Aquella COE de la Escuela…!

Coronel Gerardo López-Mayoral Hernández

Antiguo Teniente fundador COE EMMOE 1981-1983

Me pide el general Vicente Bataller, amigo y compañero de años atrás, que escriba un artículo de la COE de la Escuela Militar de Montaña y Operaciones Especiales (EMMOE). Aunque ya escribí otro hace unos cuarenta años… (Revista “Ejército” nº 522, julio de 1983 y Revista Guion, Año XLII, nº 494, julio, 1983), además de haber proporcionado a mi también compañero Joaquín Moreno casi todo lo que tenía o sabía de dicho periodo, en esta ocasión trataré de ahondar algo más en el “alma” de aquella creación y no en el “cuerpo” que, creo, sigue presente en aquellas todavía inexpertas líneas que me atreví a escribir… y que, seguramente, puedan recuperarse y leerse de alguna manera…

En dichas letras reflejé, sobre todo, aspectos como las dependencias, finalidad, objetivos, plantilla, personal, armamento y equipo, programa de instrucción y particularidades específicas que, como más moderna la diferenciaban de otras compañías similares. Sin embargo, yo sólo fui testigo, por así decirlo, de una “puesta en marcha” y “primer empujón”, en lo que podríamos llamar su “rodaje”, eso sí con la gran ilusión de un teniente en su primer destino aunque, también, con la nostalgia y romanticismo de mi abandono obligatorio al ascender a capitán más o menos en la fecha de su publicación tal como también reflejé en mi artículo “Una estrella más a cambio de mi boina verde” que publicó la revista “Armas y Cuerpos” de nuestra Academia General Militar por aquel entonces.

Ahora, como digo, con cuarenta años de perspectiva se trataría de aportar algo más sobre el espíritu que nos animó y, con las noticias y contactos que hemos ido manteniendo, juzgar en la medida de lo posible cómo evolucionó cumpliendo sus objetivos hasta su triste desactivación en 1997.

Empezando un poco por la historia, como adelanté, mi primer destino de teniente en julio 1980 fue la EMMOE y, tras mi presentación, fui asignado a la 2ª Compañía de Cazadores de Montaña de la entonces Agrupación de Instrucción (luego Apoyo y Servicios) que estaba previsto fuera transformada en COE  al disponer ya en su plantilla de lo que llamaban SOE (Sección de Operaciones Especiales) y que, en realidad, era casi un pelotón que apoyaba las tareas necesarias del Curso de OE (preparación de campos de tiro, apoyo a materiales y equipo, etc.).

Allí, mi primer capitán, del que guardo un gran recuerdo, fue Nacho Martín Villalaín, montañero y que llegó a ser 2º Jefe del Estado Mayor del Ejército (JEME), contaba con el famoso y completo brigada Fernando Valero, con el que formó un estupendo “binomio” organizativo y trabajador. Tras mi obligada ausencia como alumno del XXXV Curso de OE, llegó 1981 y me reincorporé otra vez, con algo más de experiencia y mucha ilusión, mientras mis compañeros en la compañía también se incorporaban, como por ejemplo mi gran amigo el teniente José Izquierdo Navarrete, de la promoción siguiente, que tendría gran importancia en el espíritu y estilo de la nueva unidad, como veremos.

Por fin, en noviembre de 1981, el 9 en concreto, un día de tiro en Batiellas por cierto, se publicó en la Orden de la Escuela que todavía guardo, la creación de la COE al mando del entonces capitán Nacho Estévez, hasta entonces profesor del curso. Nos enteramos a la vuelta casi y tomamos conciencia de lo que ocurrió al incorporarse el nuevo capitán y empezar a trabajar como un equipo, los oficiales citados y los suboficiales, algunos excelentes diplomados en montaña y otros que, con mucha experiencia, fueron agregándose por diversas circunstancias junto a otros más modernos.

La compañía mantuvo su local en la última “U” al norte y este del patio de la Escuela (Pabellón “Soldado Murillo” del acuartelamiento San Bernardo) con su furrielería y adornos propios, probablemente ejemplar, en comparación con la de otras unidades. Se potenció un cuarto de trabajo de mandos y biblioteca particular donde iniciamos nuestras tareas.

Todavía no recuerdo exactamente cuándo, pero el caso es que, Nacho Estévez creo fue destinado al poco fuera de la Escuela haciéndose cargo del mando y administración el también veterano capitán profesor Fernando Carbonell de la XXVIII Promoción, que hizo el Curso de Montaña mientras yo hacía también el mío y cuya experiencia databa de la antigua COE 12 de Plasencia (Cáceres) al mando del antiguo Cap. Vázquez Soler (“El Javs”).

El comandante Vázquez Soler acababa de sustituir al temido comandante Fernández Regueira (“el tupa”) como jefe del Curso OE (y con el teniente coronel Gordo de Jefe de Estudios) y con quien trabajaríamos también en 1983 en el Curso de Operaciones Especiales para Mandos de la Legión de Ronda junto a otros muchos conocidos. Por entonces, la Escuela todavía tenía mando de general de brigada, Planas, creo recordar (tras el famoso “cejas” Vicente López).

Y aquí tengo obligatoriamente que mencionar que el querido capitán “Cabronell” como cariñosamente le llamaban algunos, años después también mi jefe de curso cuando volví como profesor, finalmente general en el Mando de Doctrina y que hoy nos contempla desde arriba, fue el verdadero “alma” de esta fase de creación de la COE. … y con cuyo hijo Fernando también coincidí muchos años después en Alicante en el Mando de Operaciones Especiales. ¡Quién nos lo iba a decir…!

No cabe duda de que su experiencia en enseñanza como anterior profesor marcó un sesgo didáctico y de experiencias a la nueva unidad, tanto en sus objetivos como en sus procedimientos. La primera tarea que abordamos fue la confección en fichas de instrucción de todo el programa de instrucción en sus diferentes materias, para lo que nos repartimos estas. No creo que ninguna COE tuviera entonces algo parecido…

José Izquierdo se centró en armamento y tiro, por ejemplo, como yo nunca hubiera imaginado con un profesionalismo y dedicación excelentes; yo me dediqué a otras algo más específicas de OE como topografía, fotografía e información por ejemplo. Dicha tarea que duró 2-3 años fue fundamental. Creo que las fichas se conservaban y, es más, fueron mi ejemplo años más tarde cuando mandé la COE de Las Palmas de 1984 a 1989 donde las adapté a mi nuevo entorno. Así empezó todo y como bien decía Fernando “ladran, luego cabalgamos…” y “dejad que los hechos hablen por nosotros…”

Las especialidades eran desarrolladas por un binomio, oficial y un suboficial, que siempre podían alternar y, además, lo ideal era que ese cuarto teniente que Carbonell siempre deseó y que creo no se llegó a conseguir, fuera, a su vez, el Jefe de la Plana Mayor de la compañía que supervisara la instrucción en general. 

Como ya comenté en mi primer artículo, esta compañía no tenía dependencias jerárquicas o funcionales con otras unidades nacionales o regionales, por lo que tenía quizás más libertad, dedicada a enseñanza y experiencias, con sus ventajas e inconvenientes, sin otros privilegios de otras COE aunque poco a poco fueron convergiendo ambas cosas (con el trato de la Subinspección de Infantería, por ejemplo, donde fue luego el coronel Vázquez Soler) pero sin llegar al final que quizá todos hubiéramos deseado… (guardias, complementos, movilidad, etc.).

La captación del personal se realizaba en el entonces CIR 10 de Zaragoza al igual que las COE de la Región, la 51 (Zaragoza) y la 52 (Barbastro) muy similar, con posibles intercambios luego incluso dentro de la propia Escuela. Sin embargo, ello ocasionaba en principio ciertas dificultades de compatibilidad en los reemplazos (¡Que se lo digan al brigada!…), habiéndose dado, me parece varias situaciones de dos e, incluso, tres reemplazos siendo uno lo ideal… adecuándolo en lo posible a las fases del Curso de OE.

Un aspecto que tomamos con mucho interés, en paralelo, era el tema del liderazgo. Mi compañero y yo pusimos en práctica un sistema de selección de cabos según técnicas sociológicas que ya nos enseñaron en teoría en la Academia de Infantería mediante test sociométricos que apoyaban otros parámetros siempre más subjetivos. Los relizábamos tras la fase de instrucción en el campamento de las Batiellas, cerca de Jaca, al lado del río Aragón, y creo que dispusimos desde abajo, de unos cabos de reemplazo en aquella época bastante buenos que facilitaron la labor global de la compañía.

El hecho de vivir un ambiente de enseñanza supuso un interés constante por las evaluaciones, tanto físicas como técnicas, lo que implicaba un deseo permanente de mejoras y cierta sana competencia interpersonal, de mandos o de unidades.

El hecho de que el área de actuación e instrucción fuera mucha más reducida que la Región Militar como otras COE, salvo otras en zonas más alejadas como para prácticas de agua o de alta montaña en Candanchú (escalada y esquí), donde lógicamente la especialización de muchos mandos de la Escuela consiguió cierto alto nivel, supuso que la intensidad del conocimiento de la zona, reconocimientos, patrullas, archivos e información fuese muy elevado, no solo en papel, sino en la propia mente de los componentes y, por supuesto, de los mandos, que ya lo tenían casi desde su propio curso.

Otro aspecto importante de la instrucción era todo lo relacionado con instrucción en tácticas de contraguerrilla, enfocadas a colaboraciones con el curso: conocimiento exhaustivo del terreno de la histórica comarca de la Jacetania, casi de memoria, mapa de integración terreno-enemigo adaptada a guerrillas, tiempos y radios de reacción, puntos de paso obligado y cierre zonas, seguimiento de huellas, autonomía… lo que llevó a tener equipos casi especializados en estos temas. 

Otras fases más específicas como el combate en población se desarrollaban en pueblos abandonados como Artaso, por ejemplo, en la zona de San Juan de la Peña; la supervivencia, dependiendo de la estación del año en más alto Pirineo o Jacetania, dejando tiro y explosivos a los campos de tiro de Batiellas o, simplemente desde Jaca, que permitía desarrollar casi cualquier otra actividad (recorridos, instrucción de combate, combates especiales como en bosques, etc.) 

Una de las misiones de la Escuela, como adelanté, era la experimentación de nuevas tácticas, procedimientos, materiales, etc. Por ello, muy habitualmente probamos vestuario (jerseys de montaña, uniformes, etc.), armamento (fusil CETME 5,56 mm, ametralladora AMELI, cascos, etc.), equipo (sacos de dormir, tiendas de campaña,…) que yo recuerde.

El tiempo iba corriendo y al año siguiente yo estuve unos dos meses ausente en el Curso de Buceador Elemental de Cartagena, donde, por cierto, conocería a la que sería mi esposa… durante 40 años… y madre de mis dos hijos. A la vuelta, todo seguía en marcha con una casi total integración con las actividades del curso, ya casi en las fases finales de guerrillas-contraguerrillas y combate en agua, donde probamos incluso el pantano de la Sotonera en Huesca o el de Yesa, casi en Navarra, aunque al final, terminamos acompañando a los alumnos a La Escala (Gerona) que nos facilitó mucho las cosas, a ellos y a nosotros…

También terminé luego el Curso de Buceador de Asalto en Zaragoza y El Grado y ya enfilé mi recta final en la COE siguiendo el perfeccionamiento de nuestras actividades y la consolidación de los mandos como un equipo firme con el apoyo de los cabos 1º, los sargentos y, como no, del brigada, Fernando Valero… al que no se le escapaba una y era pieza firme para el capitán en administración, disciplina, logística, etc. Gracias, Fernando. Terminó otro curso y ascendí a capitán sin vacante en la Escuela. Me ofrecí para hacer el Curso de Montaña como era habitual entre los profesores pero alguien me lo negó… por lo que, como dije, ante la necesidad de profesores para un curso experimental para Mandos de la Legión en Montejaque (Ronda), me desplacé a Ronda con el comandante Vázquez y el luego el capitán Simón, donde me uní a nombres tan prestigiosos en operaciones especiales como Escribano, Palomino, Coloma, Bataller… aprendiendo de la Legión y de Operaciones Especiales por aquella serranía.

Terminé la aventura y me casé en Murcia sin saber todavía dónde iba a vivir. Al final me destinaron a un buen e histórico Regimiento de Infantería como era el “Barbastro” nº 43 con el mando de una compañía donde disfruté mucho como decía Cela “a pie, mojado, sin dinero en bolsillo” porque no hay oficio más bonito que el de capitán de infantería… Participé en la evaluación de las COE nº 51 (Zaragoza) y nº 52 (Barbastro) de la entonces BRIDOT V, hasta que en verano de 1984 me dieron la COE del Regimiento de Infantería “Canarias” nº 50, para otros la nº 103, y luego nº 82 ya en 1988-89, que también marcaría mi etapa profesional de operaciones especiales en mandos subordinados hasta 1989, fecha en la volví a Jaca de profesor del curso, como dije con mi antiguo capitán Fernando Carbonell y tras el curso de comandante en sus dos fases Arma e Inter-armas hasta casi mi ascenso a comandante en el II Tercio de Ceuta y luego, como alumno del curso de Estado Mayor en Madrid. 

En esta última fase y como profesor, fui testigo también de los progresos de la COE con el entonces capitán Paco Rubio, compañero de cursos, Joaquín Moreno o Rafa Morenza y ya en las fases finales de ejercicios con cursos como el XLIII… creo recordar, e incluso hasta como Jefe de Curso Accidental con mi compañero de promoción, Cándido Alonso, y anteriores (Andrío, Balaguer, Varela, luego JEME., etc.) y otros más jóvenes (Aradas, Gómez, Olay, Santamaría, Urbón, ,…) hasta la llegada del también compañero el comandante Carlos Alemán, legendario en nuestro “mundillo” y otros nombres de la Escuela como Arribas o De Portugal…

Y aquí se terminaría mi vivencia más directa con la COE de la EMMOE. Aunque no por ello dejé de seguirle la pista por conversaciones desde mis destinos posteriores, siempre invitado a sus aniversarios o por visitas a Jaca… hasta llegar a 2º Jefe del Mando de Operaciones Especiales o Jefe de la Sección J3B (OE) del Mando de Operaciones.

En resumen, en la época de mi paso por la COE de la EMMOE puedo asegurar que se cumplieron las expectativas de manera excelente, siempre con una gran ilusión e iniciativa, siendo a la vez una verdadera “escuela” para mandos como casi ninguna otra, después de realizar el Curso de OE. Por lo que tengo entendido, los años siguientes los avances continuaron sujetos al estilo propio de los mandos y, sobre todo, de los respectivos capitanes que, eso sí, me consta que siempre respetaron al menos, las tradiciones, estilo e incluso, bromas (“el reloj de pared, las botellas pacharán, etc.) de aquella inolvidable, primera época.

Y con esto, sin querer tampoco alargarme mucho más, espero haber contribuido a no olvidar aquella unidad y completar un poco más ese historial no escrito oficialmente de la COE. de la “Escuela”, como la denominábamos… Espero seguir un poco más adelante con otras líneas sobre mis experiencias en la COE. de Las Palmas, como indiqué de 1984 a 1989. Gracias por vuestra paciencia y comprensión… “Audacia, audacia y más audacia”…Con cariño a todos los que ya no están con nosotros y participaron en este ilusionante proyecto ¡hasta siempre!

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