Aquellos primeros momentos de la vida del GOE

Comandante Marcos Mayorga Noval

Fue, y lo es para mí, una religión el haber portado y lucido la boina verde, a la que me consagré durante la primera etapa de mi vida militar, no escatimando esfuerzos en llevar a cabo, hasta donde humanamente me fue posible, desarrollar la labor que se me había encomendado, después de haber realizado el XII Curso Superior para el mando de estas unidades, en la Escuela Militar de Montaña y Operaciones Especiales de Jaca, como sargento de infantería.

Estando destinado en la Compañía de Operaciones Especiales 72 de Gijón pasé, después de ingresar en la Academia de Infantería, como alférez a la COE de Alicante y, finalmente, desemboqué en la de Madrid.

Ahora, cuando ya hasta las blancas canas con el paso del tiempo se me han caído y veo con orgullo el espíritu que siguen albergando las nuevas generaciones de guerrilleros herederos de aquellos primeros tiempos de las COE y fundación del primer GOE de España, hace que se renueven en mí las mismas inquietudes con las que comencé mi andadura.

Desde el primer momento en que el coronel Armendáriz me propuso realizar un artículo sobre los primeros momentos de la llegada de la COE 11, al formar parte fundacional del grupo, se creó en mí la responsabilidad de cómo abordar el tema, creándome una serie de inquietudes que, junto a los recuerdos que se iban agolpando, estuvieran a la altura de aquel momento histórico, donde ya se perfilaba la desaparición de las antiguas compañías de guerrilleros para integrarse con el paso de los años en los nuevos grupos de boinas verdes.

Y es así como decidí abordarlo desde el punto de vista del espíritu con el que nos integrábamos los soldados en estas unidades, emanado desde la superación y el sacrificio en pos del compañerismo y de la amistad que llevamos implícitos, como base fundamental del cumplimiento de las misiones, para las que fueron creadas.

Dicho esto, y con el recuerdo que llevaba en mi memoria, como parte fundamental de mi bagaje a José Daniel García Uría, un joven guerrillero que nos había dejado años atrás en acto de servicio en la COE de Gijón, formé parte del contingente que llegó como oficial procedente de Madrid, donde tenía su base de operaciones la COE 11 en el acuartelamiento de Inmemorial del Rey, junto al teniente Jambrina, el subteniente Luis Córdoba, el sargento primero Hilario y los sargentos Lara, Rando y Tortosa, bajo el mando del capitán Camacho.

Al poco de ser destinado en ella, el capitán me llevó hasta el despacho del comandante Muñoz Manero, presentándome como el nuevo oficial que se incorporaba a su unidad de operaciones especiales y, allí mismo, me dijo que sería mi jefe del Grupo de Operaciones Especiales que se iba a crear, y cuyas instalaciones se encontraban en Colmenar Viejo.

Apenas pasé el tiempo en aquel acuartelamiento ya que, en marzo de 1979, salimos una mañana soleada, embarcados en los camiones, para desplazarse la COE camino de Colmenar, donde se procedió a alojarse en los edificios que en el CIR 1, se habían reservado. No puedo dejar de citar su mascota, un gran mastín leonés “Sakre” al que teníamos un gran respeto, dada su vejez y su veteranía, y que a su cuidado se encontraba el cabo “Rusty”.

Formados en la calle frente al edificio a ocupar, el capitán Diego Camacho, al mando de su unidad, daba las primeras novedades de la llegada al comandante don Evaristo Muñoz Manero.

Eran los inicios del grupo y todo estaba a punto para iniciar su historia, a la que aportamos como bagaje la ilusión al estar participando en algo nuevo para el Ejército español y para la proyección de los boinas verdes en particular.

Pronto se iniciaron dentro del mismo acuartelamiento del CIR ejercicios de todo tipo: emboscadas, recorridos por su campo de maniobras e, incluso, tuvimos por primera vez desplazamiento embarcados en los camiones hasta el campo de tiro del Palancar. Diariamente, al mando de las secciones, recorrimos a primera hora de la mañana el contorno de las instalaciones de este centro de reclutas, práctica que quedaría como costumbre una vez constituido definitivamente el GOE.

De aquellos primeros momentos, mis recuerdos me llevan a la primera marcha que realizó la COE, integrada ya en el grupo, a la zona de Piedralaves, recordando el convoy por la carretera y pasando por las cercanías del monasterio de Yuste, que me hizo rememorar los últimos momentos de la vida del rey Carlos I.

En ella realizamos ejercicios de recorridos con brújula, reconocimiento del terreno y emboscadas, así como episodios de convivencia con la población vecina. Recuerdo estar formado en la plaza del pueblo de Sotillo de La Adrada, donde entonamos algunas canciones de las acostumbradas.

Algunos de los vecinos nos invitaron a sus casas y nos obsequiaron con los ricos caldos de sus bodegas particulares. De igual manera, nos invitaron el fin de semana a participar en una cacería de jabalís.

Tuve la ocasión de ver, una vez más, la entrega de uno de mis compañeros, cuando no quiso abandonar la marcha después de haber sido informado de la muerte de uno de sus progenitores, y al que tuve que convencer para que lo hiciera. Se trataba de mi amigo y compañero Luis Córdoba.

Por aquellos días ascendió a capitán el teniente Jambrina, al que conocí en la Academia de Infantería. Tuve la ocasión de cumplir con el mandato del comandante de adquirir el sable, al que adosé una placa de plata con la fecha de su ascenso, y que, como muchos de mis compañeros, ya se fue.

De vuelta al nuevo acuartelamiento, no hubo otros acontecimientos que los derivados del recibimiento de la COE 12 al mando el capitán Suero y la fundación de la nueva COE 13 al mando del capitán Jáuregui. En aquellos primeros principios fue destinado el teniente médico Víctor Phares, al que, desde esta humilde evocación y sencillas líneas, quiero agradecerle su amistad.

Guardo de aquella primera etapa en el GOE unos recuerdos entrañables, llenos de esperanza e ilusión al mando del comandante don Evaristo Muñoz Manero, al que veía con admiración con su mochila a la espalda y al hombro el subfusil, durmiendo en la tienda aneto como uno más, y al que tuve el honor de servir en tiempos de su generalato y que, tristemente, tuve ocasión de despedir en la hora de su fallecimiento, cuando emocionado cantaba el himno de Infantería durante la celebración de una misa por su alma en la catedral castrense de Madrid, abarrotada de compañeros.

Madrid, a 30 de diciembre de 2023

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