro). Cuando la amenaza de atentado era alta, alguna vez se designó a la COE 62 para que diera seguridad a esa ruta, lo que se hacía reconociendo previamente las posibles zonas de emboscada, estableciendo contraemboscadas (algunas visibles, como disuasión, otras no) y patrullas por la carretera. Lo anterior suponía, desde luego, una inmejorable oportunidad de adiestramiento, además de colaborar en la mejora de la seguridad de los compañeros; no obstante, disminuía significativamente el tiempo disponible para otras actividades puesto que entre el establecimiento del dispositivo y su recogida (por la mañana y por la tarde) se invertían horas. La «ruta» sufrió algún atentado, nunca cuando la COE 62 la protegió.

Durante mi estancia en la COE 62 se produjo el incidente de Abena, recogido en esta misma revista; incidente que se tergiversó de tal manera que lo que se publicó en prensa poco tenía que ver con lo que de verdad pasó.

En septiembre de 1984 me despedí de la COE 62 por haber sido destinado con carácter forzoso al III Batallón (ubicado en Lanzarote) del Regimiento Canarias 50.

Para mí, fue una gran suerte que me concedieran el privilegio de servir en la COE 62: un capitán, Carlos Alemán, que sabía bien lo que es la lealtad; unos compañeros excepcionales, como el teniente Leandro; unos suboficiales entregados, siempre dispuestos a ir más allá y una tropa de reemplazo, pero también voluntaria que se quería comer el mundo: no pude tener mejor entrada en el mundo de la Boina Verde.

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