Accidente en las islas Chafarinas. Fallecimiento de dos soldados (24 marzo 1986)

Coronel retirado Miguel Cervilla Lupión

Capitán fundador del GOE II (Granada). Antiguo Teniente y Capitán jefe de la COE 21 (Tarifa). Capitán del GOE II. Comandante jefe del GOE IV (Barcelona)

Lugar de donde ocurrieron los hechos:

Islas Chafarinas. Distancia a la costa africana: 3,52 km. Número de islas: 3. Superficie: 0,525 kilómetros cuadrados.

Extraído del Historial GOE Santa Fe 1985-1996 reducido pág. 13 a 15 y de DO Servicio Histórico GOE II (1985-1993) pág. 8 a 11.

Voy a ir recogiendo y relatando los hechos escritos en el Historial y DO del GOE II y los que se desarrollaron cuando nos incorporamos a las actividades de rescate los equipos de buceo llegados de Granada y Melilla. No los voy a enjuiciar, ni tampoco dar mi opinión de los hechos en si, ya que se sometieron a la justicia y que cada uno de los responsables cargue sobre su consciencia los hechos.

Los entrecomillados son las letras que se encuentran redactados en los mencionados documentos.

“El día 16 de marzo 86, el soldado José Julián Fernández Martín, el cual se encontraba prestando el servicio de guarnición en las islas Chafarinas, se dispara un tiro en el pecho, por lo que es evacuado urgentemente al hospital Militar de Melilla”.

Expuesto todo lo anterior, comento:

Las actividades programadas nocturnas (con las alarmas correspondientes) en este caso, llegó a causar en este hombre un detrimento moral, llegando a colocarse el subfusil por encima del corazón y al grito de “A mí no me vais a joder más” se pegó un tiro, en presencia de todos y en el momento en que se recogía el armamento. El soldado Fernández fue evacuado en helicóptero al hospital Militar de Melilla y sobrevivió al disparo.

“El día 24 de marzo, parten dos embarcaciones desde la isla de Isabel II, con objeto de reconocer la isla del Rey, produciéndose un cambio brusco de la mar, a consecuencia del cual la más pequeña de las embarcaciones se inunda de agua, viéndose obligados sus ocupantes a abandonarla e intentar alcanzar la orilla a nado; comprobándose seguidamente que faltaban dos de los ocupantes. El capitán D. Ángel Álvarez Jiménez, el cual ostentaba el cargo de comandante militar de Chafarinas, con fecha 25 de marzo, da el siguiente parte al comandante jefe de este GOE:

«A Vd., da parte el capitán que suscribe, de que el día 24 y a las 16:00 horas, al presentarse el día claro y la mar completamente plana, salieron dos embarcaciones a remo de la isla Isabel II para realizar prácticas y reconocer la isla del Rey, mandadas la primera por un teniente y la segunda por un sargento, con el personal en traje de gimnasia, camiseta, pantalón de deporte y zapatillas. Al salir del canal entre las islas se levantó viento de poniente, por lo que la embarcación que iba en segundo lugar decidió volver al puerto de la isla Isabel II, siendo aproximadamente las 16:45 horas.

Cuando ya regresaba, un golpe de mar inundó la embarcación quedando el personal en el agua, dándose cuenta la embarcación que iba delante, volvió a por ellos.

Cuando esta embarcación llegó a la altura de la anterior recogió a dos hombres que quedaban agarrados a la barca ya que el resto había ido a nado a la isla del Rey.

De los que se vieron ir nadando a la isla, el soldado Antonio Zurutuza Villar, no llegó y de los que quedaron en la embarcación, el soldado Rafael Raposo Brea, desapareció.

Al oírse gritos, desde la isla Isabel II, salieron dos embarcaciones a motor a las que a los 15 minutos, se le unieron dos más, reconociendo la zona y buscando a los dos hombres que faltaban sin encontrar nada más que la embarcación (cubierta de agua a ras de superficie), los remos y maderas sueltas de la misma, realizando búsqueda hasta las 19:45 horas ya que la luz empezaba a declinar.

A continuación, con estas cuatro embarcaciones fue trasladado el personal de la isla del Rey a la de Isabel II».

Con fecha 24 de marzo, a las 22:40 horas, el comandante jefe del GOE II, remite al Excmo. Sr. capitán general de la Región Militar Sur, el siguiente télex: «Enterado por capitán jefe destacamento islas Chafarinas accidente marítimo en proximidades isla, con desaparición dos soldados pertenecientes al GOE de mi mando con esta fecha ordeno a capitán jefe destacamento reanude (si el tiempo lo permite) mañana día 25 con 4 equipos de buceo de superficie de que dispone ese destacamento y apoyado en una embarcación, la búsqueda que hoy ha tenido que interrumpirse por cambio brusco del estado de la mar y la falta de visibilidad.

Solicito que V.E. que ordene, si lo estima conveniente, que mañana a las 10:00 se encuentren en base aérea de Armilla dos helicópteros medios UH-1H o mejor Chinook para traslado a Chafarinas de un equipo de búsqueda y recogida subacuática compuesto por:

-Comandante D. Ricardo Castillo Algar, buceador elemental de la Armada y buceador de asalto del Ejército.

-Capitán D. Miguel Cervilla Lupión, buceador elemental de la Armada y buceador de asalto del Ejército.

-Sargento 1ª D. Juan Antonio Baena Muñoz, buceador elemental de la Armada y buceador de asalto del Ejército.

-Sargento D. Juan Morales Ferrer, buceador elemental de la Armada y buceador de asalto del Ejército. (No aparece Historial GOE Santa Fe 1985-1996 reducido, pero participó):

-Sargento D. Francisco Vargas Vidoy, buceador elemental de la Armada y buceador de asalto del Ejército.

-Siete equipos de buceo autónomo (vaciadas de aire) y un compresor de aire de la Unidad.

Organizada la búsqueda desde la costa, también formaran parte de este equipo los oficiales y suboficiales del destacamento titulados en buceo:

-Capitán D. Ángel Álvarez Jiménez (jefe destacamento de Chafarinas).

-Brigada D. José Pérez Ríos.

-Sargento 1º D. Antonio Pineda Morales.

Manifiesta capitán jefe de destacamento que en el lugar del accidente la profundidad oscila entre 10 y 30 metros.

Considera este mando no hay peligro para utilizar grupo autónomo de buceo por mando especialista.

Expuesto todo lo anterior, relataré lo vivido en el GOE, en su acuartelamiento:

Sobre las 18:00 horas del día 24 de marzo de 1986, me llama a mi domicilio el comandante Castillo. Me encontraba con mi familia en el momento de cargar las maletas para iniciar el permiso por vacaciones de semana santa. Me informó de lo sucedido y de sus intenciones. De inmediato me incorporé a la Unidad y activé a los buceadores de mi COE y personal de apoyo, así como a los elementos encargados en la COE PLM para la preparación de los equipos necesarios y conductores con sus vehículos. Le informé al comandante de que sería necesario un Chinook, por su capacidad y versatilidad. Y él se puso a su obtención y yo a la preparación de los materiales necesarios:

-Seríamos como 10 buceadores, contando a los guardias civiles.

-Material de inmersión para los 10. Con todo lo necesario. Desde trajes de neopreno hasta las botellas de buceo autónomo, con todos sus medios.

-Un compresor para carga de las botellas.

-Una zódiac plegada, con su correspondiente motor. Petacas de combustible cargadas (sin que se enteraran los pilotos); allí no íbamos a encontrar el combustible.

-Material y medios para materializar las búsquedas (boyas, cuerdas y pesos para anclajes).

Estuvimos hasta altas horas preparando el material y ya supimos de que disponíamos de un Chinook el día 25 a las 10:00 en la base de Armilla. Me informé también de la zona en donde había ocurrido. Tenía la sospecha de que, para volcar la embarcación en esa zona, debería haber existido un mar bastante movido. La zona la conocía de haber buceado el mes anterior, y nos supondría hacerlo en lo más parecido a una ladera de una loma que baja a profundidad conforme nos adentramos en el estrecho entre las dos islas. Le comunique al comandante que también nos sería necesaria el helicóptero medio que había en Melilla, para efectuar reconocimientos de zona y evacuaciones de buceadores con problemas de accidentes de buceo. Se desvivió para obtenerlo y, el 25, al pasar por Melilla para repostar se incorporó con su tripulación.

-El mismo día, sobre las 08:00, nos dirigimos al helipuerto de Armilla, con todos los medios y personal, tanto mandos como tropa, que iríamos a realizar la búsqueda: los mandos que anteriormente se han nombrado y cuatro de tropa (los nombres no los puedo aportar, no los recuerdo, ni tengo documentación): sabían manejar el material.

Antes de salir de Granada, tomé contacto con las dos cámaras hiperbáricas, que se disponían más cercanas y con sus operadores, por si había que tratar algún buceador con problemas. Un cartucho que había en Almuñécar (Granada) y con la cámara que había en el Centro de Buceo de la Armada (CBA) en Cartagena. No hubo problemas de tenerlas activadas. 

Se embarcó el material y personal y, tal y como estaba previsto, a las 10:00, se salió con dirección a Melilla. Allí se repostó combustible y aguardaba el helicóptero medio con su tripulación y el personal que la Guardia Civil designó para colaborar, todos ellos buceadores, el teniente de la Guardia Civil D. Juan Ortuño Ruiz y los guardias 2º D. Rafael Olozaga León y D. Horencio López Campos y atestiguar cómo se efectuó la extracción de los soldados desaparecidos.

“El día 25, se reanuda la búsqueda de los soldados desaparecidos, con el personal llegado desde la Península en helicópteros, compuesto por el personal anteriormente citado y al mando del comandante jefe del GOE II se unieron al grupo de rescate, el teniente de la Guardia Civil D. Juan Ortuño Ruiz y los guardias 2º D. Rafael Olozaga León y D. Horencio López Campos. Aproximadamente a las 15:00 horas, el helicóptero pesado Chinook, realizaba una vuelta de reconocimiento y el teniente Ortuño, creyó ver entre las dos islas posibles restos. A pesar de que la mar, cuando menos se la podía considerar gruesa por el oleaje, el equipo, se lanzó al agua intentando la búsqueda pero el resultado fué negativo y al atardecer se cesó, dando novedades al capitán general”.

Expuesto este párrafo, relato lo acontecido:

Se llega ya comidos (bocadillos solicitados al helipuerto), a Chafarinas. La recepción en su helipuerto fue muy fría. Se necesitaba mucho personal para bajar el material del Chinook y llevarlo a zona de trabajo, junto al puerto, un trayecto en bajada. Allí no había nadie de tropa. Nos esperaba a pie de helipuerto el brigada Ríos que, de inmediato, se puso en acción y fuimos capaces de bajar el material a zona y de empezar con su preparación poniendo en funcionamiento el compresor de carga de botellas, desplegando el material e inflando las zódiac. Mis sargentos y los cuatro de tropa estaban haciendo una gran labor.

Nos reunimos el equipo de buceadores, incorporándose a él el capitán D. Ángel Álvarez Jiménez (jefe destacamento Chafarinas), el brigada D. José Pérez Ríos, el sargento 1º D. Antonio Pineda Morales y el sargento de la Compañía de Mar, para el uso de sus embarcaciones.

Como era el que más experiencia tenía en buceo y búsquedas de la Unidad, el comandante me asignó el ser el jefe de los buceadores. Me informé del lugar del suceso, mediante los mandos que lo sufrieron teniente Cayuela y sargento Malagón.

Se propuso salir en reconocimiento en el mar sobre la zona y siguiendo las mareas que había (se movía la marea en dirección a Argelia, río Muluya, que se encontraba cercano). Se haría con el helicóptero medio y personal mandos y teniente Ortuño. Se creyó detectar restos de la embarcación y se informó a tierra saliendo varias embarcaciones a motor en esa dirección con buceadores y material de superficie.

No hubo resultado alguno, continuando en zona hasta el atardecer cuando se decidió cesar en la búsqueda.

Se preparó esa tarde noche todos los medios, que serían necesarios y se dispuso la actuación de los buceadores del día siguiente si el mar lo permitía. Se llevaría a cabo un control de la actuación de los buceadores, mediante la correspondiente hoja de buceo; los buceadores en espera la harían a resguardo en una zona prefijada cercana a la zona de actuación y lo harían en la embarcación mayor de la Compañía de Mar, la que ellos llamaban el mixto; en la zona de actuación solo estaría una zódiac nuestra manejada por el brigada Ríos, ya que yo sabía que jamás nos dejaría tirados, por ser un experto navegante, mi pareja de buceo (uno de los guardias civiles) y yo, para llevar el control de los buceadores. Decidí que el tipo de la búsqueda sería circular, por permitir la misma la revisión de los fondos en los que nos íbamos a mover (una loma, con caída a profundidad). Esta búsqueda consiste en lanzar una boya con un lastre a fondo, situar en el fondo a los buceadores y amarrar una cuerda de un tamaño de unos 10 m al lastre y empezar a circular alargando la cuerda a cada vuelta y así hasta finalizar en su extensión. Se situaba la boya y lastre, en un esquema, para ir cuadriculando la búsqueda. Se empezaría al día siguiente con la inmersión de dos buceadores (sargento 1º Baena y sargento Morales) con la misión de comprobar fondo, claridad, corrientes y frío de las aguas. Las condiciones del mar ese día 25 no habían sido muy buenas.

“Al día siguiente, por la mañana, a pesar de que la mar seguía en muy malas condiciones, se reanudó la búsqueda, usando una zódiac y un bote mixto a motor. En la zona donde había ocurrido el accidente, se lanzó una boya. El capitán jefe del destacamento solicitó ser uno de los hombres que formaran la primera pareja, por ser el capitán jefe de los soldados desaparecidos. Lanzada la primera pareja al agua y realizando una búsqueda circular, formada por el capitán Álvarez y el teniente Ortuño, encontró, a unos 23 metros de profundidad, el cuerpo del soldado Zurutuza, siendo izado al bote, seguidamente llevado a la orilla y, desde allí, al hospital Militar de Melilla, para autopsia y preparación para su traslado. En el momento de su entrada en el helicóptero para su traslado, se le rindieron honores de ordenanza y el grito “Viva España” dado por su jefe de sección, la sección contestó y llevó a cabo una descarga de fusilería”.

Expuesto este párrafo, relato lo acontecido:

El día 26 se inició con el desplazamiento a zona de la embarcación mixto, con los buceadores y apoyos de relevo y con la zódiac de aproximación de buceadores, (íbamos el capitán Cervilla, el guardia segundo Florencio López, el sargento 1º Baena, el sargento Morales y el brigada Ríos al motor y timón). Se lanzó la boya con su lastre de anclaje y se comenzó con la inmersión de los dos buceadores (el sargento 1º Baena y sargento Morales) con la misión de comprobar fondo, claridad, corrientes y frío de las aguas. Las condiciones del mar este día no eran muy buenas, pero se podía efectuar la búsqueda sino iba a más el mal estado del mar. La inmersión de estos dos buceadores no había ido mal, pasada la superficie, que estaba movida, se bajó hasta los 40 m, con un fondo en caída por loma, con claridad y visibilidad aceptable, casi sin corrientes y con la temperatura del agua soportable. Los dos buceadores tuvieron que hacer una parada de descompresión en el agua.

Pero tenia mis dudas de que los cuerpos pudieran estar ahí y por ello pedí de nueva la presencia de los mandos que habían sufrido el accidente, modificando el punto un poco más al norte. Los buceadores no deberían de bajar a más de 30 m, y así no teníamos que hacer descompresión. El problema del buceo estriba en los cálculos de la máxima profundidad a la que se ha estado con el consiguiente tiempo de inmersión que se acumula a esa máxima profundidad, aunque sea de minutos. El otro problema que se debía tener presente son los tiempos de espera para realizar un segunda inmersión, que se tenían que respetar por la acumulación de nitrógeno en el cuerpo.

Se informó de todo ello a los del mixto, para que lo tuvieran presente y se dejaron allí al sargento 1º Baena y sargento Morales. El siguiente binomio de buceadores fueron el capitán Álvarez y el teniente Ortuño. Se lanzó otra boya más al norte y por ella bajaron y realizando la búsqueda circular según lo previsto, a 23 m se encontró el cuerpo del soldado Zurutuza.

“Una vez dejado el cuerpo de dicho soldado en el muelle, el equipo de rescate reanudó la búsqueda, para lo cual tuvo que ir colocando boyas cada vez a mayor profundidad, llegando alguna pareja a tener que bajar a 40 metros de profundidad, realizando descompresión. Al mediodía, se pararon los trabajos, siendo reanudados nuevamente por la tarde, cambiándose la zona de búsqueda y la primera pareja que bajó, formada por el capitán Cervilla (jefe de la COE 22) y el guardia segundo Florencio López, encontraron el cuerpo del soldado Raposo. Inmediatamente se comunicó el hallazgo al capitán general”.

Expuesto este párrafo, relato lo acontecido:

Recuperado el cuerpo del soldado Zurutuza, se continuó con las inmersiones, sin resultado alguno, hasta el mediodía. Se realizó un descanso para hacer la comida y se reanudó sobre las 15:00 horas. Los buceadores estaban al límite, por tiempo de descanso, en acumulación de nitrógeno. Decidí subir más al norte la siguiente boya y los siguientes buceadores que fueran los que todavía no lo habían hecho, el capitán Cervilla y el guardia civil Florencio López. El mar estaba alterado, la embarcación zódiac se mantenía en la zona con cierta dificultad. Comenzamos la inmersión y cuando la cuerda ya finalizaba de hacer su recorrido circular, se localizó el cuerpo del soldado Raposo a unos 25 m de profundidad. Se subió a la superficie mediante el inflado de los chaleco de los buceadores y su posterior desinflado cuando emergíamos.

“Comunicado a los familiares de las víctimas el hallazgo, el Excmo. Sr. teniente general JEME, ordenó que al día siguiente (pues había que hacerles la autopsia en el hospital Militar de Melilla) fuesen trasladados a los lugares de residencia de sus familiares, en este caso en Chinook; de acuerdo con las familias se les rindieron los honores de ordenanza”.

“El helicóptero partió hacia Armilla (Granada), a las 12:25 h, aproximadamente, con el equipo de rescate y varios soldados de los que habían presenciado o tomado parte indirecta en el accidente, con finalidad de poder responder a las preguntas de los familiares y parientes.

El helicóptero llegó a Armilla a las 13:25 h; allí esperaban el gobernador militar accidental y otras autoridades militares. Desde dicho lugar partió nuevamente el helicóptero llevando las escoltas para cada soldado, formada cada una de ellas por un capitán, un oficial subalterno, un sargento y cinco de tropa. El helicóptero llegó a Madrid, donde esperaba otro Chinook. El primero siguió la marcha hacia el aeropuerto de Vitoria y el segundo en dirección a la Coruña”.

Expuesto este párrafo, relato lo acontecido:

Recuperado el cuerpo del soldado Raposo, los equipos de recate junto con las bolsas de buceo, (el resto de material se recuperaría con el regreso de la guarnición a Granada), y con el personal de tropa designado de la isla (serían parte de las comisiones, que nos acompañarían), se embarcó en el Chinook, dirección a Melilla. El helicóptero medio se incorporó de nuevo a Melilla. Estamos en el 26 antes de atardecer.

Se les realizaron las autopsias a los fallecidos en el hospital Militar de Melilla, durante esa tarde, noche y mañana del día siguiente, no sin problemas ya que no había médicos forenses militares porque eran días de semana santa. Tuve que moverme por la ciudad hasta encontrar a forenses civiles que se pusieran a disposición del hospital Militar. No hubo problemas al respecto.

Era ya el 27 de marzo de 1986 y el Chinook partió hacia Armilla (Granada), a las 12:25 h, aproximadamente, con el equipo de rescate y varios soldados de los que habían presenciado o tomado parte indirecta en el accidente, con la finalidad de poder responder a las preguntas de los familiares y parientes.

El helicóptero llegó a Armilla a las 13:25 h. Allí esperaban el gobernador militar accidental y otras autoridades militares, desde dicho lugar partió nuevamente el chinook llevando las escoltas para cada soldado fallecido, formada cada una de ellas:

-Comisión de servicio de Vitoria, soldado Zurutuza:

  • Capitán D. Rogelio García de Dios Ferreiro
  • Teniente D. Rafael Herrero Hernández
  • Sargento 1º D. Juan Antonio Baena Muñoz
  • Y cinco de tropa que habían presenciado o tomado parte indirecta en el accidente, con la finalidad de poder responder a las preguntas de los familiares y parientes.

-Comisión de La Coruña, soldado Raposo:

  • Capitán D. Miguel Cervilla Lupión
  • Teniente D. Manuel Reyes García
  • Sargento D. Francisco Vargas Vidoy
  • Y cinco de tropa que habían presenciado o tomado parte indirecta en el accidente, con la finalidad de poder responder a las preguntas de los familiares y parientes.

El helicóptero llegó a Colmenar Viejo (Madrid) donde esperaba otro Chinook. El primero siguió la marcha hacia el aeropuerto de Vitoria y el segundo en dirección a La Coruña. Entrábamos muy justos de visibilidad en los aeropuertos.

Al llegar al aeropuerto de Vitoria (27 marzo 86), la comisión entrego el féretro cubierto con la bandera de España a los familiares del fallecido y, a continuación, se retiró de dicho féretro la bandera y no desearon que se les acompañara. Dicha comisión regresó el 28 de marzo de 1986 a Granada.

Al llegar al aeropuerto de La Coruña (27 marzo 86), nos esperaban una comisión del Gobierno Militar y los familiares. Por cierto, llovía a mares y el Chinook tuvo problemas para entrar en el aeropuerto. Se bajó el féretro con la bandera de España. Se introdujo en el furgón y lo llevaron al tanatorio donde haríamos turnos de vela junto a la familia. La disposición del Gobierno Militar fue total. Nos proporcionaron medios de transporte, alojamiento y manutención durante todos los días que estuvimos, ya que, al ser semana santa, no había enterramientos hasta el 30.

La familia nos acosó a preguntas, tanto a mí como a la tropa. Y, como era de esperar, el suceso se publicó en los periódicos. Salimos del atolladero con las respuestas que supimos dar y era tal el revuelo que se dispuso la presencia de la Policía Nacional.

Al entierro acudió mucho personal civil y muchos licenciados de las COE del norte, que nos dieron calor y acompañamiento al dolor que suponía el hecho. No fuimos increpados en ningún momento del entierro y sí se dieron muchos vivas a España. La bandera de España siempre cubrió el féretro. Aún así se dispuso de la presencia de Policía Nacional.

 Dicha comisión regresó el 31 de marzo de 1986 a Granada.

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