Barranco de escalada Capitán Oria

Coronel Ramón Molina Santiago (retirado)

Teniente fundador del GOE II. Antiguo teniente en COE 22 (Huelva)

El campamento militar Alférez Rubio Moscoso fue, durante muchos años, el lugar donde la COE 91 y, posteriormente, el Grupo de Operaciones Especiales II instruían a sus reclutas durante la fase básica que abarcaba dos meses desde su incorporación a estas unidades una vez finalizada la captación de los distintos reemplazos.

Este campamento disponía de campos de tiro de fusilería, una pista de aplicación, conguito, campos de deportes, una cueva donde se hacían prácticas de explosivos, una zona con un clima extremo y un terreno muy apto para el endurecimiento, la instrucción y el adiestramiento.

También disponía de otro barranco, a unos 500 metros del campamento, con unas paredes donde se llevaban a cabo por nuestros soldados todo tipo de prácticas de escalada.

Esta zona, en sus inicios, reunía pocas condiciones para la escalada. Su transformación y acondicionamiento para hacerla óptima para la escalada exigió un gran trabajo de acondicionamiento.

Su descubridor, quien se percató de las formidables condiciones que ese paraje ofrecía para la escalada, fue el entonces sargento, hoy capitán retirado, D. Fernando Oria Domínguez, un visionario adelantado a su tiempo que hizo de aquellas paredes una magnífica zona para escalada.

El proyecto de convertir el barranco en una zona de escalada comenzó en el año 1971, cuando el sargento Oria llegó destinado a la COE 91 y vio las inmensas posibilidades que la zona ofrecía, siendo jefe de la COE el capitán Máximo Fernández Usero.

El trabajo requerido para acondicionar la roca a la escalada fue tremendo, máxime en esa época en la que ni se podía acceder a esa zona en vehículo ni había el material con el que hoy contamos.

El capitán Oria, estando destinado en Tiradores de Ifni, llegó a la conclusión de que un buen soldado de Infantería tenía que saber disparar, correr y picar (con el pico de toda la vida de Dios). Desde esa mentalidad, los fines de semana de los dos meses que duraba la fase básica, a lo largo de más de 20 años, los pasó en este barranco, junto a sus soldados, que a base de picar y picar consiguieron, reemplazo tras reemplazo, ir modificando el perfil de la roca, acondicionándolo poco a poco para la escalada.

Además del pico, dada la dureza de la roca, se hizo precisa la utilización de explosivos. Nuestro capitán consiguió un camión de trilita en tacos de ½ kilo y 1 kilo, y buena parte de ese explosivo se utilizó en el barranco de escalada para hacer la explanada que hoy existe, y que en su día no existía porque la roca llegaba hasta la vaguada más próxima. Comparando las fotografías anteriores puede verse el enorme trabajo de transformación del barranco a lo largo del tiempo.

En la pared principal de la roca, de unos 18 metros de altura, se hicieron 8 vías de escalada de diferente dificultad, donde se instalaron más de 100 clavijas de expansión fabricadas por el capitán Oria, completamente artesanales, que hoy siguen estando en el mismo sitio.

Las clavijas las fabricó con un tubo de calefacción, del que cortó trozos de 20 y 25 centímetros. Por un extremo los machacaba con la finalidad de colocaba una arandela, donde se introducía el mosquetón, y en el otro extremo les daba dos cortes verticales, que era la parte que iba en la roca, expandiéndose en la misma al golpearla para introducirla.

En esa época no existían taladros portátiles, por lo que hubo que hacer a mano todos los orificios, con martillo y cincel, para de esta forma introducir las clavijas. Tras más de 20 años de trabajo, el capitán Oria consiguió unas instalaciones muy completas, ya que disponían de vías de escalada, torres metálicas con las que se hicieron tirolinas, postes de madera para aprender a subir con presas con una correa puesta en los pies, etc.

Con los palieres rotos de los camiones “AVIA” de la época consiguió hacer todo tipo de anclajes en la parte superior de la pared de escalada para hacer los rápeles y montar los teleféricos y las tirolinas.

Un diseño muy imaginativo propio del ingenio y de la imaginación de este gran oficial, como estos otros.

El barranco de escalada tuvo como resultado una escuela de escalada difícilmente superable. El grado alcanzado por nuestros soldados de reemplazo fue digno de admiración y elogiado por cuantos apreciaron la destreza alcanzada por estos. Todo ello fue fruto de cuanto diseño y creó el capitán Oria.

Fue tal el nivel de perfeccionamiento alcanzado y la infraestructura conseguida que, en esta zona, se llegaron a hacer exhibiciones ante personal civil y autoridades militares que quedaban impactadas de las magníficas instalaciones y del grado de instrucción alcanzado por los reclutas tras dos meses de fase básica. Tirolinas, teleféricos, pasarelas, rápeles, vías de escalada… al barranco de escalada no le faltó de nada.

No contento con todo lo conseguido, el capitán Oria, en la misma pared de escalada, en un pequeño hueco de esta, diseñó una diminuta cripta en la que colocó una Imagen de la Inmaculada Concepción, Patrona de la Infantería española, para que protegiese a sus soldados de los riesgos inherentes a la escalada. La cripta gozó del grado de perfeccionamiento y de la meticulosidad de nuestro oficial, estando debidamente protegida con su techado y una reja.

Algunos soldados de reemplazo de aquella época manifestaron su deseo de que, al fallecer, sus cenizas se depositaran en aquella cripta y en una ocasión un familiar apareció con las cenizas de un guerrillero para depositarlas en el barranco de escalada, a lo que se accedió.

Otro problema que tuvo que solventar fue la llegada a la zona de escalada con vehículos. Al barranco, en sus inicios, al ser una zona de labor, solo se podía acceder por unos laterales del mismo, lo que impedía su acceso con vehículos ya que había que atravesar un sembrado. Este problema lo solventó diseñando la llegada a la zona de escalada por otro lugar, por lo que necesitó hacer un puente con tubos de hormigón para poder acceder hasta la misma pared de escalada.

El 18 de mayo, la Asociación de Veteranos Boinas Verdes, llevó a cabo un acto en el que se colocó una placa en el barranco de escalada con el nombre “BARRANCO DE ESCALADA CAPITÁN ORIA”.

El bautizo de este barranco es un homenaje al que creó, diseñó y llevó a cabo todos los trabajos que hicieron del barranco de escalada una magnífica zona para la práctica de esta actividad. Para ello fueron necesarios más de 20 años de trabajo de nuestro capitán y una creatividad, esfuerzo, sacrificio y talento al alcance de muy pocos.

La finalidad de este artículo es dar a conocer cómo se consiguió alcanzar cuanto se hizo en el barranco de escalada y homenajear al capitán D. Fernando Oria Domínguez, un oficial ejemplar, un militar íntegro que dejó una huella imborrable en todos los que tuvimos el privilegio de estar a sus órdenes.

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